El fantasma del 86 acosa a Mercedes

Alcanza con penetrar en el túnel del tiempo y retrotraerse casi tres décadas. Se verá un Mundial de Fórmula 1 encarnizado, con un auto netamente superior al resto: el Williams FW11. Nos situamos en 1986. Nigel Mansell y Nelson Piquet dirimen entre sí casi todos los Grandes Premios. La oposición es tibia, inexistente de a ratos. Sin embargo, la batalla interna entre dos hombres que se consideran a sí mismos como el N° 1 de la escuadra de sir Frank, equivocan el camino. Luchan entre ellos. Se autoexigen más de la cuenta, se desgastan. Hay roces y amenazas verbales. Aquella oposición tibia, crece. Se acerca más a fuerza de errores en la factoría de Grove que de virtudes propias. En la última fecha del año -Australia-, Piquet equivoca la estrategia y Mansell porfía hasta que le revienta un neumático. Alain Prost (McLaren) capitaliza todos los despropósitos de los más poderosos. Éstos, a su vez, intuyen que el francés, ahora convertido en un rival temerario, está demasiado cerca cuando quieren ensayar una recuperación... y pierden un título increíble. El propio Prost y Ayrton Senna dominarían un par de años después sobre los McLaren en medio de la mayor lucha fraticida que se recuerde, pero se las ingeniaron para no dejar resquicios para que se colara el resto.Volvemos a la actualidad. Mercedes mandan con autoridad en 2014. En condiciones normales, nadie puede ganarle a Nico Rosberg ni a Lewis Hamilton. Pero esas condiciones normales ya no habitan en las carreras. Desde que Nico se pasó de largo en Mirabeau y provocó la detención de la clasificación para el GP de Mónaco (tenía el mejor registro e impidió la vuelta rápida del inglés), algo se rompió en el seno del equipo. Ni la telemetría convenció a Lewis de que su viejo rival de la GP2 no había actuado adrede. Los dos empezaron a mirarse de...

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