Familiares, amigos y vecinos despidieron a Santiago Maldonado en 25 de Mayo

 
EXTRACTO GRATUITO

25 DE MAYO.- Decenas de amigos, familiares y vecinos de se congregaron ayer en la ceremonia abierta que se realizó en la localidad de 25 de Mayo para velar los restos del joven tatuador, en una atmósfera que combinó muestras de profundo afecto con un encarnado reclamo de Justicia. También se hicieron presentes ciudadanos que, sin conocerlo, quisieron darle el último adiós al artesano que, según determinaron los peritos forenses, murió ahogado cuando escapaba de un operativo de la Gendarmería en el Pu Lof mapuche de Resistencia en Cushamen.

Pasadas las 14, durante una hora y media, los padres de Santiago despidieron a su hijo en soledad, en la cochería Serrano, en la intersección de las calles 6 y 29. Avanzada la tarde comenzaron a entrar a la sala velatoria uno de los hermanos de Santiago, Sergio, y un grupo de amigos. Luego las puertas se abrieron para quien quisiera despedirse. Se concentraron allí sus maestras de primaria, amigos del colegio y también del barrio, además de grupos que llegaron desde Buenos Aires y Mendoza.

"Él no molestaba a nadie, nunca discutía. Estaba muy conectado con la naturaleza y jamás alardeaba de las causas que apoyaba. No lo hacía como una postura, era antisistema y así lo vivía", lo describió uno de los amigos de su infancia, que ayer se acercó a despedirlo aunque no se animó a ingresar a la cochería.

En la sala velatoria se preservó la intimidad familiar. La abuela de Santiago Maldonado y su madre, Stella Maris Peloso, estuvieron durante largas horas, estoicas, al lado del cajón donde descansaban los restos del joven. Sus allegados desfilaban por la sala y las fundían en abrazos y mensajes de apoyo. La familia eligió despedir al tatuador con una corona de flores y un retrato que lo muestra sonriente y con su barba crecida.

"Me acuerdo de que me lo crucé acá, a dos cuadras, en el invierno, después no lo vi más", se lamentaba una de sus amigas en la puerta de la sala velatoria. Sólo a 150 metros de la cochería está uno de los murales que pintó el artesano, que estudió durante un tiempo Bellas Artes en La Plata, antes de empezar a viajar. Mezcla de colores, animales y personajes tocando música, en su vértice está firmado como "Black Wizard".

"A Santiago le gustaba que le dijeran Brujo. Pero para mí siempre fue el Lechuga, o Lechu", contó un amigo que solía compartir con él recitales de música punk. Ganó el apodo por sus peinados, con cresta o rastas, que paseaba en patineta mientras rompía el protocolo de...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA