El experimento argentino

Autor:Jorge J. Zaffore
 
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Zaffore, El experimento argentino
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El experimento argentino*
Medioevo, modernidad y sincretismo
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cual es su misión y no la olvidaré,
Que nadie la olvide.
Walt Witman
Por Jorge J. Zaffore
Introducción
Lo que diré seguidamente no reconoce un diseño expositivo, ni estudios metó-
dicos previos. Menos aún una bibliografía. Es producto de mis vivencias, emociones
y pensamientos, producidos por libros leídos y experiencias transitadas, el entrecru-
zamiento de ambas fuentes y la memoria recombinada que de ellos guardo, con re-
lación a la historia de mi país, Argentina. Tan diverso y nuevo.
Dicho de otra forma, me propongo contar su historia relatando cómo la fui des-
cubriendo mientras desenvolvía mi vida, es decir como un descubrimiento personal
que pueda ser transferido a otros, para lo que procuraré quitarle toda la subjetividad
posible. Algunos descubrimientos son muy viejos, otros muy actuales, incluso algu-
nos serán seguramente producto de las asociaciones que la misma redacción de
esta memoria me provoque.
Por otro lado, ya llevo viviendo el tiempo suficiente para inferir conclusiones
pues he visto el final de muchos procesos y sin embargo no me siento cansado ni
frustrado, no soy deudor ni acreedor de nadie, excepto de este maravilloso país que
tengo, por lo que parece que estoy en el momento justo de mi vida para emprender
esta aventura. Y así la llamo porque no se qué saldrá, ni si el resultado valdrá la pe-
na.
Para ello es inevitable contar momentos de mi historia personal y recurrir a la
memoria y a las emociones asociadas a esa cadena de descubrimientos. Vale decir
que no pretendo hacer ciencia rigurosa, pues pese a mis esfuerzos seguramente
mantiene algún grado de subjetividad, aunque creo que cotejable y honrada, es decir
veraz, dado que creo fundadamente que la relación es verdadera, aunque segura-
mente contiene también muchos errores, pues la veracidad contiene el error hones-
to. Pienso que la veracidad contiene la dimensión ética de la verdad.
Por otro lado procuraré ser riguroso en comparar, vincular, entrecruzar y con-
trastar mis propios recuerdos, entre sí y con los de otros. Es que soy un tipo admira-
dor de Sócrates y por ende me gusta no sólo pensar, observar y relacionar, sino
principalmente cotejar con otros, de manera abierta y sincera. Soy de los que disfru-
ta de un buen debate racional, aunque deba cambiar o desechar mi idea original,
pues el debate crítico me parece más importante que la hipótesis o idea debatida.
* Bibliografía recomendada.
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Aunque también es cierto que soy un provocador, por lo que me doy cuenta
que uno de los propósitos que me animan es provocar interrogantes y reacciones.
Es que las personas vivimos nuestra cultura y la historia que la sustenta sin pregun-
tarnos demasiado, dando por sentado cosas sobre las que no hemos reflexionado.
Desde adolescente huí de las etiquetas a los hombres
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que crean los dogmas,
esos que producen ideologías políticas y religiones, que son la forma más absoluta
de las ideologías, de modo que cuando descubrí a Sócrates y su significación inte-
lectual me sentí menos solo.
Como es sabido sólo una parte de nuestra memoria se puede evocar volunta-
riamente, pues la memoria y la creatividad, que pareciera ser memoria recombinante
procesada infinitas veces, junto con otras diversas funciones de la mente-cerebro
como el habla y las emociones, suelen aparecer cuando quieren y del modo que
quieren. Y no hay nada que se pueda hacer. En realidad el sistema emocional implí-
cito, es decir oculto a la autoconsciencia, parece ser el disparador de conexiones y
relaciones, es decir de la creatividad. Aunque, claro está, que para eso hay que te-
ner un banco de memorias de datos, hechos, circunstancias y representaciones, es
decir de imágenes que vincular, es decir imaginar, alimentar el proceso de la imagi-
nación, o sea la ya mentada creatividad. La emoción parece ser el vínculo.
Aunque las conexiones no son solamente datos, sino culturas, pues son éstas
los que nos permiten vivenciar intelectualmente el devenir histórico. En este relato,
estimo que uno de los temas centrales será el del tránsito entre dos eras, la feudal,
medieval o premoderna y la moderna, que implican mucho más, muchísimo más que
el modo de producción predominante, el llamado capitalismo, pues se recuperó la
idea de que cada persona puede ser dueño de su destino y expresar y practicar sus
ideas y representaciones sin tutelas mítico-religiosas.
Y es así, por ejemplo, que puedo afirmar que para comprender a la Edad Media
me ayudaron tanto Henri Pirenne y Marx, como la música, la arquitectura y la picto-
grafía medievales, sin olvidar mi obligado aprendizaje de la cultura católica romana y
mi contacto intelectual y profesional con la Reforma. Un castillo no es otra cosa que
el centro defensivo de un territorio el feudo, la pictografía, no sólo una muestra de
la vida cotidiana sino también una muestra de los instrumentos de control simbólico
y por ende una representación clarísima del sistema de creencias que albergaban
las mentes de controlantes y controlados. Vale decir que la conexión cultural permite
no sólo la conexión de datos computables, sino también de emociones en diferentes
dimensiones espacio temporales. Uno puede comprender el concepto alma primitiva
leyendo a Levy Bruhl, pero intuye el alma primitiva en las cuevas del Río Pinturas o
en los petroglifos de Talampaya. Después, recién después, todo ello quizá se pueda
transmitir racionalmente.
En ese juego de conexiones, Internet probablemente me ayude a proyectar
sustancialmente todos mis recuerdos y conexiones de recuerdos, emociones y co-
nexiones de emociones. Por tal razón no hay método para producir creatividad pues
si lo hubiera, ésta no existiría. La creatividad no es computable, no admite ser des-
cripta mediante un algoritmo. Es una novedad, la creación de lo que no era. Un ex
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Etiquetas a los hombres, un libro de Bernardo Verbitsky, que leí en las peores condiciones de
mi vida, a mediados de los „70 pues no tenía trabajo, pero sí dos hijos, y que me gustaría volver a leer
pues no me acuerdo casi nada de él.
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novo. Una novedad, por pequeña que sea, cambia el estado del cosmos y lo hace
más complejo. Aún que desaparezca, permanece por la modificación o cambio de
estado que produjo en su entorno. Vale decir que crea otra nueva dimensión del es-
pacio-tiempo pues lo creado comienza a existir.
Para producir innovación, es decir creación, sea científica o artística, lo único
que uno puede hacer es automotivarse, sólo en parte, porque el motivo el motor
es emocional y eso frecuentemente obedece a factores opacos y por ende no suele
ser controlable. Intencionalmente sólo se puede leer, buscar conexiones y, de ser
posible, ponerse un poco obsesivo, para ver si algo sale. Sólo un poco, pues la
obsesión es como el alcohol, en pequeñas cantidades nos alienta, mientras que en
grandes dosis nos cierra y nos impide asociar.
Hablando de conexiones esta historia emplea un método que llamaré conecti-
vo porque procuraré conectar y reconectar sucesos y procesos ocurridos en el es-
pacio-tiempo de manera multidimensional, pues ni las memorias ni las emociones
humanas productoras de sucesos y procesos son lineales. Pero claro que esa co-
nectividad en realidad tiene poco de metódica pues el relacionamiento es pura crea-
tividad. La relación siempre se nos aparece de algún oculto rincón de nuestra mente-
cerebro.
Definiré a la creación como la conexión de memorias y registros no realizada
previamente y a la creatividad como la capacidad y la disposición de realizar co-
nexiones. Cada conexión de memorias y registros implica la innovación, la creación
de lo que no estaba. El mejor ejemplo es el sexo, una gran innovación evolutiva,
pues el hijo es algo distinto y por ende nuevo con relación a los padres. Hay perso-
nas que hemos sido formados en el esfuerzo de realizar conexiones y generar nove-
dades y otras en la tendencia a preservar las viejas conexiones. Unos somos evolu-
cionistas, los otros conservadores. Es simple.
Pero esta historia quizá también sea una historia de la era Internet, que ha
inaugurado una nueva etapa en la evolución del uso de la mente humana. Internet
no sólo es una memoria planetaria al comunicar en tiempo real memorias vivas de
hombres entre sí, sino también con bancos de datos. La nube se ha transformado
en un mágico periférico planetario de memoria. La mente humana y la forma de es-
cribir libros, creo que han cambiado. Quizá la búsqueda de la verdad se pueda reali-
zar mediante unos nuevos mecanismos. La búsqueda de relaciones y el control de la
calidad y exactitud de la información mediante la triangulación de datos y fuentes en
tiempo real. Quizá, sólo quizá, pero intuyo que estamos frente a una nueva forma de
conocer y describir.
Pero es cierto que Internet tiene sus peligros, tanto para el sistema dominante
como para los pueblos. Para los sistemas dominantes dentro de cada espacio tiem-
po de ejercicio de poder, el peligro radica en que facilita la conexión de personas e
ideas, es decir la novedad, el cambio. Para las personas, el problema radica en que
el sistema dominante tenderá a hacerles confundir conocimiento con cantidad de
información, que ahora se mide en bits y anchos de banda y que pueden fácilmente
incluirse en el sistema consumista, donde la cuestión radica en consumir información
sin la capacidad de realizar conexiones, es decir de formar conocimiento desde la
creatividad. La conexión sin saber qué se quiere conectar puede conducir a la con-
fusión, es decir la creatividad como nueva organización de ideas o cosas. Para los

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