Esquivando el costo argentino

Con un ataque de furia, un pasajero argentino abrió sus valijas en el aeropuerto de El Plumerillo, en Mendoza, y tiró todo su contenido en el piso, exclamando que estaba psicótico, que era una paciente psiquiátrico. La razón: había viajado en un tour de compras a Chile y los funcionarios aduaneros, a su regreso, le revisaron minuciosamente las maletas, identificando productos no declarados.

Según se informa, se han endurecido los controles aduaneros en la frontera de Mendoza con Chile, en el contexto de una ola de turismo "para ahorrar" en textiles, calzado y electrónicos. Unos 40 mil turistas argentinos atravesaron la Cordillera en Semana Santa con ese propósito.

Cuando los funcionarios aduaneros solicitan la ayuda de las fuerzas de seguridad en casos como el descripto, hacen cumplir las normas sobre introducción de mercadería a nuestro país, donde los precios son mucho más elevados.

Es sabido que son más caros, porque tienen alta protección. Y tienen alta protección por el elevadísimo "costo argentino" que acumula las distorsiones del costo laboral (no salarial), los extravíos regulatorios, los excesos del transporte terrestre y el gigantesco gasto estatal, reflejado en la elevadísima presión fiscal de Nación, provincias y municipios.

El "costo argentino" refleja una típica contradicción del ser nacional. En muchísimas familias hay empleados públicos, por militancia, amistad o parentesco. También hay jubilados sin aportes y pensionados de favor. Ni qué hablar de beneficiarios de planes y subsidios. Todos felices de viajar en colectivos baratos y en trenes sin boleto. Todos ufanos por la educación pública, la salud sin copagos y la universidad sin aranceles para propios y extraños. Todos contentos con los reclamos docentes, los abucheos de muchos científicos y las críticas de gran parte de los cineastas. Pues siempre hay docentes, becarios o cinéfilos entre amigos y parientes, aunque los abusos de unos perjudiquen a los otros. El ser nacional fraterniza con las conquistas gremiales, sus obras sociales y sus aportes solidarios. Y se identifica con Cavalieri, Viviani, Barrionuevo, Santa María, Moyano padre y Moyano hijos.

Pero la unicidad del coro reclamatorio gira 180 grados cuando de pagar se trata: nadie quiere compartir la carga de esos costos, si puede evitarlo. Y así, mientras unos operan "en negro", otros viajan a Chile, a Miami o Paraguay, y los más pobres compran en ferias marginales o en mantas de los manteros.

Está en la...

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