El último esfuerzo por convencer al capitán

 
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Parecía una charla técnica antes del suplementario. Es decir, frente al tiempo adicional para intentar lo que se debió resolver antes. Ahí estaba Axel Kicillof, rodeado de hombres de negocios que lo escuchaban con un respeto pasmoso y alguna cabeza gacha. Era el mediodía de anteayer en el hotel Alvear, momentos antes de que el ministro de Economía cerrara el Consejo de las Américas. La conversación era en voz muy baja. Hablaban Héctor Méndez, presidente de la Unión Industrial Argentina; Eduardo Eurnekian, de Corporación América; Carlos de la Vega, de la Cámara de Comercio; Gustavo Weiss, de la Cámara de la Construcción; Adelmo Gabbi, de la Bolsa, y después se sumó algún otro. El tema: la deuda en default.La amabilidad de la charla no se condecía con las quejas que se oyen en las empresas por el proyecto de la nueva ley de abastecimiento, ni con la medida de fuerza gremial que paralizaba parte del país, ni con las certezas de Kicillof, que momentos después atribuiría la caída en la inversión a "las usinas del malhumor" -es decir, los pronósticos de analistas y medios de comunicación- y no a los problemas que vienen poblando la agenda de los hombres de negocios.Uno de ellos soltó la propuesta. Estaban dispuestos a volver a ensayar un aporte patriótico para comprar parte de la deuda impaga, pero querían planteárselo esta vez a él, el hombre no sólo más influyente del gabinete, sino el que, suponen, derribó una oferta similar de los bancos hace un mes.No hay por ahora entidades financieras involucradas: sólo se pensó en un banco de capitales nacionales de primera línea como negociador. "No puede ser uno extranjero", concluyeron. Momentos antes, el propio Lobby Bar del Alvear había sido una maqueta de esa iniciativa confeccionada entre varios: en una mesa apartada junto a la pared, se ubicaba el Grupo de los Seis, que nuclea a los sectores más representativos de la economía, y cerca, tomando otro café, Daniel Marx, ex secretario de Finanzas y uno de los que fueron consultados para la nueva propuesta. Iban y venían Gustavo Cinosi -empresario enviado por Carlos Zannini a la frustrada reunión de los bancos en Nueva York por el mismo tema y hombre de inmejorable relación con la embajada de Estados Unidos- y Luis Rivaya, directivo del Banco Galicia.Kicillof no tiene en el mano a mano el modo encendido y enojado que suele insuflarles a sus presentaciones públicas. Es cierto que tampoco exhibe la sencillez del cura de Ars, pero está muy lejos, incluso delante de...

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