Echegaray, garante de impunidad

 
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Por una orden de la ex presidenta Cristina Kirchner, Ricardo Echegaray es el candidato del kirchnerismo para encabezar la estratégica Auditoría General de la Nación (AGN) y suceder al prestigioso Leandro Despouy, quien ha presentado su renuncia. Tras un primer rechazo del oficialismo, finalmente, la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, y el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, firmaron la resolución que avala la designación de Echegaray.

El brusco cambio del macrismo respondería a alguna suerte de negociación más amplia para lograr la aprobación en el Senado de los dos candidatos a jueces de la Corte Suprema de Justicia, designados en comisión por el Presidente.

Paradójicamente, el kirchnerismo buscará continuar desde la oposición la nefasta tarea que inició y tan acabadamente llevó a cabo en el largo período en el que fue oficialismo: nos referimos al desmantelamiento y la paralización de los principales órganos de control a medida que se sucedían los escándalos de corrupción que jalonaron sus 12 años de ejercicio autocrático del poder.

El puesto de presidente de la AGN le corresponde al primer partido de la oposición, pero el hecho de que una figura tan desprestigiada como la del ex titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) pueda llegar a presidir uno de los principales órganos de contralor y ocupar el cargo del intachable Despouy resulta un insulto a la ciudadanía y otra señal más del miedo generalizado del kirchnerismo a tener que rendir cuentas de lo ocurrido durante los 12 años en que manejó el Estado como si le perteneciera. En función de ese miedo, no hay dudas de que Echegaray es la figura ideal si se trata de protección y garantías de impunidad.

En efecto, él concentró un poder omnímodo y lo ejerció con el autoritarismo y la falta total de escrúpulos que caracterizaron a tantos altos funcionarios del gobierno kirchnerista que se enriquecieron desde que ingresaron en la función pública, en su caso, primero desde la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) y luego en la AFIP. Durante su conducción, este organismo se convirtió en una poderosísima arma de presión y persecución política, y Echegaray o sus funcionarios no dudaron en traicionar el secreto fiscal con tal de ejercerla e infundir temor. Así, intentaron enlodar, entre otros, a Ricardo Lorenzetti, Francisco de Narváez, a Elisa Carrió y a numerosos empresarios. Esta última legisladora, junto a su par de GEN en la...

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