Dylan lo hizo otra vez

 
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Muy a su manera, como corresponde, Bob Dylan se salió de lo esperado nuevamente y grabó un disco, Shadows in the Night (editado entre nosotros por Sony Music), con diez canciones compuestas entre 1920 y 1960 y grabadas por Frank Sinatra.

Aunque él mismo renegó un poco de este asunto de lo inesperado de sus decisiones en el discurso que dio hace menos de un mes cuando la academia musical norteamericana que entrega los Grammy lo nombró persona del año. "Algunos dicen que hice mi carrera confundiendo a la gente -dijo allí-. Como si me quedara despierto hasta la madrugada pensando en cómo hacerlo. «¿De qué vivís?» «De confundir a la gente». Ni siquiera sé lo que eso significa", aseguró, y siguió la broma imaginando cómo sería conseguir un trabajo y tener que presentar eso como currículum.

Lo cierto es que nadie esperaba un disco así, ni tampoco que la única entrevista otorgada en ocasión del lanzamiento fuera a la revista de la AARP, la asociación de jubilados de los Estados Unidos. Si hasta el mismo entrevistador, Robert Love, editor también de la publicación, cuenta que ante la propuesta se sintió obligado a aclarar que ya no escribía más para la Rolling Stone, asumiendo que había habido una confusión.

El inicio con "I’m a Fool to Want You" marca el clima exquisitamente personal, deliciosamente fuera de tiempo, de este álbum. Compuesto por Joel Herron, Jack Wolf y el mismo Sinatra, el tema está aquí respetado en su esencia pero a la vez desprovisto de todo aquello que no fuera esencial. Es que Dylan eligió grabar todas estas canciones sin los arreglos para big bands con que las hemos conocido y, en cambio, lo hizo sólo con los músicos con los que anda por el mundo en su ya famoso Never Ending Tour (que retomará el 10 de abril, cuando comience la gira de primavera norteamericana): Tony Garnier, en bajo; Donny Herron, en guitarra steel; Charlie Sexton y Stu Kimball en guitarras y George Receli en percusión. Más él, dedicado en este caso sólo al trabajo vocal (impecable, prolijo, tan lejos de esas aceleradas y cambiantes versiones de sus propios temas a las que nos tiene acostumbrados en vivo). Y en tres temas –el mencionado, "The Night We Called it a Day" y "That Lucky Old Sun"– suma trombones, cornos y trompetas. Ni piano, ni baterías. Un poco, claro está, el sonido que él mismo viene cultivando para sus propios temas.

Si el disco respira, si algo se siente distinto, es porque fue registrado en vivo y al viejo estilo. "No usamos equipos...

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