Diatriba y crepúsculo

 
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sigue siendo el sol del sistema político argentino: para bien o para mal, todos los otros planetas continúan girando a su alrededor. Pero este sol entró ayer en su inexorable crepúsculo y confirmó que se pondrá definitivamente en diciembre próximo.

Cada vez que en su le tocó hablar del futuro, lo hizo en primera persona ("el país que les dejo"), con advertencias a quienes pueden dar marcha atrás con sus "logros" (deben ser vigilados) y siempre con la tácita idea de que no dominará el próximo ciclo. Tiene razón.

El cristinismo como administrador de la cosa pública termina a fin de año, puesto que ningún heredero con chances electorales gobernará con su estilo ni su ideología.

Ni siquiera Florencio Randazzo, un peronista tradicional que se ha caracterizado por desembarazarse cruel y sistemáticamente de sus padrinos políticos (Menem, Ruckauf, Duhalde, Solá) y cuyo modelo no dista demasiado del formato que encarnan Daniel Scioli o Sergio Massa. Mucho menos Mauricio Macri, que se muestra claramente en las antípodas.

Quien venga deberá pagar las cuentas de la bacanal kirchnerista. El gran "mérito" de Cristina es haber diferido el pago de su propia fiesta para no tomar "medidas impopulares": cualquiera de los que están en carrera deberá oblar como un caballero esa abultada hipoteca. Eso, en síntesis, quiere decir buscar crédito en el exterior, corregir el déficit fiscal y el atraso cambiario, levantar el cepo, salir del default y presentar un difícil programa para bajar paulatinamente la inflación y salir de la recesión heredada.

La Presidenta se ahorrará todo ese costo político y desde la vereda de enfrente levantará, como a ella tanto le gusta, el dedo acusador contra los "conservadores", mientras ellos tratan de arreglar la empresa insustentable que les tiró por la cabeza.

Cuando Cristina Kirchner da vuelta el axioma clásico y dice que no es la economía, estúpidos, sino la política, no hace más que negar las reglas fundamentales de una administración sana. La política es muy importante. Pero tarde o temprano la economía toca a la puerta y exige un remedio. La patrona de Balcarce 50 no puede suministrarlo porque como todo líder populista quiere retirarse intocada, para regresar triunfante.

El "golpe blando", ausente

Lo saliente, sin embargo, es que se esperaba de la Presidenta una serie de iniciativas incendiarias. Y que más allá de ciertos pasajes hostiles no redobló la apuesta ni se chavizó durante su último discurso frente a la Asamblea...

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