Desendeudamiento...miento, miento

 
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En 1902, acorazados alemanes e ingleses bombardearon para forzar el pago de su deuda externa. Luis María Drago, ministro de Relaciones Exteriores de Julio Argentino Roca, formuló entonces la doctrina que lleva su nombre, prohibiendo el uso de la fuerza para cobrar deudas a Estados soberanos.

Esas bombas sólo aumentaron la mala fama que tienen los bancos, las finanzas, los prestamistas y todo tipo de acreedores, desde la Edad Media hasta la actual tragedia griega. Allí están el cruel Shylock de Shakespeare; el "capital financiero" de Rudolf Hilferding; los usureros de Hugo Wast y los buitres de . La aversión por los intermediarios del ahorro une en el espanto a todas las doctrinas que identifican al dinero con el capital, y a éste con presuntas sinarquías que acechan tras las fronteras nacionales.

En la República Argentina, país formado por una amplia clase media, nunca ha habido un consenso crítico acerca de los bancos y los prestamistas, salvo cuando se abandonó la convertibilidad en 2002. Sin embargo, esa visión práctica y sensata cambia de tono cuando la deuda es externa y se vislumbra la galera del Tío Sam. Así, aun cuando los argentinos llenen los vuelos a Miami, calculen sus sueldos en dólares y tengan una Presidenta que hace acotaciones en inglés, una cuestión crediticia se transforma en una cuestión política: "liberación o dependencia".

Esta forma de ver las cosas viene de antaño. Ya en 1824, cuando Bernardino Rivadavia tomó un crédito de Baring Brothers para obras públicas, se lo denunció como instrumento de dominación. Más concretamente, como una estrategia de Gran Bretaña para condicionarnos e impedir nuestro crecimiento como nación independiente.

La identificación de soberanía con "desendeudamiento" fue utilizada por Juan Domingo Perón, quien al asumir su primera presidencia, en 1946, resolvió el pago anticipado de la deuda externa con recursos del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), usados también para estatizar empresas. Y cerró la puerta al FMI, creado en 1944. Aunque la necesidad tuvo cara de hereje: ante la crisis de 1949, aceptó disimuladamente préstamos del Eximbank; "entregó" la Patagonia a la Standard Oil de California y dictó una vergonzante ley de inversiones extranjeras.

Con similar astucia, el kirchnerismo también levantó la bandera del "desendeudamiento" para emular al Primer Trabajador. Dispuso una quita colosal al pasivo de 144.000 millones de dólares, declarado en default desde 2001...

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