Por qué Cristina debería estar presa

 
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El remisero aceptó que escribió . Un empresario, , confirmó el procedimiento que contó Centeno, aunque no la cantidad de dinero. El círculo se cierra sobre . El resto de los empresarios callan. El silencio es también una forma de asentir. Sus abogados les dicen que se trata solo de una serie de fotocopias sin valor probatorio. Es un mal consejo y un grave error: hay en esa causa un monumental trabajo del periodismo y de la Justicia para cotejar los datos que Centeno escribió en los cuadernos.Tanto LA NACION como el juez y el fiscal temieron ser desmentidos por el remisero. ¿Y si hubiera dicho que él no había escrito nada? La Justicia solo actuó cuando ya había confirmado gran parte del relato de Centeno.El escritor es un suboficial mayor del Ejército. Está acostumbrado a escribir todos los días un informe de novedades, que es la rutina de los militares. Sus cuadernos están escritos con buena ortografía y sin errores de puntuación. Salvo en dos o tres frases durante diez años, no hay opiniones (solo en una entrada habla de que le da "asco" lo que ve); es, sobre todo, la descripción de una trama corrupta por parte de un cronista meticuloso y excepcional. ¿Por qué los escribió? ¿Por qué hizo esos relatos cuidadosos y exactos de entregas y recibos de coimas? La opinión predominante entre funcionarios judiciales es que preparaba una extorsión. Algo hubo ya: su casa, sus autos y el departamento de su expareja fueron pagados por . Centeno entregó en custodia esos cuadernos a un amigo, suboficial de la Policía Federal, que es quien los leyó y los sacó a la luz pública. Centeno temió, hace algún tiempo, que su casa fuera allanada. En declaraciones a Bonadio, ese policía federal amigo de Centeno, Jorge Bacigalupo, dejó entrever que era profundamente antikirchnerista, con especial antipatía hacia la exministra de Seguridad .Bonadio y Stornelli se juramentaron el secreto, en primer lugar. Solo seis personas en total estuvieron al tanto de las investigaciones. Tres funcionarios del juez y uno del fiscal, además de ellos dos. Se convirtieron en una especie de logia cuyos integrantes se entendían por señas. Empezaron por chequear los datos más intrascendentes de los cuadernos. Centeno escribió que había llevado a Baratta al sanatorio Mater Dei, a la hora precisa de un día determinado, a hacerse una infiltración. Fueron a la clínica a preguntar si ese dato era cierto. Era cierto. El remisero dejó constancia de que había llevado a la madre...

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