Costumbres que vienen de afuera

 
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En este grupo se anotan Mariana Lange, de 29 años, y su pareja, Juan Pablo, que decidieron comprometerse el año pasado. "Fue la formalización de la unión. Es algo que en este momento no se estila tanto, pero que a nosotros nos permitió festejar la decisión con los más íntimos. Es como que venimos celebrando en cuotas: primero el compromiso, luego el casamiento por civil y luego la iglesia", cuenta Mariana.

También Javier, un ingeniero en sonido de 34 años, eligió comprometerse con su novia, Cecilia, luego de tres años y medio de noviazgo. "En mi entorno de amigos, casi ninguno formalizó. Cayó como una sorpresa nuestra decisión y es algo que a nosotros también nos sorprendió un poco, pero lo sentimos así... Yo estuve con otras parejas y jamás se me ocurrió. Ni por asomo. Pero llega la persona indicada y surge. La cabeza te hace clic y ya está –cuenta Javier, que le propuso matrimonio a Cecilia en la ciudad de Nueva York–. Yo me encuentro haciendo y diciendo cosas que no pensé que fuera a decir o a hacer... Esas cosas se dan cuando viene una persona distinta a las demás y con la seguridad de que uno está haciendo lo que quiere hacer."

La decisión de celebrar un compromiso no necesariamente implica una propuesta matrimonial. Así lo prueba el caso de Ariel y Guillermina, de 42 y 40 años. Ambos tienen hijos de anteriores parejas, se conocieron luego de que estas relaciones terminaron y se enamoraron. Para celebrar esa unión del destino, él decidió sorprenderla en uno de los viajes que hicieron a San Martín de los Andes. Compró dos anillos en la feria de artesanos y en una cena en la que un amigo ofició de ministro se comprometieron.

Nuevos ritos

Además del revival del compromiso, también desembarcaron en la Argentina algunas costumbres extranjeras, como los love locks, emblema de París, que ya tienen en Buenos Aires su propio epicentro: la casa donde funcionan las oficinas de la wedding planner Barbara Diez (Agüero 2391). La tradición de simbolizar la unión a través de un candado (que usualmente llevan las iniciales de los enamorados) se popularizó en Francia, en el Pont de l’Archevêché y el Pont des Arts, y se trasladó a otros lugares de Europa, Estados Unidos y América latina. "La mayoría de los novios nos traen regalos después del casamiento y se nos ocurrió que queden con nosotros de esta manera. Cuando empezamos a contarles la idea, todos se prendieron y empezaron a venir los jóvenes del colegio de enfrente que se ponían de novios y traían...

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