Costa gourmet: Pinamar y Punta del Este se destacan por su gastronomía

 
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"¡En tu cara, Palermo!", tuiteó , actual intendente de el 8 de enero, refiriéndose a los locales gastronómicos de la intersección de las calles Marco Polo y Jason. Cuentan que allí donde había una casa abandonada se instaló una reconocida casa de café y en pocos años toda la cuadra se llenó de restaurantes. Frente a la plaza Primera Junta y a metros del teatro municipal La Torre, hoy hay cafeterías, una casa de pizzas y pastas, panaderías gourmet y opciones de sushi. Según Juan Abdala, el hombre detrás del desarrollo, se generó un polo gastronómico donde no había nada, cerca del paseo obligado de la calle Bunge, por el que pasan miles de personas cada noche.

No es Pinamar el único punto de la costa (bonaerense, y muy especialmente, de la costa uruguaya) que apuesta a una renovación gastronómica de calidad, fresca y descontracturada. Mientras -cuyo ya clásico encuentro de chefs 10 Manos incluyó ayer al destacado -, se aleja de las sofisticadas propuestas importadas de otra época y se vuelca fuertemente a los productos autóctonos y de estación (con a la cabeza, la enorme huerta de la sobrina de que, montada sobre la playa, invita a comer platos elaborados con vegetales de su huerta), pisa fuerte con los pescados, cuyo mejor exponente está en Sarasanegro, restaurante que recrea "lo mejor del Atlántico Sur" y que se convirtió en el must de toda visita con espíritu goumet a la Feliz. El abanico es vasto, y lejos de la pizza y las rabas que configuraban el menú veraniego de otras épocas, hoy la propuesta gourmet es parte del atractivo turístico. En palabras del prestigioso chef de Crizia, Gabriel Oggero, hoy en la costa "escuchás que la gente, en la playa, habla del lugar al que va a ir a comer a la noche".

Para quienes aún permanecen en esas latitudes, están por partir hacia allí o simplemente desean tomar nota para vacaciones venideras, aquí va un recorrido por la escena gastronómica de la costa.

Pinamar

El comparativo con Palermo al que aludía el intendente puede resultar un tanto exagerado en cuanto a las dimensiones, pero sí describe cierto despertar gastronómico (y estético) de toda la ciudad. Hubo una renovación inevitable ligada a la demolición de los antiguos balnearios, que en muchos casos aprovecharon para hacer lo mismo con sus restaurantes. Y otro tanto que viene sucediendo a lo largo de toda la ciudad: nuevos locales que desempolvan la quietud mientras muchos se mantienen inalterables hace décadas. Un claro ejemplo de aggiornamiento culinario: la existencia de Ceviche -el reconocido peruano nikkei- en el Playas Hotel. Es lógico que la oferta se vaya poniendo al día con turistas que cada año son más gourmet. En muchos casos se trata de un público que habitualmente cena afuera, visita ferias gastronómicas, sigue chefs, sabe de vino, toma buen café. Muchos vienen de ciudades con una marcada oferta culinaria y no quieren resignar experiencias en las vacaciones.

Desde el municipio hay un deseo expreso de descentralizar la oferta gastronómica más allá de Bunge y el mar. Y algo de esto representa la existencia de Gula, un patio...

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