Un concierto aleatorio

 
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Orquesta filarmónica de buenos aires / Solista: Pepe Romero, guitarra / Director: Enrique Arturo Diemecke / Programa: Sibelius: Finlandia; Diemecke: Concierto a Celedonio para guitarra y orquesta; Rodrigo: Concierto de Aranjuez; Borodin: selección de El príncipe Igor / Coros de la gerencia Música para la Equidad / Teatro Colón.

Nuestra Opinión: Bueno

La Filarmónica abrió su ciclo de abono con un concierto poco corriente y un tanto aleatorio en su desarrollo. Finlandia, un poema sinfónico de Sibelius de altísimos valores musicales, una obra paradigmática, ofició de obertura, sin demasiada conexión musical o discursiva, a un extraño y poco venturoso concierto para guitarra y orquesta de Enrique Diemecke. Luego, para completar una primera parte desmesurada en su extensión, casi ochenta minutos, llegó una segunda obra para guitarra y orquesta, el Concierto de Aranjuez. Y en la segunda parte, una multitud de coreutas, integrantes de cuatro coros diferentes y que son parte del proyecto Música para la Equidad, se sumó para participar en la concreción de diferentes pasajes de la ópera El príncipe Igor. Para un director tan cuidadoso y meticuloso como es Diemecke en la elección y sucesión de obras que conforman un programa, esta selección, casi un mosaico de unidades independientes con poca o ninguna relación entre sí, resultó un tanto extraña. Pero, además, hubo que sumarles algunas interpretaciones ciertamente poco logradas.

Diemecke maneja con firmeza y soltura a su Filarmónica y no le fue dificultoso obtener los sonidos exactos para hacer Finlandia. Con una estupenda afinación por parte de los bronces en la apertura de la obra y una muy pulcra y enérgica continuidad, todo anduvo de maravillas. Tras la magnificencia y la nobleza de Sibelius, con Pepe Romero como solista, llegó el Concierto para Celedonio, una obra de poca sustancia, apenas descriptiva y sin ningún atractivo o novedad musical en especial, escrita por el mismo Diemecke en homenaje a Celedonio Romero, el padre de Pepe, el fundador de una verdadera dinastía de guitarristas notables. Transcurriendo por los senderos de la tonalidad más tradicional y con una guitarra devenida en un instrumento simplemente melódico que prescinde de cualquier aventura textural, la obra no ofrece demasiados encantos. Tal vez, como elemento diferente pueda señalarse la adaptación de las pautas del fandango andaluz al 7/8 del último movimiento. Los aplausos del final fueron tan escasos como breves y...

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