Clubes de barrio: resisten el paso del tiempo entre tradiciones y calidez familiar

 
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Claudio tiene 52 años y está sentado en una silla de plástico blanca, sumergido en una partida de truco contra Carlos, un diarero del barrio. Con gesto amistoso, Claudio señala a "el Colo", otro integrante de la mesa, mientras escarba en su memoria: "Cuando yo tenía 12 años, me acercaba y le robaba a «el Colo» los maníes que comía durante el partido de cartas. Hoy, 40 años después y con más kilos los dos, somos rivales en éste y otros tantos juegos de mesa".

El grupo de señores que se congrega alrededor de las mesas del Club Barracas Juniors, situado en General Hornos 1850, convive en búsqueda de un momento de ocio, ya sea un escape del trabajo o de sus familias. El Barracas, como todos le dicen, es uno de los clubes de barrio que resisten el paso del tiempo, el boom inmobiliario y el desinterés de los socios que se fueron alejando por falta de tiempo o de ganas.

El gobierno de la ciudad de Buenos Aires tiene inscriptos en el RUID (Registro Único de Instituciones Deportivas) 197 clubes de barrio. A través de este registro, los clubes pueden acceder a subsidios, participar de eventos que organiza el gobierno y acceder a tarifas sociales para servicios públicos. Además, pueden solicitar la exención del pago de Ingresos Brutos y recibir asesoramiento legal y contable. Según datos de la Secretaría de Deportes del gobierno porteño, la masa societaria de los clubes de barrio se multiplicó tres veces en los últimos 50 años.

Recuerdan que por la cancha de tenis del Barracas pasaron Guillermo Vilas y otras figuras; conserva también una de paddle, deporte que tuvo su auge en los años 90, una de básquet y un quincho para las actividades de los jubilados.

El Barracas Juniors es uno de los clubes más viejos de la Capital: fue fundado en 1912, "el año en que se hundió el Titanic y se hizo famoso el asesino llamado «el Petiso Orejudo»", aclara orgulloso Ricardo Castorina, el presidente. Las instalaciones son rudimentarias, pero acogedoras y alberga a cerca de 600 socios que pagan 30 pesos por mes. La mayoría, hinchas de Boca Juniors. La mayoría son jugadores de dados y naipes, es decir especialistas en truco, chinchón y generala.

Al ritmo de la marcha peronista

La anécdota que sobrevuela a los amigos durante una tarde de sábado es la que tiene como protagonista a la famosa marcha peronista. "¡Los peronchos se copiaron de nosotros!", vociferan. Es que, a mediados de los años 20, un asociado de apellido Streiff creó una canción para los hinchas del club...

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