El clan Moyano: a la caza del poder perdido

 
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Sobre la mesa se apilan carpetas rojas con el escudo de Independiente, a la espera del vistazo de aprobación del presidente. A partir de 2014, Hugo Moyano modificó ligeramente su agenda de temas y reuniones. Pero no así sus mañas: digita desde muy temprano todos los movimientos del club, aunque también los del gremio y los del holding de empresas que generó bajo la órbita del Sindicato de Choferes de Camión. No hay detalle que deje librado al azar o en manos de otros. Absolutamente todo requiere de su supervisión: desde la contratación de un futbolista hasta la firma de una alianza electoral de su partido político o el aumento salarial para los 200.000 afiliados camioneros.

Desde el quiebre de su alineamiento con el kirchnerismo, en diciembre de 2011, Moyano cedió protagonismo y perdió beneficios de toda índole por haberse alejado del poder gobernante. Perdió desde subsidios hasta influencias en despachos judiciales. Hace poco, un frío saludo con Julio De Vido y con Aníbal Fernández fue como un espejismo de nostalgia. Fue un fugaz intercambio con dos ministros que supieron abrirle el juego.

Hoy, a los 71 años, y en la víspera a un cambio de gobierno, el jefe de la CGT opositora revisa cuál será su estrategia para recuperar poder. Su plan, debatido casi exclusivamente en el corazón de su familia, incluye definiciones y giros en diferentes ámbitos: desde lo personal hasta lo político y lo gremial.

Después de meses de silencio y adoptar un inusual perfil bajo, una de sus últimas decisiones fue adherir al paro nacional de pasado mañana, al que convocó la alianza de gremios del transporte en reclamo del impuesto a las ganancias, una reivindicación que unifica al atomizado mapa sindical. La determinación de Moyano fue tomada por convencimiento, ya que es una bandera que levantó en otras oportunidades, aunque también con intereses propios: influir en la negociación por la eventual unidad de la CGT y en el reparto del poder ante la llegada de otro presidente.

A diferencia de otros años electorales, Moyano está convencido esta vez de no encolumnarse públicamente detrás de ningún candidato. Su objetivo es reposicionarse en 2016, con el nuevo gobierno ya en marcha. Así tal vez se explica su juego a tres bandas: mantiene lazos con Daniel Scioli a través del canillita y diputado nacional de su partido, Omar Plaini; es aliado electoral en un puñado de distritos del Frente Renovador de Sergio Massa, y lo unen acuerdos económicos y laborales con Mauricio...

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