Cazar en el zoológico, la fácil y repetida solución

 
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Nada duele más a una pequeña empresa que verse obligada a despedir empleados luego de haber mantenido el negocio a pérdida esperando una reactivación. Esto ocurre en fábricas, estudios y restaurantes; en imprentas, tintorerías y transportes; en talleres, carpinterías y herrerías. Aunque en forma más impersonal, la eliminación de horas extras y las suspensiones y despidos también afectan a las grandes empresas, en una multitud de rubros.Todas esas actividades se sostienen con ventas que dependen del favor del público en una cadena de dependientes y contratistas -compra de insumos, despacho de mercaderías o provisión de servicios que parece robusta cuando los vientos soplan a favor, pero es sumamente frágil cuando soplan en contra. Sobre todo, cuando además debe soportar a quienes tienen el privilegio de subirse a sus espaldas y obligar a cargarlos, con la fuerza del palo y sin ninguna zanahoria.El sector privado, pues a este nos estamos refiriendo, no puede imponer a sus clientes que compren contra su voluntad, ni un "ahorro forzoso" para pasar el mal momento, ni implantar impuestos de emergencia para que las cuentas cierren. Ni aun mediante el concurso de acreedores puede lograr dinero para continuar funcionando cuando el crédito se ha interrumpido.El sector público, en cambio, fue inventado para lograr el bien común mediante prestaciones que todos están obligados a sufragar. Como suele decirse, en materia de impuestos "no hay tutía". El poder del Estado, dentro de sus límites constitucionales, se sustenta en el interés general por brindar justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad. Con sol naciente, gorro frigio y corona de laureles, el Estado nacional (y las provincias argentinas) puede lograr sus fines mediante la facultad de crear tributos, endeudarse, fijar tasas, imponer servidumbres, expropiar bienes y acogerse a cláusulas exorbitantes.Como lo público está regido por la política y en la política se lucha por el poder, a nadie debe sorprender que, cobijados bajo los símbolos del escudo, los colores de la bandera y los acordes de Blas Parera, se hayan multiplicado organismos, entes y agencias, secretarías, subsecretarías y direcciones, funcionarios, empleados y contratados, conforme a las necesidades, conveniencias o picardías de cada período de gobierno. En muchísimos casos, se trata de burocracias creadas para cumplir funciones cuyo costo...

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