En la catedral de Nápoles, un milagro 'a medias'

NÁPOLES (De nuestra corresponsal).- "¡Miracolo! ¡Miracolo!", gritaba ayer la multitud ante la pantalla gigante que se levantaba ante la catedral de esta ciudad. Cosas del destino, la transmisión se cortó justo en el momento clave.

El Papa acababa de besar la sagrada ampolla con la reliquia de San Genaro, el obispo mártir del siglo IV, patrono de la ciudad y a dar su bendición con el sagrado objeto entre sus manos. El reloj marcaba las 16.3 de la tarde. Y nadie pudo escuchar cuando, micrófono en mano, el anfitrión de esta primera visita de Jorge Bergoglio a Nápoles, el cardenal Crescenzio Sepe, hizo el histórico anuncio. Como "San Genaro quiere a Nápoles y quiere al Papa, la sangre se ha licuado a medias", dijo el arzobispo de Nápoles, provocando una catarata de aplausos y de "¡viva il Papa!" en el templo.

El prodigio, que suele ocurrir tradicionalmente tres veces al año -el sábado anterior al primer domingo de mayo; el 19 de septiembre y el 16 de diciembre-, había vuelto a darse con el papa Bergoglio, argentino como Maradona e Higuaín (goleador del equipo del Nápoli). Con sus antecesores, Benedicto XVI y Juan Pablo II, no había ocurrido. El último pontífice que había recibido la gracia había sido Pío IX en 1848, según la leyenda popular.

Más allá de la euforia, fiel a su estilo humilde, el ex arzobispo de Buenos Aires, rapidísimo, relativizó el misterioso episodio.

"El obispo dijo que la sangre se disolvió a medias: se ve que el santo nos quiere a medias... Tenemos que convertirnos todos para que nos quiera más", dijo descolocando a todos.

Lo mismo hizo poco antes, cuando, ante centenares de seminaristas, curas y religiosas que llenaban la catedral, anunció que no iba a leer el discurso que había preparado, "porque los discursos son aburridos". Y destacó la importancia del testimonio de pobreza, de alegría y de misericordia de los hombres de Iglesia. Arremetió entonces contra quienes están apegados al dinero: "¡Cuántos escándalos en la Iglesia por el dinero!", exclamó y contra quienes viven de los chimentos, "que hacen terrorismo".

Al hablar del mal que hace el dinero, que puede corromper también a los hombres y mujeres de Iglesia, contó una anécdota de sus días como arzobispo de Buenos Aires, cuando un "buen colegio de monjas que trabajaban mucho" decidieron refaccionar una parte del...

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