Calidad institucional: no bajar los brazos

 
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Cumplidos ya dos años de la gestión de Cambiemos, resultan innegables los avances registrados en materia de una mayor transparencia y en la lucha contra la corrupción, en especial cuando se los contrasta con los graves retrocesos y los escándalos protagonizados por el kirchnerismo, totalmente alejados de ese objetivo.

Sin embargo, también es preciso destacar que, habiendo transcurrido ya ese tiempo, se espera mucho más de un gobierno que, como el de Cambiemos, hace de la transparencia institucional una de sus principales banderas.

Una valiosa declaración pública del Club Político Argentino (CPA) llama la atención sobre los crecientes costos que acarrean las debilidades en el programa de mejora de calidad institucional.

"Demasiado frecuentemente -dice el pronunciamiento-, las iniciativas en este terreno quedan subordinadas a las necesidades de la coyuntura, a intercambios y ventajas que se privilegian en otros terrenos y a la lógica de la polarización electoral, según la cual exhibir el perfil negativo de los adversarios más desacreditados bastaría para mantener el apoyo de la ciudadanía". Y no centra la crítica solo en el mal ejemplo del ministro Triaca, sino que la extiende a la administración de justicia, a la división de poderes del Estado y a las competencias del Congreso Nacional.

Se trata de una opinión calificada. La suscribe la comisión directiva del CPA, entre cuyos miembros figuran reconocidos intelectuales e, incluso, funcionarios del actual gobierno. Ese reclamo de mejoras institucionales de parte de un conjunto de personas con muy buen vínculo con la Casa Rosada, es una de las mayores diferencias planteadas respecto de Carta Abierta, el otro grupo de intelectuales que acompañaba al gobierno kirchnerista y que siempre se mostró incapaz de ejercer la más mínima crítica. Practicantes de una genuflexión ante el poder que avergonzaba, de un paroxismo épico que solo conocía de alabanzas, aquellos hombres y mujeres solían enredarse en conceptos oscuros e inentendibles, en un fango semántico cuyo único objetivo fue intentar justificar lo injustificable de los más de 12 años de mandato de los gobiernos precedentes.

Entre los directivos del CPA, se encuentran Vicente Palermo, Guillermo Rozenwurcel y Guillermo Ariza. Graciela Fernández Meijide, Henoch Aguiar, Luis Rappoport y Alejandro Katz son algunos de los vocales, mientras que, entre sus 400 socios, también se cuentan el ministro Pablo Avelluto, Andrés Cisneros, Nora Ginzburg...

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