Basta de populismo industrial

La idea del industrialismo "a la argentina" consiste en cerrar todo lo que se pueda la economía a la competencia importada y que el agro tenga una rentabilidad mínima para que haya alimentos baratos que aumenten el salario real y las masas urbanas tengan mayor capacidad de comprar bienes industriales.También implica que se graven las exportaciones de energía y otros insumos industriales, para que la industria tenga costos bajos y pueda "agregar valor". Y demanda que se controle el sector financiero, para que haya tasas de interés que permitan el financiamiento barato de la industria o el financiamiento del consumo de bienes industriales. También controla las tarifas de servicios esenciales para evitar la reducción del salario.El populismo industrial, al transformar en un tótem a la sustitución de importaciones y cerrar la economía a la competencia importada, hace caer el tipo real de cambio (apreciación real). Esta perjudica al agro, pero relativamente más a la industria de exportación no tradicional (por ejemplo, el vino), que tiene que pagar los mayores salarios reales derivados de un aumento en la demanda de trabajo de la industria sustitutiva que incrementa su producción, sin recibir el crédito de la suba de aranceles o la restricción a las importaciones.La sustitución de importaciones beneficia sólo a la industria menos competitiva, y perjudica a todo el resto, incluyendo al agro, la energía, al turismo y a las más eficientes con competitividad exportadora.El populismo industrial ha destrozado el Mercosur, acordado en 1991 por la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, que establecía el comienzo de un mercado común desde 1995 y el libre comercio total (0% de aranceles) entre sus miembros desde 2005. Sin embargo, ese mismo año y a instancias de la Argentina, se acordaron con Brasil Mecanismos de Acción Competitiva, eufemismo para denotar que nunca habría libre comercio con Brasil.Como contrapartida, hace unas semanas nada más, el país envió una misión comercial oficial a Angola, en la que el stand de mayor concurrencia terminó siendo el de la feria trucha de La Salada. Una muestra del fracaso del populismo industrial es que luego de 10 años de tener la mesa servida a gusto y piacere, el Gobierno ha recurrido a una casi prohibición de importaciones para seguir protegiendo a la industria sustitutiva, que, por si fuera poco, mostró en 2011 un déficit comercial récord histórico de US$ 30.000 millones.¿De dónde proviene el combustible para romper el...

Para continuar leyendo

Solicita tu prueba