Los 'bancos de desarrollo', un modelo rancio y nocivo

 
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El candidato presidencial Daniel Scioli se ha entusiasmado con la idea de crear nuevamente un banco de desarrollo, tomando como modelo el Banco de Desarrollo Económico y Social (Bndes) brasileño. Su objetivo declarado sería "dinamizar la inversión" del sector privado a través del crédito oficial.

El Bndes es un ejemplo rancio y nocivo, que podría ser equivalente a Petrobras en cuanto al escándalo por corrupción. Sus préstamos bajo sospecha a grandes empresas ascienden a 2400 millones de reales, esto es, unos 690 millones de dólares a la cotización actual. Sin el apoyo del Partido de los Trabajadores (PT), la Cámara de Diputados brasileña acaba de formar una comisión investigadora parlamentaria, similar a la de Petrobras, para investigar a esa institución financiera.

Tanto en la Argentina como en Brasil, los bancos de desarrollo han sido generalmente una herramienta para el "capitalismo de amigos", al permitir a los empresarios cercanos al poder apropiarse de fondos públicos a tasas subsidiadas y a los políticos o militares hacerse de caja para sus campañas o para sus cuentas personales. Como diría Cristina Kirchner, "un win-win" donde ambos sacan ventajas... a costa de los que menos tienen.

En nuestro país ya se transitó por un camino semejante, que terminó con la liquidación del Banco Nacional de Desarrollo (Banade) en 1993, que dejó una cartera impaga equivalente a 5700 millones de dólares por préstamos a menos de 20 empresas. A diferencia del caso brasileño, sin que nadie fuese denunciado, a pesar de la evidente connivencia entre beneficiarios y funcionarios que implicó este vaciamiento de las arcas públicas.

Desde tiempo inmemorial, sectores industriales de la Argentina se han quejado de la falta de financiación para sus proyectos productivos, mirando con envidia el apoyo que el Bndes otorga a sus colegas brasileños, con crédito barato y a largo plazo. Aparentemente, luego de tanto bregar, si el Frente para la Victoria triunfase en las próximas elecciones, la Argentina tendrá también su Bndes. Y previsiblemente, también sus consecuencias.

Durante medio siglo, nuestro país ya contó con un banco de fomento, y así nos fue. En 1944, los militares, obnubilados por las políticas industriales de Mussolini, crearon el Banco de Crédito Industrial para asegurar el autoabastecimiento fabril a cualquier costo. Durante el gobierno de facto del general Roberto Levingston, en 1970, su ministro de Economía y luego embajador kirchnerista, Aldo Ferrer...

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