Así, la naranja sí se mancha

 
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Tras relucientes años noventa en que ofreció alto nivel deportivo y catapultó a cracks como Manu Ginóbili y Luis Scola, la Liga Nacional de Básquetbol se siente en una meseta. Estancada, poco relevante, poco productiva. Por eso entre 2013 y 2014 dio un volantazo, cambió la dirigencia e instaló la idea de marketing e infraestructura como disparadores de una competición más atractiva.

Así, a fines de diciembre y para generar "juego limpio" y "buen comportamiento", aprobó el Código de Ética. Que debutó en seguida: en enero se sancionó por $ 16.500 cada uno a Leo Gutiérrez y Martín Leiva. Se habían quejado, fuerte y públicamente, de que el fixture perjudicaba a Peñarol. Incluso el cordobés personalizó su crítica en Fabián Borro, presidente de la Asociación de Clubes (AdC) y de Obras Sanitarias.

Ambos castigados y la Asociación de Jugadores (AdJ) arguyeron que no se podía multar por opinar, pero sus palabras acusatorias pasaron un límite. La sanción fue casi la mínima posible ($ 10.000), pero el enojo siguió: Atenas y La Unión hicieron una cruzada de brazos antes de su encuentro en Córdoba. El prudente acto de protesta halló pésimo eco en la AdC, que suspendió a los capitanes...

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