¿Estamos ya los argentinos en una dictadura?

Cuando la presidenta Kirchner anunció que iba por todo , cundió el temor de que "todo" significara literalmente "todos los poderes de la Constitución": el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. El Ejecutivo y el Legislativo ya los tiene. Con la reforma que acaba de anunciar, ahora la Presidenta va por el Poder Judicial y deja aislada a la Corte Suprema como una roca solitaria en medio del mar. Cualquier juez, y por supuesto la propia Corte, podría declarar inconstitucional buena parte del proyecto de reforma judicial que promueve la Presidenta. ¿Se animarán a hacerlo? Y, si se animan, ¿no intentará el Poder Ejecutivo una nueva resistencia?Estas dudas surgen de la metodología que está empleando la Presidenta para "ir por todo". Una metodología intransigente en cuanto a sus fines, pero, a la vez, gradualista en cuanto a sus medios. "Ir por todo" no significa ir por todo "ya". Cabe recordar aquí la anécdota del cocinero y la rana. Cuando un cocinero pretendió cocinar a una rana arrojándola en una sartén con agua hirviendo, la rana saltó despavorida. Aleccionado por la experiencia, el cocinero introdujo entonces una segunda rana en agua tibia y así logró cocinarla de a poco, sin que su víctima ni siquiera se diera cuenta.¿En qué consistiría la suma del poder que busca "gradualmente" Cristina? No sólo en concentrar en sus manos el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, sino también en liberar al primero de ellos de la otra restricción fundamental que lo limita. Esta otra restricción es el plazo . ¿De qué le serviría en efecto a Cristina obtener de un lado todo el poder al que aspira si, de otro lado, este poder viniera con fecha de vencimiento? Pero la Constitución prohíbe más de dos mandatos presidenciales consecutivos.El presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso dijo en su momento que "más de dos presidencias consecutivas es monarquía". Cardoso, él, había comprendido que la "tercera presidencia consecutiva" marca la distancia entre la república y el despotismo. Una distinción a la que Cristina, al parecer, no ha renunciado. No dice que en 2015 se irá. Tampoco dice que intentará quedarse. La norma más importante de nuestro sistema institucional se hunde, por lo visto, en la incertidumbre.Los constitucionalistas de 1853 no fueron, por su parte, nada ambiguos. El artículo 29 de la Constitución, que nunca fue derogado ni modificado, dice: "El Congreso no puede conceder al Ejecutivo Nacional facultades extraordinarias, ni la suma del poder público...

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