Una Argentina complicada e imprevisible

 
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Solo un milagro, poco habitual en política, puede salvar ahora la presidencia de Mauricio Macri. Alberto Fernández y Cristina Kirchner hicieron ayer una más que excelente elección y dejaron al Presidente casi sin posibilidad de reelección.Un voto oculto, que ni siquiera los encuestadores del kirchnerismo pudieron detectar, mostró ayer una realidad muy distinta de la que habían percibido las mediciones de opinión pública más prestigiosas. Cerca de Macri comenzaron ayer a trabajar en dos tareas: la campaña electoral con miras a octubre, cuando se realizará la primera elección en serio, y la más que probable transición entre el actual gobierno y la administración de Alberto Fernández.En rigor, Alberto solo necesita repetir la elección de ayer para ser elegido presidente en primera vuelta. Ni la suma de todos los votos de Roberto Lavagna, José Luis Espert y Juan Gómez Centurión le alcanza a Macri para cubrir la diferencia de casi 15 puntos que lo separa de Fernández. El primer objetivo del Gobierno es ahora conseguir que Macri sea el primer presidente no peronista en concluir su mandato desde 1928.Un país dividido cruelmente en dos mitades fue la conclusión más visible de ayer. Una parte de esas dos mitades parece deleitarse chapoteando en la grieta que divide violentamente a kirchneristas de antikirchneristas, a macristas de antimacristas. La polarización, espoleada por los dos grandes bloques electorales, no solo es nociva para cualquier noción de país; también resultó letal para el proyecto electoral del Gobierno. El kirchnerismo, digan lo que digan, tuvo más astucia para polarizar que la administración de Macri. Es cierto que el Presidente debía responder por una gestión que, según los datos de ayer, seducía tanto a los poderes fácticos de aquí y del exterior como resultaba antipática para amplios sectores sociales.Eso es lo que sucede con la otra porción de la sociedad, seguramente más importante que la que cultiva la grieta. Es la que expresa a sectores sociales acorralados por la penuria económica. El ajuste más severo que se haya hecho desde la crisis de 2001/2002 no podía pasar inadvertido en una elección presidencial sin cambiar todos los manuales políticos y electorales.El error fundamental del Gobierno, que ayer quedó expuesto en toda su amplitud, fue no haber hecho un claro balance del país que recibió no bien lo recibió. Más de tres años después es demasiado tarde. La teoría de Jaime Durán Barba de que era mejor el optimismo que...

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