Un apasionado filántropo medioambiental

 
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Había adoptado la Patagonia y Corrientes como su patria, y con su inconfundible acento de gringo expatriado solía decir que todos los habitantes del mundo debían pagar su renta por usufructuar el planeta. En su caso, ese "impuesto" se tradujo en una filantropía medioambiental inédita en la Argentina, a través de la donación de un parque nacional, la extensión de otro y la restauración de miles de hectáreas con fines de conservación.

Douglas Tompkins saldaba así su deuda como ex empresario textil, dueño de la marca Esprit, con la que amasó una fortuna que, ayudado por la dinámica bursátil, volcó íntegramente en sus proyectos ambientales. Su visión de ecologista extremo -influencia del filósofo Arne Naess, su mentor en la ecología profunda- lo empujó a repensar los hábitats desde la "contabilidad ambiental". Se oponía a las prácticas extractivas del "capitalismo salvaje" y predicaba sobre el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático y la extinción de la biodiversidad. Tenía la convicción de que el desarrollo y la producción de vanguardia deben ser una consecuencia de la conservación. Por eso, adquiría grandes porciones de tierras para reconstruir la cadena trófica y luego, saneadas, las donaba como parques nacionales. Sabía que esa tarea -ferozmente criticada, como cuando Luis D'Elía lo acusó de querer apropiarse del agua en los esteros del Iberá- era inabarcable y que suscitaba férreos rechazos por los intereses contrapuestos en juego. Inmune a esos cuestionamientos, él seguía adelante, convencido de que "las obras hablan por uno".

Jamás se tomaba vacaciones. Trabajaba sin tregua, junto a su segunda esposa, Kris McDivitt -ex CEO de Patagonia-, en sus proyectos ambientales los siete días de la semana. Podía pasar del rol persuasivo del orador internacional en Harvard al del fundraiser para ir a tocarle la puerta a Leonardo DiCaprio para que respaldara el regreso del yaguareté a Corrientes.

A pesar de su condición de extranjero, fue el mayor mecenas ambiental que tuvo el país y un activista y docente ecológico que dejó una huella indeleble entre quienes lo trataron y se sumaron a su causa. Su figura es hoy sólo equiparable a la del Perito Moreno, personaje al que admiraba y cuya visión intentaba contagiar entre argentinos y chilenos, promoviendo el rechazo a la minería, a las represas patagónicas, al uso de agroquímicos y de contaminantes.

Multifacético, fue exitoso en todo lo que emprendió. Sin embargo, abandonó sus...

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