Apasionadas por la ciudad: mujeres que revalorizan el ambiente urbano

 
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Una buzo profesional que se sumerge y recorre la red pluvial de la Capital para liberarla de obstrucciones que puedan provocar inundaciones y trastornos. Una recuperadora urbana que, junto a otras mujeres, creó una cooperativa de recicladores y hoy retiran 22 toneladas de residuos por día de las calles porteñas, mejorando la higiene y disminuyendo la contaminación.

Una vecina que dedica horas de su vida a fotografiar edificios y portones de alto valor arquitectónico para difundir la riqueza patrimonial de Buenos Aires e invitar sutilmente a preservarla. Una pintora dedicada al arte callejero que, con sus murales, busca no sólo embellecer rincones deteriorados de la ciudad, sino también dialogar con la sociedad.

Son sólo cuatro de las muchas mujeres que, desde el anonimato, dirigen su trabajo o su hobby a revalorizar el ambiente urbano en el que los porteños desarrollan su vida.

En el Día Internacional de la Mujer, LA NACION quiso contar sus historias y cómo ellas aportan su grano de arena al cuidado y la mejora de la ciudad de todos.

En otro tiempo y en otro espacio, y a pequeña escala, el empuje de estas mujeres rinde homenaje a aquellas obreras de Estados Unidos y de Europa que, a fines del siglo XIX y principios del XX, se organizaron en defensa de sus derechos laborales y cívicos. Varias veces eligieron el 8 de marzo para realizar protestas callejeras. Fue en 1977 cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó esa fecha como Día por los Derechos de la Mujer.

Carla Vidri: Impedir que se inunden las calles

Las jornadas laborales de Carla Vidri suelen comenzar en la oficina con vista privilegiada de la Dirección de Pluviales de la Ciudad. Funciona en los lagos de Palermo, entre patos y un sol que convierte el espejo de agua en un edén. Pero luego esta buzo, con importantes certificaciones internacionales, se sumerge en los desagües de toda la Capital y recorre bajo tierra "otra ciudad" que la mayoría de los habitantes desconoce. Vidri es la única mujer que realiza este trabajo impensado. "Todas las mañanas te levantás, te ponés un cuchillo entre los dientes y salís a recorrer la calle", dice la imponente morocha que trabaja en un equipo mayoritariamente masculino y que no duda en calzarse botas, el chaleco y casco para adentrarse en los conductos subterráneos y verificar que no haya nada que impida el drenaje del agua ante una tormenta. "Me apasiona mi trabajo, me gusta mirar a mi hijo a la noche y contarle lo que hicimos...

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