Cuando el amor de tu vida llega por TV

El invierno-bisagra que fue 2015 para el deporte argentino se recordará por los éxitos de la natación, el judo o el atletismo, incluso por la euforia panamericana del beach-voley. Fantásticos todos, sí, aunque condenados a diluirse pronto de no haber mediado el aporte de un protagonista fundamental: la televisión.

Lo grafica impecablemente Sebastián Crismanich, ese oro olímpico en taekwondo que tres años atrás lloró junto a medio país con la medalla de oro al cuello y el himno sonando en Londres: "No a todos les tiene que gustar el fútbol. Hay muchos que pueden encontrar a través de la tele al amor deportivo de su vida".

Amor oculto por años para los argentinos, condenados al monocultivo del fútbol, básquetbol, tenis, boxeo o automovilismo. Todo lo demás era minoritario y un exotismo televisivo. Se dependía de El Ancho Mundo de los Deportes los domingos, a la tarde, por el viejo Canal 11 para ver algo diferente. Y así y todo, siempre lejano.

Tiempos prehistóricos a estas alturas, sí, pero que modelaron un país. No fueron casuales las cero medallas de Los Angeles 84 o la espera de 64 años hasta que un argentino -Crismanich- volviera a ganar un oro olímpico individual.

Y aunque son cada vez menos los que dependen del televisor para ver deportes, son también muy pocos los que se resisten al atractivo de una pantalla en la que brilla el deporte.

Pantalla que este invierno brilló como nunca. Años atrás, nadie imaginaba a la televisión argentina instalada en...

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