El amor y la muerte, las dos cuestiones que mueven el mundo

 
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El amor es una extraña droga que, creemos, nos aleja de la muerte. Esta idea apareció en la mente de la dramaturga y directora Mariana Chaud y se volvió tema central de su nuevo espectáculo, No me pienso morir, que se estrenó en el Cervantes y protagoniza Graciela Dufau, quien con 55 años de carrera, se animó a vivir la experiencia de trabajar con actores 40 años más jóvenes que ella. De este cruce estético y generacional, surgió una propuesta que busca mostrar los hilos de la construcción amorosa en distintas épocas, sin dejar de hacerse una pregunta: ¿Queremos prescindir de la pasión?

La primera inspiración que tuvo Mariana Chaud para escribir su obra fue la novela Amalia, que José Mármol realizó a mediados del siglo XIX. De esa fuente primaria en la que la protagonista es una espectadora de las hazañas de los hombres, Chaud decidió construir su Amalia del siglo XXI. En esta versión, la protagonista es interpretada por Dufau como una mujer bella y narcisista que recuerda un amor del pasado y siente que gracias a ese relato, se aleja de la muerte y del cinismo del presente.

"En nuestra época está casi mal visto y hasta parece ingenuo hablar del gran amor, es como algo antiguo. Pierde un poco de gracia el relato de la historia amorosa. Entonces, la obra trata de mostrar cómo esos discursos van cambiando a lo largo de la vida y de las épocas", explica Chaud.

La obra está estructurada en dos épocas que se entremezclan, en un interesante juego escénico: en 1936, momento en la que una Amalia joven y bella viaja junto a su mucama en un barco hacia Europa para casarse, mientras vive un romance apasionado con el capitán del barco; y en 1988, cuando Amalia ya abuela, rememora su pasado y trata de vincularse con su hija agotada del narcisismo de su madre y nietos que no la entienden y la miran como a un personaje caricaturesco.

"Hay una escena de la película Las horas que no me canso de ver. Es cuando Meryl Streep habla con su hija acerca de la felicidad. Dice: «Yo me acuerdo que un día me desperté y sentí que todo era posible, que de ahí en adelante todo eso era felicidad. Después comprendí que era ese instante la felicidad, ese momento, no de ahí para adelante»", recuerda Dufau. Esa idea de la felicidad efímera, que en cuanto se reconoce desaparece, es una posible explicación que encontró la actriz para interpretar a un personaje que vive en el pasado. "Para ella, ese recuerdo del gran amor, ese instante, ese beso con un capitán de barco, quedó...

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