Ahora, Cristina tiene más poder

Dijo que después de la carta estaba dispuesto a soltar amarras con ella. El Presidente ya no la necesitaba. se había ido sin que nadie la echara. Fueron pocos los que conocían esa decisión presidencial, pero el entusiasmo fue grande. Duró poco. En los últimos días, volvió a elegir la reconciliación con ella. Reconciliación necesaria porque Cristina congeló la relación entre ellos desde mucho antes de escribir aquella carta de lejanía y otredad. ; hizo trascender que podría aceptar una mayoría menos estricta para el acuerdo en el Senado del jefe de los fiscales (que es lo que Cristina quiere), y calló ante una mayor carga impositiva (instalada en el presupuesto por la expresidenta y ) que beneficia y perjudica a amigos y enemigos. La condición de persona imprevisible y audaz, dispuesta a ir hasta más allá del peligro, provoca temor en los políticos clásicos. Alberto Fernández es un político clásico. Con eso le basta a Cristina. Con la amenaza le sobra.Ni ni el Presidente enviaron al Congreso un presupuesto con tanta carga impositiva nueva. El ajuste que ellos sí decidieron aplicarle a la economía pasa, como de costumbre, por dos ejes fundamentales: la licuación de las jubilaciones mediante pobres aumentos semestrales e incrementos considerables en el precio de las tarifas de los servicios públicos, que vienen congeladas desde hace más de un año. Es el ajuste tradicional, mejor o peor hecho, que imponen todos los gobiernos cuando les cae la noche. Son las partidas, además, que realmente importan y comprometen el presupuesto. Es cierto que tanto Alberto como Guzmán están ahora de acuerdo en acompañar el impuesto a la riqueza, una creación de y , que es otro mensaje contradictorio a los inversores. ¿Para qué invertir en un país que no solo tiene una enorme carga impositiva, sino que además inventa nuevos gravámenes solo porque se quedó sin plata? La Argentina no es un país con malas reglas del juego. Es peor: no tiene reglas.Los nuevos impuestos benefician a sectores del gobierno que controla Massa, como AySA y Transporte, y a los dueños del juego nacional y popular ( , obviamente). Los dueños nacionales del juego tendrán una carga impositiva un 50 por ciento menor que los extranjeros. Y tendrán otro 50 por ciento de rebaja para los que hagan "inversiones genuinas", aun en las apuestas online, que crean pocos puestos de trabajo. ¿Quién definirá que las inversiones serán "genuinas"? El Gobierno, por supuesto. Una alianza imprevista se produjo...

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