Advierten que para salir de la pobreza debe cambiarse la política de subsidios

Destinar millones y millones de pesos a mantener congeladas las tarifas de servicios públicos; otorgar jubilaciones a quienes no hicieron aportes, o incluso a elevar en forma directa los ingresos que llegan a un grupo de hogares no garantiza que se esté transitando un camino de salida de la pobreza, ni muchos menos significa que se esté en vías de reducir las desigualdades sociales, que, por el contrario, tienden a ampliarse con un reparto discrecional de recursos.En un análisis con muy fuertes críticas a la manera en que se administran los fondos públicos destinados a subsidios económicos, la Escuela de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA) advierte en su último informe que, en las políticas sociales, la prioridad debería ser "apuntar al desarrollo de capacidades en los sectores más vulnerables, para que ellos puedan ser gestores de su propio progreso".Lejos de que ello ocurra, dice el estudio, el reparto de subsidios muestra hoy varias desprolijidades que hacen que, por ejemplo, se beneficie a sectores de ingresos medios y altos, en detrimento de los que menos tienen y viven en la precariedad.El incremento de los montos destinados a subsidios económicos -se proyecta que en todo este año llegarán a $ 140.000 millones y que casi la mitad estará en servicios públicos domiciliarios- fue posible gracias al crecimiento de la economía y también de la presión tributaria que pesa sobre los ciudadanos. En el primer caso, el PBI creció 70%, corregido por inflación, entre 2000 y 2012, según la estimación del informe de los economistas. Medida sobre el producto bruto, la carga fiscal pasó, en tanto, de 21 a 37 por ciento.Sin embargo, ese fuerte incremento de los recursos captados por el Estado no se tradujo -se advierte- en una reducción significativa del nivel de pobreza estructural.Así, según los datos relevados por la amplia encuesta del Observatorio Social de la UCA, hecha en 2012, un 26,8% de los hogares de zonas urbanas no tiene conexión a la red de gas natural, en tanto que un 34,1% no accede al servicio de cloacas.Los porcentajes, claro, difieren mucho según qué segmento de la población se mire. En el caso del gas, si se observa el universo del 10% de los hogares que tienen el ingreso per cápita más bajo, sólo tres de cada 10 tienen el servicio, en tanto que en el decil siguiente el 40% posee la conexión. ¿Qué pasa entonces? Que esas familias, que están justamente entre las de menores ingresos, no perciben...

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