Los abogados y la Justicia

 
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La sociedad argentina, como nunca antes, reclama por un mejor desempeño de la Justicia, tanto respecto de su independencia cuanto de su eficiente desempeño. Siempre hemos sostenido que no corresponde reprochar a todos los jueces y funcionarios por esos problemas, pero sí una actitud de firme liderazgo y de compromiso con el cambio. No son horas de simples mejoras sino de transformación.

Los abogados son una parte esencial del sistema, porque su intervención es obligatoria en prácticamente todas las actuaciones ante los tribunales.

La Argentina mantiene por ley un régimen de habilitación profesional automática, por el mero hecho de que alguien haya obtenido un grado académico. La matriculación en los colegios de abogados sólo se otorga a cambio de un mero trámite burocrático, para siempre y para todo tipo de tareas profesionales cualquiera sea la instancia. No ocurre eso ni siquiera a la hora de otorgar una licencia para conducir un automóvil o una habilitación comercial. Entre nosotros los abogados se forman, mejor o peor, en el Derecho, y por eso obtienen una licencia para practicar la abogacía, que es un arte que requiere de un entrenamiento en muchas más habilidades que el conocimiento de aquella disciplina.

Esa identificación entre el título universitario y la habilitación profesional, en virtud de la cual presumimos que luego de haber regulado minuciosamente quién puede ofrecer estudios de Derecho y qué debe enseñar el producto terminado será necesariamente bueno, no es compartida en ninguno de los países desarrollados del mundo, donde se requieren exámenes finales de grado o procesos de admisión a la profesión diferenciados, tomados por organismos que pueden tener representada a la academia pero en los que también participan tribunales o colegios profesionales. En algunos países también se exige una capacitación continua para mantener el derecho de ejercer la...

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