1793-2013: de la guillotina al Cedin

 
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Mientras el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner busca persuadir a empresas y ciudadanos de que se adhieran al controvertido y acepten los hasta ahora resistidos Certificados de Depósito de Inversión (), se han cumplido 220 años del trágico proceso hiperinflacionario de la Primera República revolucionaria de Francia, del que los argentinos debiéramos extraer interesantes lecciones.En 1793 fue sancionada la Constitución francesa, inspirada en principios republicanos como la división de poderes. Pero a los dos meses fue dejada en suspenso por el grupo liderado por Robespierre, Danton, Marat y Saint Just, para quienes la emergencia bélica y las reformas sociales encaradas eran incompatibles con una Constitución social, pero burguesa. La "dictadura revolucionaria" requería absoluta centralización del poder en la Convención Nacional y por delegación, en los Comités de Salvación Pública y de Seguridad General. Este último controlaba, a su vez, el Tribunal Revolucionario.Claro que hasta los gobiernos más moralizadores e idealistas (Robespierre era "el Incorruptible") pierden apoyo cuando la inflación afecta la vida de las familias. De poco vale invocar "Libertad, Igualdad y Fraternidad" cuando esos principios son negados, en los hechos, por hijos dilectos del fenómeno inflacionario como la carestía y la especulación.La secuencia de errores económicos cometidos desde 1789, y profundizados a partir de 1793, son un ejemplo de mala praxis y voluntarismo autoritario. En lugar de reconocer las causas se recurrió a la emisión monetaria, lo que provocó inflación. Luego se atacaron las consecuencias, persiguiendo al campo, congelando precios, clausurando comercios, estableciendo el control de cambios, prohibiendo exportaciones, censurando publicaciones y manejando la economía "manu militari", entrando en un círculo vicioso que siempre requería nuevas prohibiciones y más prisiones. Una historia repetida, que los argentinos conocemos bien.El gobierno revolucionario, carente de recursos fiscales y asediado por las coaliciones extranjeras, inventó los célebres "asignados" ("Assignats") para recomponer las arcas del Estado con fondos que los particulares escondían bajo el colchón. Se trata de un antecedente de los Cedin que el gobierno de Cristina Kirchner aspira a entregar a quienes blanqueen moneda extranjera no declarada.La idea era atraer a quienes tenían moneda dura (luises de oro o escudos de plata) para que adquiriesen cuotas partes de las tierras confiscadas al...

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