Willy G. Bouillon: el periodista que iluminó con su poesía

 
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Un hilo leve, pero de cálido y sabio entramado, se ataba a la memoria de todo encuentro con Willy G. Bouillon, poeta, conversador nato y, por más de treinta años, periodista de LA NACION. No fue una de las estrellas que brillan en el fárrago cotidiano y profesionalizado de hacer posible un diario. ¿Pero por qué haberle pedido algo más si, más que brillar, iluminaba? Iluminaba a los compañeros sobre la potencialidad inmensa de la poesía para conectar a los hombres con el más alto grado de sus conciencias y sugerirles la dirección del camino apropiado para que cada uno extrajera, en reflexiones íntimas, la mayor sustancia moral y estética para la vida.

La obra del autor de Final de universo, Horizonte de suceso y La conciencia absoluta, entre otras publicaciones, había sido distinguida por la Secretaría de Cultura de la Nación y por el Fondo Nacional de las Artes.

En LA NACION se había incorporado al llegar como corrector de pruebas. Apenas tuvo que cruzar Florida para encontrarse con el diario, pues trabajaba hasta entonces como vendedor en El Ateneo y LA NACION todavía conservaba el edificio construido por Martín Noel.

En su anecdotario tan inagotable como atrapante se destacaba el de la instrucción recibida de acompañar al más ilustre de los clientes de la librería a tomar un taxi en Florida y Sarmiento. Acompañó así a Jorge Luis Borges en el breve recorrido que aprovechó para preguntarle cuál creía que era la mejor de sus obras. Borges contestó: Historia universal de la infamia. Abrió Bouillon la puerta del taxi, y antes de que este partiera se oyó desde adentro una voz grave, que advirtió: "Ahora que lo pienso, creo que mejor título hubiese sido «Historia...

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