Se fue una 'voz' distinta en la guitarra rioplatense

 
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Existe un carácter, un toque sutil de cuerdas, un parpadeo de notas y dedos sobre las cuerdas de una guitarra entre los cuales es posible reconocer influencias, pero que al mismo tiempo crean un universo nuevo. Marcelo Flores Chiachiare, que falleció el domingo pasado tras luchar contra una larga enfermedad, fue uno de esos guitarristas que aparecen cada tanto, o nunca, quién sabe, en la escena de la música argentina. En 1999 durante las sesiones del primer disco de la oscura banda Ángela Tullida, empezó a delinear "su sonido" que consistía en un cribaje de rock, tango y otras músicas como el bolero, pero reescritos y amasados al mejor estilo Marc Ribot o Ray Cooder (que no conocía demasiado). Quienes admiraron aquellas sesiones descubrieron que lo que hacía en ese instrumento tan "ordinario" era distinto, expresivo, oscuro, delicado y fundamentalmente rioplatense con referencias locales a Palo Pandolfo, el "Tata" Cedrón o sus admirados Pequeña Orquesta Reincidentes. Los tres discos en el más profundo "under"...

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