Esta vez, ni la soja trajo calma

 
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La plaza cambiaria local perdió hace rato la calma que intentan transmitir las pantallas de la City porteña, mostrando al precio del dólar deslizándose a un ritmo cansino, constante, y entre dos y tres veces menor que la tasa de inflación real desde hace años.Tras esa mascarada, el mercado bulle. Y, lo que es peor, los agentes económicos ya incorporaron como dato básico para sus negocios y operaciones que, si por algo no deben guiarse, es por las cotizaciones que transmiten esas pantallas...Por el contrario, adoptan otras que nadie sabe quién fija, pero cada vez más agentes toman como válidas o, por lo menos, como más indicativas a la hora de cerrar transacciones.Detrás de este fenómeno, está la persistencia de una elevada tasa de inflación pese al contexto de fuerte desaceleración que registra el nivel de actividad. O peor aún, la aceleración que las propias estadísticas oficiales detectan (el nivel general del índice de precios al consumidor creció 3,5% en el primer cuatrimestre del año, frente al 3,1% de un año antes), aun cuando ambos se confeccionan tomando valores difíciles de ubicar en cualquier góndola de supermercado e imposibles de contrastar, desde que el Indec optó en 2008 por el ocultismo estadístico para evitar desacreditar sus propias mediciones.Pero lo que llama la atención o, para mejor decir, inquieta sobremanera a los operadores es que el Gobierno haya decidido darle otra vuelta al torniquete que aplica desde fin de 2011 a la demanda privada de divisas cuando la plaza cambiaria local transita lo que se conoce como su "temporada alta", es decir, el período del año en que se concentra el grueso de las liquidaciones sojeras, el principal y más estable aporte de divisas al país en la última década.No es sólo eso...

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