Esta vez no es el invierno: hay que pasar la primavera

 
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Álvaro Alsogaray hizo famoso su eslogan "hay que pasar el invierno", pero probablemente no sea esa estación del año la más cruda que enfrente Cristina Kirchner en el último año de su segunda gestión.

Una de las principales restricciones que enfrenta la Presidenta es la falta de dólares, necesarios para pagar una serie de compromisos: las importaciones de combustibles y energía, de bienes y de insumos; el pago de deudas y financiar el ahorro en moneda extranjera; las remesas de utilidades y pagos de derechos, y el turismo.

El Gobierno impuso restricciones con notable impericia y por eso sufrió faltantes hasta de tampones, puso en crisis la industria automotriz y periódicamente aparecen carencias de instrumentos para la salud como jeringas y sondas, y últimamente, también alimentos especiales que usan quienes no pueden comer por sí, como tristemente le ocurrió a Gustavo Cerati desde el ACV que sufrió hasta su deceso.

En el equipo económico hay una generalizada inexperiencia tanto en el sector público como en el privado. Como dicen los empresarios que han visto varios procesos parecidos, lo primero que hay que hacer al colocar una restricción es armar la lista de excepciones. Para un gobierno es muy dañino quedarse sin productos cotidianos, como los tampones, o que escaseen medicamentos sencillos, como el paracetamol o incluso drogas oncológicas.

Pero es muy probable que en los próximos meses del otoño y del invierno no haya tanta estrechez de divisas. El salvavidas es la soja y la cosecha que ya está en marcha. "Los chacareros no van poder retener y venderán, porque tienen que cubrir los gastos de siembra y cosecha, hechos con deuda", dicen en el sector. Calculan que eso mantendrá un flujo razonable de divisas al menos hasta agosto próximo y permitirá al oficialismo hacer campaña diciendo que vencieron una "corrida desestabilizadora", que lograron "un tipo de cambio de equilibrio" y que gracias a los operativos policiales vencieron a los "especuladores". La propaganda habitual.

El problema comenzará, calculan en el sector agropecuario, cuando los chacareros hayan pagado las deudas. Calculan que sólo venderán lo necesario para solventar el día a día. Y lo demás lo acopiarán. Eso, creen, ocurrirá a partir de agosto.

Como el Gobierno siempre se adelanta a pedirles a los grandes exportadores que anticipen las divisas que ingresarán en los próximos meses, prevén que los telefonazos comenzarán en junio. En agosto, las ventas caerán más todavía...

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