El Vaticano, la nueva Puerta de Hierro

 
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Justo en estas horas de estrecha sintonía entre el jefe universal de la Iglesia Católica y la jefa espiritual del kirchnerismo, una noticia vino a fastidiar tan pía armonía: quedó firme el fallo que ordena pagar al ex obispo castrense monseñor Antonio Baseotto la asignación vitalicia por el cargo que ocupó. El presidente Néstor Kirchner lo había echado en 2005 y ahora Baseotto cobrará las mensualidades que le adeudan desde entonces.Aquél fue el momento de más tensión de la "década ganada" con la Iglesia argentina; la de ayer fue, con plácemes y regalos, la jornada de mayor armonía, al menos en las cabezas de sus líderes máximos. Como una broma del destino, o por disposición divina, ambos extremos se tocaron para demostrar que todo es posible en la viña del Señor.Los humores oscilantes entre el peronismo y la jerarquía católica es un clásico de toda la vida. Tanto en las buenas como en las malas esa relación se convirtió en un formidable vehículo de comunicación para el partido más popular de la Argentina.Así, en 1946, el "coronel del pueblo" recibió una ayudita fundamental de la jerarquía católica que aconsejó a sus feligreses a no votar a aquellos candidatos que auspiciaran una educación laica y el divorcio (la Unión Democrática, el frente que se oponía a Perón). Pero ocho años más tarde, el "Magnetto" o los "fondos buitre" de turno fueron las sotanas. La religión salió igual de las escuelas públicas y hubo divorcio para todos y todas.El combustible fundamental del justicialismo en el poder en cualquiera de sus vertientes es la agitación pública en torno de un enemigo. Esto le permite armar una épica febril alimentada con consignas, discursos, concentraciones, propaganda y ahora también un uso intenso de las redes sociales, incluso por parte de la titular del Poder Ejecutivo. El peor momento en aquella época fue el incendio de templos porteños que los bomberos contemplaron arder con displicencia.Más que ofensivo -salvo en el episodio Baseotto y las broncas puntuales ante documentos críticos del Episcopado-, el kirchnerismo prefirió manejar con frialdad la relación pública con la Iglesia, al ignorar lo más que pudo a su figura máxima, el entonces cardenal Jorge Bergoglio, esquivando sus homilías patrias en la Catedral."Si lo eligen, ¡nos va a gobernar desde Roma!", temía Néstor Kirchner en 2005, según cuenta Laura Di Marco en su libro Cristina Fernández. La verdadera historia. Kirchner quería hacer circular entre cardenales clave un dossier con las...

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