Variaciones sobre Las mil y una noches

 
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La escena ocurre en Tánger, la ciudad marroquí, en algún momento de los años noventa. Mi cicerone en la ciudad me invita, con gran protocolo, a cenar a su casa. La mujer, toda amabilidad, dispone la comida sobre la mesa baja mientras las dos hijas pequeñas de la pareja se dedican a observar con curiosidad al invitado. Nos sentamos en el suelo, sobre unos almohadones. Comenzamos a comer con la punta de los dedos (como se acostumbra en la cultura árabe), cuando el dueño de casa enciende el televisor. Toda la familia se queda sin pestañear. Al mirar la pantalla, pienso en espejismos. Por la pantalla evoluciona, debidamente doblado al árabe, un galán de telenovela argentina (Gustavo Bermúdez) que va al encuentro de una estrella femenina ídem (Andrea del Boca).

Quizás al mundo no lo guíe tanto la astucia de la razón como la justicia poética. Cuando durante el arraigado vicio del zapping llego a Las mil y una noches, la telenovela turca favorecida por parte del público argentino, resulta imposible no sospechar una irónica devolución de gentilezas por la cantidad de telenovela argentina exportada a los rincones más diversos del mundo. Al mismo tiempo me invade la misma curiosa sensación de extravagancia que debían experimentar ante lo remoto mis anfitriones magrebíes.

El culebrón turco, al apropiarse de un nombre que circula desde hace siglos en nuestro imaginario, es capaz, contra todo, de efectos colaterales mágicos: la semana última, Las mil y una noches, el clásico medieval de narraciones árabes, ingresó de manera inesperada, gracias a la rapidez de reflejos de cierta editorial, en la lista de libros más vendidos. Los lectores potenciales ¿creerán que en sus páginas van a hallar la tortuosa historia del constructor Onur y la arquitecta Sherezade? ¿O la resonancia del nombre los lanzó a perderse voluntariamente en los laberintos de uno de los libros más formidables del pasado? Poco y nada tiene que ver la producción televisiva con la colección de relatos enmarcados que la Scheherazade original devana noche a noche ante el rey Scharyar para evitar la muerte a la que se ven condenadas las doncellas que comparten su lecho. Nada excepto, quizás, el talento de la narradora para saber dónde interrumpir el relato que favorece el suspenso, una virtud que en su momento usufructuó el folletín y hoy replican tanto series como telenovelas.

La tergiversación del título permite recordar, en todo caso, que Las mil y una noches originales parten también de un...

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