Usos del agua

Autor:Lilian del Castillo
Páginas:69-126
RESUMEN

1. Utilización y usos del agua. 1.1. Uso doméstico. 1.2. Uso para riego. 1.2.1. Principales sistemas utilizados. 1.2.2. Regiones de riego. a) Agricultura pampeana. b) Economías agropecuarias regionales. 1.2.3. Calidad del agua de riego.a) Efluentes locales. b) Descargas de petróleo o sus derivados. c) Contaminación de las aguas de riego con agroquímicos. d) Contaminantes con efluentes... (ver resumen completo)

 
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1. Utilización y usos del agua. La utilización del agua es el conjunto de los diferentes usos para los cuales se emplea y que la identifican como un recurso natural, es decir, un elemento apto para satisfacer las necesidades humanas. Los recursos hídricos y su gestión forman parte de la administración pública, como pueden serlo la energía, la salud o la agricultura. El agua no es, por lo tanto, un sector más, o no debería serlo, porque es un recurso que forma parte de todos ellos, ya que puede generar energía, ser determinante en el nivel de salud de la población y ser un insumo esencial en la agricultura. El agua es un factor determinante de la economía que debería integrarse en cada uno de los sectores como un recurso relevante. De esta manera, se aproximaría la relación entre demanda y disponibilidad de agua y se otorgaría a la gestión del agua su verdadera dimensión en la toma de decisiones. Además de ser de manera incompleta un sector en sí mismo, la gestión del agua se vuelve a sectorizar en los diferentes usos, con lo que se aleja la meta de alcanzar una planificación integrada. El objetivo de avanzar hacia la gestión integrada e integral que permita lograr la utilización sustentable del agua debe superar, en consecuencia, el enfoque sectorial. El agua es un recurso común a diversos sectores y debe formar parte de la agenda de decisiones en todos ellos74. Los usos del agua se clasifican en dos grupos: consuntivos y no consuntivos. Los primeros son aquellos en los que la utilización produce pérdidas de la cantidad de agua, y los principales son el abastecimiento de agua potable, el abastecimiento a la industria manufacturera y la agricultura bajo riego. Los segundos son los que no producen pérdidas cuantitativas, como la navegación y el transporte, la generación hidroeléctrica y las actividades recreativas. Todos los usos, sin embargo, son susceptibles de ocasionar efectos cualitativos en el agua, produciendo alteraciones físicas, químicas o ambientales. En el territorio argentino, los principales usos consuntivos del agua son el uso agrícola, que incluye el desarrollo de la agricultura bajo riego y de la ganadería, con el 73% del total; el uso industrial, que comprende también la minería, que se estima en el 18%; y el uso doméstico de abastecimiento de agua potable, con el 9% (GWP, 2000). El aprovechamiento de los cursos de agua para producción de energía eléctrica y para la navegación es, asimismo, de importancia significativa para la economía nacional. 1.1. Uso doméstico. Lo que se denomina "uso doméstico" comprende el agua distribuida a través de redes municipales a hogares, comercios, industrias y a los servicios propios de los municipios, para ser utilizada en diferentes actividades cotidianas. En el caso del agua potable, el consumo básico que se considera como suficiente y apropiado depende de los hábitos de la población, así como de las condiciones climáticas y cultu-rales. Un consumo de 20-40 litros de agua por persona y por día constituyen el suministro básico en zonas de gran escasez, aunque se considera que la cantidad mínima es de 50 litros. Estos valores aumentan con la cantidad de agua disponible y la calidad del servicio ofrecido. De acuerdo con la estimación realizada en 2003, 2,4 millar de millones de personas en el mundo no tienen acceso a servicios de saneamiento y 1,1 millar de millones de personas carecen de acceso al agua potable75. La oferta hídrica de 9.000 km3 cubría el 94% de las necesidades de la población mundial en 1900, el 85% en 1950 y sólo el 56% en 2000, debido a que la cantidad de habitantes se triplicó en el siglo XX. La tendencia revela el aumento de la crisis de demanda de agua en las próximas décadas76. El uso doméstico en general y la provisión de los servicios de agua potable en especial, son esencialmente materias de carácter urbano. El siglo XXI acentuará la transferencia de población a las ciudades, que para el 2020 serán la residencia del 60% de la población global. Esta realidad instala tres desafíos: el desafío social, para asegurar agua suficiente para las diferentes demandas competitivas; el desafío ambiental, para asegurar la protección del recurso frente al aumento de los efluentes; y el desafío financiero, por los costos crecientes originados en la provisión desde fuentes cada vez más distantes y degradadas77. El cálculo del consumo normal para los distintos sistemas de abastecimiento suele hacerse con los siguientes valores de consumo tipo de agua a domicilio78.
Lavarropas (10 kg de ropa en dos lavados) 150 litros/ciclo
Baño de inmersión 200/350 litros
Lavado de auto mediano (durante 25 minutos) 150/200 litros
Descarga de inodoro 20 litros por vez
Depósito de inodoro con deficiencia en flotante 4.500 litros por día
Una ducha de diez minutos 185 litros
Lavarse las manos 6 litros
Canilla goteando 46 litros por día
Afeitarse con agua sin parar 74 litros
Regar el césped durante 10 minutos 277 litros
La cobertura de los servicios de agua potable y saneamiento tiene un alto nivel de prestación en la Argentina, ya que -según indican las estadísticas- el 83,75% de la población urbana de todo el país está conectada a redes de agua potable y el 54% de esa población dispone de redes de alcantarillado79 . Como se puede avizorar por la existencia de una red tan compleja, se registran problemas crecientes en distintos aspectos de estos servicios, como las pérdidas en las redes de distribución, el tratamiento de efluentes, el desagüe urbano y rural y el consumo irracional, entre otros. Para el 2000, la extracción de agua a escala nacional para uso municipal y doméstico se estimó en 4,5 km3/año80. En el área metropolitana de la ciudad de Buenos Aires, el consumo se calcula en 550 litros por habitante por día, cifra que se encuentra entre las más altas del mundo. En algunas provincias, entre las que podemos citar la de Tierra del Fuego, se presentan situaciones similares. En este último caso, a la inversa de otros lugares, los picos de consumo se dan en invierno y no en verano, principalmente porque los pobladores dejan los grifos abiertos para evitar que se congelen los caños mal aislados81. Todos los habitantes pueden usufructuar el uso doméstico del agua sin otra limitación que la adecuación a los reglamentos vigentes. En cuanto al uso municipal, los marcos reguladores establecen la necesidad de que la autoridad de aplicación otorgue previamente la concesión del uso82. Al estimar el aumento futuro del consumo de agua debe tenerse en cuenta que simultáneamente genera un mayor volumen de aguas servidas. En muchos casos, los efluentes alcanzan los cuerpos receptores a través de canales abiertos o se dejan infiltrar en las inmediaciones del lugar donde se producen, prácticas inadecuadas que contaminan las aguas superficiales y representan un inmenso peligro para las aguas subterráneas. Por lo tanto, antes de llevar a cabo cualquier proyecto de abastecimiento de agua -ya sea de agua potable o de agua de riego-, será indispensable realizar los estudios de impacto ambiental y adoptar las medidas apropiadas para reducir los efectos adversos. 1.2. Uso para riego. 1.2.1. Principales sistemas utilizados. La agricultura bajo riego es el mayor uso consuntivo del agua tanto a escala internacional como nacional. Los diferentes sistemas de riego se emplean especialmente en las regiones áridas y semiáridas, aunque va en crecimiento la utilización de riego para aumentar el rendimiento de los predios aun en la Pampa húmeda. Si bien el riego de estas zonas representa sólo alrededor del 14% de la superficie total regada, en las últimas décadas su ritmo de crecimiento ha sido más acelerado que el de las zonas áridas83. En la Argentina, según diversas fuentes, el sector riego representa el 73% de todas las extracciones para uso consuntivo del agua y abarca aproximadamente una superficie de 1.700.000 hectáreas (Banco Mundial, 1999 ). Se estima que el volumen total de extracción para la agricultura es de 24 km3/año. El 98% se usa para riego y el resto para bebida de ganado. El país posee aproximadamente 125 zonas de riego, en las que se practica el riego integral y complementario, tanto público como privado. Una elevada proporción de la producción total de ciertos rubros agrícolas se obtiene con riego: 10% de la uva, el arroz y el olivo; 97% de los frutales de carozo y de pepita; y más del 75% de frutales y hortalizas. En las zonas áridas y semiáridas se tiene registro por parte del Estado de las concesiones y usos de agua. En otras zonas, el uso es principalmente privado, por bombeo directo de fuentes superficiales y subterráneas, sin que, generalmente, exista concesión o permiso de uso del agua, lo cual dificulta el control y conocimiento exacto de las superficies irrigadas. Por lo general, la eficiencia del riego es baja, alrededor del 40%, y cuando se hace mediante permisos, en general, no se supervisa el uso real. Ello se debe al bajo nivel de exigencia técnica de los entes que otorgan las concesiones, al valor relativo asignado al agua como recurso y al bajo mantenimiento de los sistemas de riego. Una notable excepción se encuentra en la provincia de Mendoza, que tiene un sistema de riego y descarga bien implementado, y en algunas otras regiones, como el Alto Valle del río Negro, donde el riego es relevante84. Los efectos que se observan en muchas zonas son el deterioro de los suelos por exceso de aplicación de agua y por falta de conservación de los sistemas de aducción y descarga, además de otros efectos negativos propios del riego, como la salinización y la contaminación con nitratos y otros elementos de las aguas subterráneas85. La extracción de agua subterránea para riego es estimativa, se calcula en 10.000 millones/m3/año, porque no existe, a nivel nacional, un mecanismo de registro y control de abstracciones. De los 278 millones de hectáreas que conforman la superficie continental del país, se encuentran
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