Usos del agua

Autor:Lilian del Castillo
Páginas:69-126
RESUMEN

1. Utilización y usos del agua. 1.1. Uso doméstico. 1.2. Uso para riego. 1.2.1. Principales sistemas utilizados. 1.2.2. Regiones de riego. a) Agricultura pampeana. b) Economías agropecuarias regionales. 1.2.3. Calidad del agua de riego.a) Efluentes locales. b) Descargas de petróleo o sus derivados. c) Contaminación de las aguas de riego con agroquímicos. d) Contaminantes con efluentes... (ver resumen completo)

 
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1. Utilización y usos del agua. La utilización del agua es el conjunto de los diferentes usos para los cuales se emplea y que la identifican como un recurso natural, es decir, un elemento apto para satisfacer las necesidades humanas. Los recursos hídricos y su gestión forman parte de la administración pública, como pueden serlo la energía, la salud o la agricultura. El agua no es, por lo tanto, un sector más, o no debería serlo, porque es un recurso que forma parte de todos ellos, ya que puede generar energía, ser determinante en el nivel de salud de la población y ser un insumo esencial en la agricultura. El agua es un factor determinante de la economía que debería integrarse en cada uno de los sectores como un recurso relevante. De esta manera, se aproximaría la relación entre demanda y disponibilidad de agua y se otorgaría a la gestión del agua su verdadera dimensión en la toma de decisiones. Además de ser de manera incompleta un sector en sí mismo, la gestión del agua se vuelve a sectorizar en los diferentes usos, con lo que se aleja la meta de alcanzar una planificación integrada. El objetivo de avanzar hacia la gestión integrada e integral que permita lograr la utilización sustentable del agua debe superar, en consecuencia, el enfoque sectorial. El agua es un recurso común a diversos sectores y debe formar parte de la agenda de decisiones en todos ellos74. Los usos del agua se clasifican en dos grupos: consuntivos y no consuntivos. Los primeros son aquellos en los que la utilización produce pérdidas de la cantidad de agua, y los principales son el abastecimiento de agua potable, el abastecimiento a la industria manufacturera y la agricultura bajo riego. Los segundos son los que no producen pérdidas cuantitativas, como la navegación y el transporte, la generación hidroeléctrica y las actividades recreativas. Todos los usos, sin embargo, son susceptibles de ocasionar efectos cualitativos en el agua, produciendo alteraciones físicas, químicas o ambientales. En el territorio argentino, los principales usos consuntivos del agua son el uso agrícola, que incluye el desarrollo de la agricultura bajo riego y de la ganadería, con el 73% del total; el uso industrial, que comprende también la minería, que se estima en el 18%; y el uso doméstico de abastecimiento de agua potable, con el 9% (GWP, 2000). El aprovechamiento de los cursos de agua para producción de energía eléctrica y para la navegación es, asimismo, de importancia significativa para la economía nacional. 1.1. Uso doméstico. Lo que se denomina "uso doméstico" comprende el agua distribuida a través de redes municipales a hogares, comercios, industrias y a los servicios propios de los municipios, para ser utilizada en diferentes actividades cotidianas. En el caso del agua potable, el consumo básico que se considera como suficiente y apropiado depende de los hábitos de la población, así como de las condiciones climáticas y cultu-rales. Un consumo de 20-40 litros de agua por persona y por día constituyen el suministro básico en zonas de gran escasez, aunque se considera que la cantidad mínima es de 50 litros. Estos valores aumentan con la cantidad de agua disponible y la calidad del servicio ofrecido. De acuerdo con la estimación realizada en 2003, 2,4 millar de millones de personas en el mundo no tienen acceso a servicios de saneamiento y 1,1 millar de millones de personas carecen de acceso al agua potable75. La oferta hídrica de 9.000 km3 cubría el 94% de las necesidades de la población mundial en 1900, el 85% en 1950 y sólo el 56% en 2000, debido a que la cantidad de habitantes se triplicó en el siglo XX. La tendencia revela el aumento de la crisis de demanda de agua en las próximas décadas76. El uso doméstico en general y la provisión de los servicios de agua potable en especial, son esencialmente materias de carácter urbano. El siglo XXI acentuará la transferencia de población a las ciudades, que para el 2020 serán la residencia del 60% de la población global. Esta realidad instala tres desafíos: el desafío social, para asegurar agua suficiente para las diferentes demandas competitivas; el desafío ambiental, para asegurar la protección del recurso frente al aumento de los efluentes; y el desafío financiero, por los costos crecientes originados en la provisión desde fuentes cada vez más distantes y degradadas77. El cálculo del consumo normal para los distintos sistemas de abastecimiento suele hacerse con los siguientes valores de consumo tipo de agua a domicilio78.
Lavarropas (10 kg de ropa en dos lavados) 150 litros/ciclo
Baño de inmersión 200/350 litros
Lavado de auto mediano (durante 25 minutos) 150/200 litros
Descarga de inodoro 20 litros por vez
Depósito de inodoro con deficiencia en flotante 4.500 litros por día
Una ducha de diez minutos 185 litros
Lavarse las manos 6 litros
Canilla goteando 46 litros por día
Afeitarse con agua sin parar 74 litros
Regar el césped durante 10 minutos 277 litros
La cobertura de los servicios de agua potable y saneamiento tiene un alto nivel de prestación en la Argentina, ya que -según indican las estadísticas- el 83,75% de la población urbana de todo el país está conectada a redes de agua potable y el 54% de esa población dispone de redes de alcantarillado79 . Como se puede avizorar por la existencia de una red tan compleja, se registran problemas crecientes en distintos aspectos de estos servicios, como las pérdidas en las redes de distribución, el tratamiento de efluentes, el desagüe urbano y rural y el consumo irracional, entre otros. Para el 2000, la extracción de agua a escala nacional para uso municipal y doméstico se estimó en 4,5 km3/año80. En el área metropolitana de la ciudad de Buenos Aires, el consumo se calcula en 550 litros por habitante por día, cifra que se encuentra entre las más altas del mundo. En algunas provincias, entre las que podemos citar la de Tierra del Fuego, se presentan situaciones similares. En este último caso, a la inversa de otros lugares, los picos de consumo se dan en invierno y no en verano, principalmente porque los pobladores dejan los grifos abiertos para evitar que se congelen los caños mal aislados81. Todos los habitantes pueden usufructuar el uso doméstico del agua sin otra limitación que la adecuación a los reglamentos vigentes. En cuanto al uso municipal, los marcos reguladores establecen la necesidad de que la autoridad de aplicación otorgue previamente la concesión del uso82. Al estimar el aumento futuro del consumo de agua debe tenerse en cuenta que simultáneamente genera un mayor volumen de aguas servidas. En muchos casos, los efluentes alcanzan los cuerpos receptores a través de canales abiertos o se dejan infiltrar en las inmediaciones del lugar donde se producen, prácticas inadecuadas que contaminan las aguas superficiales y representan un inmenso peligro para las aguas subterráneas. Por lo tanto, antes de llevar a cabo cualquier proyecto de abastecimiento de agua -ya sea de agua potable o de agua de riego-, será indispensable realizar los estudios de impacto ambiental y adoptar las medidas apropiadas para reducir los efectos adversos. 1.2. Uso para riego. 1.2.1. Principales sistemas utilizados. La agricultura bajo riego es el mayor uso consuntivo del agua tanto a escala internacional como nacional. Los diferentes sistemas de riego se emplean especialmente en las regiones áridas y semiáridas, aunque va en crecimiento la utilización de riego para aumentar el rendimiento de los predios aun en la Pampa húmeda. Si bien el riego de estas zonas representa sólo alrededor del 14% de la superficie total regada, en las últimas décadas su ritmo de crecimiento ha sido más acelerado que el de las zonas áridas83. En la Argentina, según diversas fuentes, el sector riego representa el 73% de todas las extracciones para uso consuntivo del agua y abarca aproximadamente una superficie de 1.700.000 hectáreas (Banco Mundial, 1999 ). Se estima que el volumen total de extracción para la agricultura es de 24 km3/año. El 98% se usa para riego y el resto para bebida de ganado. El país posee aproximadamente 125 zonas de riego, en las que se practica el riego integral y complementario, tanto público como privado. Una elevada proporción de la producción total de ciertos rubros agrícolas se obtiene con riego: 10% de la uva, el arroz y el olivo; 97% de los frutales de carozo y de pepita; y más del 75% de frutales y hortalizas. En las zonas áridas y semiáridas se tiene registro por parte del Estado de las concesiones y usos de agua. En otras zonas, el uso es principalmente privado, por bombeo directo de fuentes superficiales y subterráneas, sin que, generalmente, exista concesión o permiso de uso del agua, lo cual dificulta el control y conocimiento exacto de las superficies irrigadas. Por lo general, la eficiencia del riego es baja, alrededor del 40%, y cuando se hace mediante permisos, en general, no se supervisa el uso real. Ello se debe al bajo nivel de exigencia técnica de los entes que otorgan las concesiones, al valor relativo asignado al agua como recurso y al bajo mantenimiento de los sistemas de riego. Una notable excepción se encuentra en la provincia de Mendoza, que tiene un sistema de riego y descarga bien implementado, y en algunas otras regiones, como el Alto Valle del río Negro, donde el riego es relevante84. Los efectos que se observan en muchas zonas son el deterioro de los suelos por exceso de aplicación de agua y por falta de conservación de los sistemas de aducción y descarga, además de otros efectos negativos propios del riego, como la salinización y la contaminación con nitratos y otros elementos de las aguas subterráneas85. La extracción de agua subterránea para riego es estimativa, se calcula en 10.000 millones/m3/año, porque no existe, a nivel nacional, un mecanismo de registro y control de abstracciones. De los 278 millones de hectáreas que conforman la superficie continental del país, se encuentran cultivadas 38 millones, de acuerdo con el censo agrícola 2002 (INDEC), superficie que se ha incrementado en el período 2003-2004. Esa superficie está destinada a cereales para grano y oleaginosas, cultivos industriales como el tabaco, la yerba mate y el té, cultivos para producción industrial de semillas, legumbres, hortalizas y flores, forraje, aromáticas y frutales y bosques implantados. La mayoría de estos cultivos no se hacen bajo riego, por no ser necesario o por distintos factores adversos, como la disponibilidad de agua, las características climáticas y la aptitud de los suelos. Solamente 6,3 millones de hectáreas son aptas para riego y, de esa superficie, sólo una tercera parte cuenta con la infraestructura necesaria86. En relación con las regiones en las que tiene mayor influencia, el 68% de la superficie bajo riego se ubica en las zonas áridas y semiáridas, en las provincias de Mendoza, San Juan, Neuquén y Río Negro, y el 32% restante se encuentra en las zonas húmedas, donde se recurre al riego suplementario, como el sur de la provincia de Buenos Aires. En el Noroeste bonaerense la única fuente de agua de riego es el agua subterránea y es el recurso que permite el desarrollo económico de la región87. El proveedor del servicio de las áreas con infraestructura de riego es el sector público en el 74% de la superficie y el sector privado en el 26% restante. Los sistemas de riego, aunque hidráulicamente bien concebidos, necesitan ser modernizados en algunos casos a fin de incorporarles tecnología que permita mejorar la eficiencia, con el consiguiente ahorro de agua. A partir de 199 1, se ha manifestado una creciente tendencia al uso de sistemas presurizados, en principio en zonas húmedas con riego complementario -principalmente riego por aspersión- y en menor escala en los Valles de Catamarca, como consecuencia del cultivo de jojoba, en La Rioja del olivo, y en San Juan y Mendoza con la vid. En algunos sectores de las provincias de Córdoba, Salta, Tucumán, Río Negro, Jujuy y San Juan también se aplica riego presurizado (aspersión y goteo). En estos sitios, los productores utilizan aguas subterráneas, en general sin el pago de canon, con lo que la incidencia del costo de energía eléctrica se convierte en el elemento determinante del costo del riego. De esta manera se produce, asimismo, una motivación económica para hacer uso eficiente del agua. Por otra parte, los sistemas de riego alimentados con agua superficial tienen tarifas no sólo subsidiadas sino con bajo índice de cobranza. Se utiliza el tradicional sistema de surcos, es decir, canales de tierra con un porcentaje muy bajo de impermeabilización. De esta manera el sistema es poco eficiente y aumenta por evaporación la salinidad de los suelos y del agua88. Debido a las características diferentes de cada región, por lo tanto, hay zonas que se encuentran tecnológicamente avanzadas, mientras que otras adolecen de serias falencias. El empleo de mejores tecnologías acarrea alto costo de inversión en los equipos automatizados, mayor capacitación y una dedicación especial de los operadores. Estos factores son con frecuencia difíciles de incorporar para los pequeños y medianos productores. Importantes empresas privadas dedicadas al riego han permitido realizar una visible expansión del área cultivada bajo riego, utilizando principalmente agua subterránea, que a escala mundial ya provee el 50% del agua utilizada en la agricultura. Debe, asimismo, destacarse el flujo de inversión que ha originado nuevos emprendimientos bajo riego en las provincias de San Juan, La Rioja, Catamarca y San Luis de acuerdo al régimen de incentivos fiscales. Una de las dificultades que impiden realizar un adecuado manejo de los sistemas de riego es la falta de actualización catastral en algunas zonas o la falta de catastro en otras, circunstancia que depende de las diferentes administraciones provinciales. Los principales problemas que afectan hoy en día al sector del riego pueden identificarse como la disparidad de los regímenes tarifarios, la falta de registros catastrales y la ineficiente tecnología utilizada. 1.2.2. Regiones de riego. El sector agropecuario para el riego puede dividirse en dos grandes grupos: a) Agricultura pampeana. Es básicamente agricultura de secano, practicada en suelos fértiles con abundante disponibilidad de recursos hídricos, en fincas extensas con alto grado de mecanización. Está dedicada principalmente al cultivo de cereales y a la crianza de ganado vacuno. El riego en zonas húmedas es poco importante, pero su ritmo de crecimiento ha sido significativo, debido principalmente a la expansión del cultivo de arroz. También obedece a la mejora en los rendimientos y calidad de la producción de cereales y oleaginosas que se obtiene con la aplicación de nuevas tecnologías y el aporte del riego. En la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe se ha expandido y desarrollado desde 1992 el riego complementario de cereales y oleaginosas, al amparo de la demanda y los buenos precios internacionales. Este desarrollo forma parte de nuevas prácticas agrícolas vinculadas a la oferta de un conjunto tecnológico que incluye el uso intensivo de agroquímicos y fertilizantes, maquinaria especializada y material genéticamente modificado. La provincia de Buenos Aires es la segunda en superficie de riego con 180.000 hectáreas, y el riego complementario sigue creciendo a un ritmo acelerado. El riego complementario fue empleado originalmente en los semilleros de maíz, tanto para asegurar la producción como para obtener una mayor proporción de calibres requeridos de semillas. Actualmente, se lo aplica también en cultivos de soja y de trigo. En la provincia de Córdoba se utiliza en los cultivos de maní para lograr granos más grandes para consumo directo. Se utiliza este sistema de riego en aquellas zonas en las que se dispone de acuíferos abundantes y de buena calidad. Por ello se ha limitado a una franja de unos 100 a 150 km a lo largo del Paraná desde Rosario, en la provincia de Santa Fe, hasta Buenos Aires; en la provincia de Entre Ríos al Este del río Gualeguay y al Oeste próximo al Paraná; en la provincia de Córdoba desde la zona de las sierras hasta unos 150 km al Este; y, en la provincia de Buenos Aires, en el Sur, en la franja próxima al mar entre las sierras de Tandil y de la Ventana y en el piedemonte de éstas. Si bien no se posee un inventario actualizado de la cantidad de equipos vendidos o en funcionamiento, se estimó que la superficie bajo riego complementario de semillas de maíz, maní y granos fue alrededor de 100.000 hectáreas, según estimaciones del año 199 del Instituto Nacional del Agua (INA). El riego complementario en granos permite lograr rindes mayores, en un 25% a 40%, disminuir su variabilidad interanual y reducir los riesgos por sequía. Al obtener mayores rendimientos se reduce la incidencia de los costos fijos de la tierra, como arrendamiento e impuestos. Su uso se ha visto favorecido, por lo menos hasta 1998 , por una disminución del costo de los equipos en términos de kilogramo de producto; luego de esa fecha la caída de los precios internacionales ha modificado la situación. Cabe destacar también el uso más frecuente del riego por aspersión desde cañones viajeros hasta pivotes y avances frontales, y también sistemas de riego por surcos, desde primitivas mangas con perforaciones hasta equipos de riego por pulsos, todos ellos con el fin de ser utilizados como medio regulador de la temperatura ambiente para paliar los efectos de las heladas o sequías. b) Economías agropecuarias regionales. En las zonas áridas y semiáridas del noroeste, Cuyo y Patagonia, los sistemas de riego hacen posible un mayor desarrollo agrícola. Se puede evaluar la importancia del riego en el desarrollo de las economías provinciales. La agricultura irrigada de las provincias de Mendoza, San Juan y Río Negro, que nació a fines del siglo XIX, es un ejemplo exitoso del papel que desempeñó la economía del agua en estas regiones. En Mendoza, por ejemplo, la agricultura con riego y la derivada de ella contribuyen con el 18% del producto bruto geográfico (PBG) y con el 46% en San Juan. En Río Negro, más del 40% de la población ocupada está relacionada con algunas de las actividades productivas que componen los complejos frutícola y hortícola que se desarrollan en áreas irrigadas89. En la provincia de Mendoza hay una infraestructura hidráulica amplia desarrollada históricamente en cinco ríos principales: los ríos Mendoza, Tunuyán, Diamante, Atuel y Malargüe, con doce diques de derivación y seis embalses que permiten un aprovechamiento beneficioso de los recursos hídricos. A dicha infraestructura se añaden 9.000 pozos privados en operación, sobre un total de 18.000 registrados, que explotan cinco sistemas acuíferos de piedemonte. Son extensas cubetas rellenadas con sedimentos clásticos altamente permeables y depositados por los caudales fluviales. De esta manera, se concluye que los sistemas de aguas de superficie y subterránea se encuentran estrechamente ligados. Con un reservorio subterráneo estimado en 22.000 hm3, que supera la capacidad de los embalses existentes, los acuíferos permitieron a la provincia de Mendoza superar las grandes sequías de los años 1960 y 1970 así como las de 1996-1997, tanto para el riego como para el abastecimiento de la población y de la industria. Se estima que de las 360.000 hectáreas de riego de la provincia, 80.000 se riegan exclusivamente con aguas subterráneas y el resto con agua de superficie90. La explotación de las aguas subterráneas comenzó en la década de 1950 y ha permitido ampliar la superficie y aumentar la eficiencia del riego, mejorando la distribución del agua. Desafortunadamente, el uso intensivo de estos recursos no ha sido acompañado por medidas de protección y conservación de los acuíferos, con el fin de asegurar un desarrollo sustentable. El Centro Regional de Agua Subterránea91 (CRAS) ha realizado investigaciones hidrogeológicas en los valles de Mendoza y Tunuyán, que constituyen el oasis de la provincia. Estas investigaciones han permitido determinar que la estructura de los acuíferos está constituida por los conos aluviales conformados en abanico en la cabecera de los dos ríos, con sedimentos altamente permeables que pasan gradualmente a una llanura de inundación fluvial formada por material más fino que los recarga directamente por infiltración e indirectamente por los canales en las áreas de riego. Los volúmenes anuales de abstracción varían de 100 millones de m3 en los años de recursos superficiales abundantes, a los 6.000 millones de m3 en el período de sequía de 1971-1972. En el oasis Norte, donde se encuentra situada la ciudad de Mendoza, la contaminación ocasionada por la actividad agrícola, municipal e industrial ha deteriorado el manto freático que se encuentra en estos momentos a niveles muy altos de salinidad y de nitratos. En el área del Gran Mendoza, el CRAS determinó que existe una contaminación con valores de nitratos que varían entre 50 y 100 mg/l, y en un sector de alta concentración poblacional se llega a un grado de contaminación donde los valores se elevan de 100 a 180 mg/l. Debido a la salinización del manto freático, se ha comenzado la explotación gradual de los segundos y terceros mantos acuíferos, más profundos, abandonando de esta manera los pozos antiguos. El primer nivel de saturación permanente varía entre 0 y 80 metros, sometido a modificaciones de su composición química. El segundo nivel de explotación varía de 100 a 180 metros y se encuentra menos sometido a efectos de la contaminación vertical. El tercer nivel de explotación se realiza a más de 200 metros y hasta 350 metros de profundidad. Se estima que el 35% de los pozos se encuentran en mal estado por corrosión de sus tuberías y filtros y además por su mal manejo, ya que se pone en contacto directo el manto de agua de mala calidad con el segundo manto, contaminándolo considerablemente en el área central del Oasis Norte. En cuanto al tercer manto, que es el más profundo, posee agua de buena calidad. Sin embargo, no se encuentra completamente protegido si continúa el proceso de degradación que ha afectado los dos primeros mantos del acuífero. El Departamento General de Irrigación ha puesto en marcha un programa para cerrar los pozos en malas condiciones, aunque su magnitud puede no ser suficiente para alcanzar el objetivo de protección de los acuíferos. 1.2.3. Calidad del agua de riego. La calidad de las aguas utilizadas para riego y la degradación anterior o posterior a este uso está relacionada con diferentes grupos de agentes contaminantes92: a) Efluentes locales. Se observan dos causas principales de afectación del recurso: 1) La contaminación aguas arriba de su aplicación, que proviene de sistemas de alcantarillado que efectúan la disposición final en el río o canal que se usa como fuente de agua de riego, sin tratamiento o sólo con tratamiento primario. Los ejemplos más significativos son los sistemas de riego del tramo inferior del río Mendoza, en la provincia homónima, con la planta de tratamiento de Paramillo y los situados en las márgenes del río Grande, en la provincia de Jujuy. 2) La aplicación de efluentes cloacales, sin tratamiento, como fertilizante orgánico. Comprende fundamentalmente a los cinturones hortícolas que usaban esa práctica de manera habitual y fueron controlados en forma positiva con la epidemia de cólera del año 1994. b) Descargas de petróleo o sus derivados. Comprende los sistemas de riego abastecidos por ríos que sufren descargas de petróleo o derivados en forma ocasional, por pérdidas o roturas de los conductos o de los propios yacimientos. Un ejemplo de gravedad se produjo en 1998 en los sistemas de riego del río Colorado, en la provincia de Neuquén, debido a pérdidas ocurridas en pozos petrolíferos situados en la cuenca de ese río, que ya habían ocasionado contaminación de menor intensidad en años anteriores. En la provincia de Mendoza también se han producido episodios de contaminación del agua por hidrocarburos. c) Contaminación de las aguas de riego con agroquímicos. La interacción del agua y el suelo es un proceso constante, que provoca la alteración de la calidad del agua por el uso de los productos que se incorporan al ciclo agropecuario. Algunos ecosistemas naturales poseen alta susceptibilidad a la contaminación con agroquímicos y pueden sufrir impactos negativos de gravedad. En los sistemas de riego de las provincias de Mendoza y Río Negro, especialmente en el área donde se hacen monocultivos hortícolas, se han registrado niveles no deseables que deben ser observados y controlados. d) Contaminantes con efluentes industriales. Se produce este tipo de contaminación en el río Grande, en la provincia de Jujuy, ocasionada por la producción de pulpa de celulosa y por la actividad de los Altos Hornos de Zapla. Las aguas del río Salí-Dulce, en las provincias de Tucumán y Santiago del Estero, se degradan significativamente por la actividad de los ingenios azucareros de la provincia de Tucumán. Estas industrias, en efecto, vuelcan sus efluentes en dicho curso de agua que afecta principalmente el Embalse de Río Hondo y los sistemas de riego aguas abajo en Santiago del Estero. También en la provincia de Mendoza sufren este tipo de impacto los ríos Tunuyán y Mendoza. e) Explotaciones mineras. El deterioro de la calidad de los acuíferos y napas freáticas independientes por la industria minera son graves en algunas explotaciones, como por ejemplo en el Oasis Norte y en la región del río Atuel, en la provincia de Mendoza. Se estima que de no revertirse esta situación, podría haber consecuencias desfavorables para la economía regional en los próximos años. 1.2.4. Utilización de efluentes para riego. El uso de aguas residuales con fines de riego agrícola o forestal, llamado re-uso, atraviesa un período de expansión y su aplicación produce efectos positivos en el ambiente, porque disminuye el aporte de contaminantes a los cuerpos de agua. Las aguas deben ser tratadas para evitar que se modifique simplemente el cuerpo receptor y se intercambie la degradación del agua por la degradación del suelo. Los efluentes aportan nutrientes necesarios para los cultivos agrícolas y disminuyen los costos de los fertilizantes artificiales, lo que incrementa el rendimiento de la producción agrícola apta para el consumo humano93. La mayoría de las experiencias de uso de efluentes se realizan a partir del tratamiento de las aguas residuales y lagunas de estabilización, dada su alta eficiencia para la remoción de agentes patógenos que no deben trasladarse a los productos ni alcanzar a los consumidores. El control de calidad de las aguas residuales para re-uso en agricultura se realiza sobre la base de las Directrices de Engerlberg y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO) y de la Oficina Panamericana de la Salud (OPS/PAHO). Para su cumplimiento, se han realizado actividades de capacitación sobre la aplicación del re-uso, la forma de adaptarlo a las realidades locales y las tecnologías de tratamiento más adecuadas para el cumplimiento de las guías de calidad. Experiencias de utilización de aguas residuales tratadas que se aplican para riego agrícola pueden observarse en la provincia de Mendoza, en las localidades de Campo Espejo, Palmira, Rivadavia y San Martín. También se realiza con fines forestales en la provincia de Chubut, en las localidades de Puerto Madryn, Rada Tilly y Comodoro Rivadavia. En la provincia de Córdoba, y en otras regiones, se utiliza para riego hortícola, florícola y forestal. El aprovechamiento de las aguas del río Mendoza, en la provincia homónima, transformó la región en un importante oasis de riego -a pesar de la aridez que domina el clima- y favoreció el desarrollo de la agricultura intensiva, que depende de la disponibilidad de agua para su continuidad y expansión. La utilización del curso de agua se complementa con la abstracción de los acuíferos mediante perforaciones que llegan hasta los 200 metros de profundidad. El área rural, suburbana y urbana de la ciudad de Mendoza está surcada por la red de distribución de agua para riego, conformada por canales principales de los que derivan los canales secundarios y de ellos las hijuelas y acequias. Esas aguas presentan un alto grado de contaminación como consecuencia del vuelco clandestino de efluentes domiciliarios e industriales y de residuos sólidos. Desde varias décadas atrás, se desarrolla en dicho "oasis", en forma desordenada, el re-uso directo e indirecto de efluentes domésticos para riego de cultivos. Con ese propósito, se iniciaron tareas para lograr el uso eficiente, el mejoramiento de la calidad del agua y la mitigación de los riesgos para la salud mediante la aplicación de un programa integrado que contempla el tratamiento último del efluente -disposición final en tierra- y el aprovechamiento del agua para riego de los cultivos94. Se otorga a las empresas y otros usuarios permisos de vertido y certificados de calidad hídrica, que son renovables periódicamente mientras se satisfagan los requerimientos de calidad95. Los proyectos de tratamiento y disposición final con aprovechamiento para riego fueron encarados mediante dos esquemas. El primero consiste en el tratamiento de los efluentes hasta alcanzar el nivel de calidad que permita usar el agua para riego, en las zonas donde las descargas sanitarias se destinaban al riego directo o indirecto como respuesta a la escasez de agua. El segundo correspondió a los proyectos destinados a la construcción de plantas depuradoras para el aprovechamiento de efluentes como agua para riego, que proporcionen el nivel de calidad requerido para incorporar nuevas áreas bajo riego. En 1996 se dictó la Resolución Nº 778/96, que proporcionó el marco legal del re-uso mediante la definición de los parámetros mínimos de calidad de efluentes tanto sanitarios como industriales. Ello dio comienzo a la organización de áreas de cultivos restringidos (ACRES), controlados por el Departamento General de Irrigación. Se depuran efluentes domésticos, de los cuales un porcentaje recibe tratamiento primario convencional y el resto distintos niveles de tratamiento biológico. En la localidad de Campo Espejo se encuentra un complejo de tratamiento de aguas a través de un sistema de doce series de lagunas facultativas, cada una de las cuales consta de una primaria, una secundaria y una terciaria; es decir, un total de 36 lagunas. La calidad de las aguas residuales permite realizar reuso directo, que se lleva a cabo a través de un convenio entre la empresa operadora, el Departamento General de Irrigación y los regantes de la zona. Se riegan aproximadamente 2.000 hectáreas correspondientes a cien explotaciones en las que se cultiva vid, hortalizas y se realiza forestación. En la planta de Paramillo, la mayor proporción de aguas residuales tratadas se vuelcan al río Mendoza para su posterior distribución por los canales de riego, alimentando el proceso de re-uso indirecto en un área de 18.000 hectáreas. El resto se destina al re-uso directo para riego en explotaciones agropecuarias dedicadas al cultivo de vid, hortalizas, forrajes y forestales. En el Departamento de Junín, provincia de Buenos Aires, con actividad agropecuaria de importancia ya que está situada en la pampa ondulada alta de la Pampa húmeda, se utiliza el re-uso con fines experimentales mediante un convenio con la prestadora del servicio de agua potable y saneamiento destinado al riego de alfalfa y frutales. 1.2.5. Precios del agua para riego. El sector no está demasiado desarrollado en la Argentina, debido a la conveniente distribución de las precipitaciones durante todo el año y la cantidad de más de 500 mm anuales que recibe la región de la Pampa húmeda. El riego se utiliza aun en esas circunstancias, pero sobre todo cobra importancia en las zonas áridas y semiáridas que configuran dos tercios del territorio nacional. En las zonas de mayor abundancia de precipitaciones, existen aguas subterráneas a baja profundidad que permiten un uso discrecional por parte de quien realiza la actividad agrícola. Donde las precipitaciones son menos abundantes y el agua es un bien que debe adjudicarse y distribuirse, existen sistemas de riego y el servicio está sujeto a un régimen de uso y al pago de una tarifa. El precio pagado por el suministro de agua para riego se ha denominado tradicionalmente "canon", y la tarifa que se fija se establece en general por hectárea y por año. El canon varía sensiblemente entre las diferentes provincias y dentro de ellas de un consorcio a otro o de una zona de riego a otra96. Las asociaciones de regantes tienen una larga tradición en la gestión del riego, y también en nuestro tiempo se ha manifestado la tendencia a la formación de consorcios de regantes en la forma de asociaciones de usuarios. Las asociaciones de usuarios, generalmente denominadas "consorcios", "inspecciones de cauce" o "asociaciones de regantes", reúnen a los usuarios que utilizan un mismo canal de distribución del agua. Otros reúnen un mayor número de canales, asociando consorcios, como se ha organizado en el Consorcio del Valle de los Pericos en Jujuy. De esta manera, se incentiva la descentralización y la participación de los usuarios en el manejo del agua. Sin embargo, la responsabilidad de las tareas de operación y mantenimiento de los sistemas de riego sigue a cargo de las autoridades provinciales, que son también quienes perciben el canon. En algunos sistemas de riego los usuarios realizan el mantenimiento de la red secundaria, y eso se observa en las provincias de Mendoza, Jujuy, Río Negro y Salta. Los aprovechamientos hidroeléctricos, administrados por la empresa estatal Agua y Energía Eléctrica Sociedad del Estado, desarrollaron y subvencionaron indirectamente proyectos de riego durante varias décadas. Ello contribuyó a crear, en muchos usuarios del agua de riego, la conciencia de tarifas ficticias, fuertemente subsidiadas por el sector hidroeléctrico. Al llevarse a cabo la descentralización de la empresa estatal en las diferentes jurisdicciones provinciales y la concesión posterior de la mayoría de los emprendimientos, se transfirieron 242.000 hectáreas bajo riego97, sobre un total aproximado de 1.700.000 hectáreas bajo riego en el país. Sin tomar en cuenta las diferencias en los cargos por riego, sino su grado de eficacia -es decir, de cumplimiento-, son desalentadores los bajos niveles de recaudación en concepto de canon en relación con la superficie total bajo riego. Algunas provincias, como las de San Luis y Santiago del Estero, tienen un porcentaje elevado de cobro, mientras que otras tienen una percepción mínima. Por esta razón, no obstante ser el riego un uso que absorbe un gran volumen de agua, el ingreso en concepto de canon representa sólo entre el 9% y el 40% de los ingresos de los organismos provinciales de recursos hídricos98. Si se toma la información de la provincia de Mendoza, se consideran para el cálculo del canon los costos que genera la provisión del servicio y también los que requiere la autoridad de aplicación para ejercer el poder de policía. Para el caso de los derechos cuya fuente de provisión es el agua superficial, el canon se fija por superficie en hectáreas (u$s 10 a 15 por hectárea por año), mientras que el canon de agua subterránea se calcula en relación con el diámetro de salida de la cañería en la perforación (u$s 15 a 40 por año, según el diámetro), y el canon de vertido se fija en función del volumen de descarga (u$s 40 a 100 por m3 vertidos)99. Se tiene en estudio una tarifa medida, diseñada con un cargo fijo asociado a la disponibilidad de agua y un cargo variable ligado a la cantidad de agua recibida por el regante. La micromedición del consumo es una de las formas en que la política tarifaria puede asegurar el uso eficiente del agua, si bien requiere mayores gastos para su instalación y aplicación100. 1.3. Uso industrial. 1.3.1. Industria manufacturera. El agua para uso industrial comprende, entre otros usos, la industria manufacturera, la minería y la agroindustria. El mayor porcentaje se utiliza para la industria de alimentos y bebidas, seguida de los productos químicos y derivados del petróleo, la industria textil, la minería y la construcción. La industria argentina está centrada principalmente en la provincia de Buenos Aires, que ha legislado la instalación de industrias mediante la inscripción en registros que contienen la información básica y la necesidad de permisos ambientales101. Aproximadamente el 20% de la población activa está empleada en las empresas industriales. La industria más importante y antigua del país es el procesamiento y envasado de productos alimenticios, seguida por el sector textil. Otras importantes industrias producen artículos de goma (natural y sintética), cemento, productos químicos, papel, plásticos y derivados del petróleo. La industria siderúrgica ha alcanzado una gran expansión en la década de 1990; en 1994 la producción de hierro primario, acero crudo y laminado llegó -en conjunto- a los 10,4 millones de toneladas. Para la misma época, el sector automotriz produjo 408.000 vehículos. En el año 2002 las cifras alcanzaron los 13,1 millones de toneladas. En el 2003 la producción de acero crudo, que había sido de 4,3 millones de toneladas el año anterior, alcanzó un récord de 5 millones de toneladas, como respuesta a una mayor demanda interna y externa102. En la producción siderúrgica el agua no es sólo un insumo, sino que los cursos de agua son, además, el medio de transporte de las materias primas y de los productos manufacturados103. La demanda de recursos hídricos tiene en consecuencia un aumento paulatino y constante para usos industriales. 1.3.2. Industria agropecuaria y alimenticia. En la producción agropecuaria surgen problemas ambientales como resultado de la intensificación de la utilización de sustan-cias químicas. La importancia del estudio de los agroquímicos en suelos y plantas se debe al aumento que ha experimentado la incorporación de estas sustancias en el suelo en los últimos años, desconociéndose el impacto en la salud y en los cuerpos de agua. Estos factores tienen complejos componentes económicos, vinculados a la disminución del valor real de los productos agropecuarios, la necesidad de incrementar el rendimiento de los suelos, la adopción de nuevas prácticas y diversos factores de política agropecuaria104. Cabe resaltar que no se ha realizado aún, en el país, un mapa de los suelos en el ámbito nacional que estime los niveles de concentración de agroquímicos que puedan ser susceptibles de provocar riesgos a la salud a través de los alimentos y el agua. Sin embargo, existen algunos proyectos zonales que investigan este tema y que son llevados a cabo, en su mayoría, por distintas Universidades. Entre ellos se puede hacer mención de la cuenca del río Salado, en la provincia de Buenos Aires, que se caracteriza por su régimen de alimentación por aguas subterráneas que, unido a la particularidad de las precipitaciones y a la permeabilidad de los suelos, da origen a tierras anegadas de permanencia prolongada. Durante los períodos de inundación, las aguas actúan como medio de traslado de los productos químicos, que se acumulan en los suelos con los potenciales impactos de contaminación del forraje, alteraciones de la fauna local y eventual desertificación. El uso de estos productos, por otra parte, ha permitido mejorar la salud de la población rural mediante el control de diversos vectores de enfermedades, entre los que se encuentran insectos y roedores105. La industria agropecuaria, de decisiva importancia económica, abarca una amplia gama de actividades dedicadas a producir y procesar productos rurales. Los principales impactos ambientales negativos que ocasiona se relacionan con la contaminación de los suelos y el agua, aunque también se produce contaminación atmosférica. Entre las actividades agroindustriales que producen significativos efectos contaminantes del agua, se encuentran el acabado del cuero y curtiembre y la fabricación de fertilizantes y plaguicidas. Otros contaminantes son los residuos de pesticidas, los aceites complejos y los compuestos alcalinos o ácidos. Se han realizado estudios sobre la utilización de pesticidas de comercio clandestino, entre ellos dieldrin, aldrin, DDT, fosfuro de aluminio y parathion, que se utilizan en fumigaciones tanto por aspersión como por inmersión106. Las emisiones atmosféricas provenientes de las operaciones agroindustriales incluyen a menudo material pulverizado, dióxido de azufre, óxidos nitrosos, hidrocarburos y otros compuestos orgánicos. Los caudales de agua servida varían según el tipo y magnitud de la producción, si bien los efluentes tienen, en general, un alto nivel de demanda de oxígeno bioquímico y de óxidos suspendidos o disueltos. La industria agropecuaria tiene un impacto decisivo en la naturaleza, desde la extensión de la frontera agrícola, la desapa-rición del manto boscoso y los métodos de crianza y de cultivos. No sólo se debe proteger la calidad del agua, sino también la calidad del suelo, al que se encuentra indisolublemente ligada y que es un recurso natural, asimismo, degradable y finito, sustento vital de los ecosistemas. La necesidad de proteger el ambiente de las emisiones contaminantes requiere, en ésta como en otras industrias, la adopción y ejecución de un régimen jurídico de carácter nacional, que debe ser, a su vez, reglamentado por las jurisdicciones provinciales. La adopción y aplicación de la política ambiental nacional es un mandato de raigambre constitucional. 1.4. Uso en minería. Dentro de los usos industriales, la minería es una categoría autónoma de uso del agua y, como tal, se la considera en forma separada. El potencial minero argentino, tanto en minería metálica como en minerales industriales y rocas de aplicación, ofrece gran variedad de productos disponibles. La minería ha sido relativamente poco importante en la actividad económica, aunque ha experimentado un apreciable crecimiento en la última década. El abastecimiento de agua para el sector minero produce consumo y degradación del recurso. Estos efectos tienen lugar en los diferentes sectores de la actividad minera. La explotación de hidrocarburos implica un consumo significativo de agua en las operaciones de prospección y exploración petrolífera y en los procesos de extracción y desalinización del petróleo, así como en las tareas de recuperación secundaria. En términos de valor, el principal producto mineral es el petróleo. En las últimas décadas ha aumentado la producción de hidrocarburos (gas y petróleo) y de carbón. En 1990 la producción anual de petróleo crudo alcanzaba los 28,0 millones/m3 y la de petróleo procesado 26,8 millones/m3, mientras que en 2005 las cifras fueron de 38,5 millones/m3 y 33,5 millones/m3, respectivamente107. Esta producción, proveniente de 921 pozos en explotación, satisface la demanda interna y tiene un margen exportable108. Con esta finalidad se ha construido un oleoducto a Chile a través de la Cordillera de los Andes. Las principales cuencas de hidrocarburos son la cuenca Austral, la cuenca del Golfo de San Jorge (entre las provincias de Chubut y Santa Cruz), la cuenca Neuquina (provincia de Neuquén), la cuenca Cuyana y la cuenca del Noroeste (provincias de San Luis y San Juan). Se han otorgado licencias para nuevas cuencas de exploración en áreas terrestres, como la del Chaco- Paranaense, y en la plataforma submarina, que permitirían aumentar la producción en caso de obtenerse resultados positivos. La actividad de exploración ha disminuido en la última década. Las perforaciones, que son uno de los parámetros más demostrativos de la actividad exploratoria, han sido sumamente limitadas en 2004, con sólo doce pozos. El territorio argentino cuenta con significativas reservas y una importante producción de gas natural, que en 1994 alcanzaba los 26.228 millones/m3 y en una década se duplicó, alcanzando en 2004 los 52.349 millones/m3, provenientes de 84 pozos en explotación. La cuenca más importante en producción de gas es Loma de la Lata (provincia de Neuquén), además de Santa Cruz y Puerto Hernández. El sistema energético de la Argentina está compuesto por las redes de ductos y de energía eléctrica. Entre las redes de ductos se distinguen los gasoductos, los oleoductos y los poliductos, que conectan las áreas de producción de energía de las cuencas Neuquina, del Golfo de San Jorge y Austral, en la Patagonia, además de las cuencas de Cuyo y del Noroeste, con los centros de consumo. Las fuentes de energía no tienen sólo usuarios nacionales, sino también de los países vecinos, con los que se han construido obras de interconexión regional (gasoductos a Chile, Uruguay y Brasil e interconexiones eléctricas del litoral). A partir de 199 2, el sector minero argentino experimentó un proceso de cambio debido a la modificación producida en el marco económico y jurídico. Se incrementaron los planes de exploración y explotación con importantes inversiones que comenzaron a reflejarse en un aumento de las exportaciones del sector. Existe en forma creciente explotación de oro, plata, cobre, plomo, zinc, hierro, estaño, tungsteno, mica, uranio y piedra caliza. [NO INCLUYE TABLA] Los grandes emprendimientos mineros se constituyeron en activos promotores del desarrollo regional por realizar su actividad en zonas alejadas de los centros urbanos. Junto con el aumento de la producción y la exportación, se han creado puestos de trabajo, se ha construido la infraestructura necesaria y se ha incrementado la demanda de insumos, productos y servicios. La producción minera se adjudicaba, en 2000, el 52,6% a minerales metalíferos, el 35% a rocas de aplicación y el 11% a minerales industriales. Los minerales metalíferos registraron un aumento principalmente por la producción de cobre y oro debido a la producción del yacimiento de Bajo La Alumbrera en la provincia de Catamarca. La producción de piedras semipreciosas, por otra parte, no está aún debidamente desarrollada. La producción de rocas de aplicación obtiene caliza, arena para la construcción, triturados pétreos, canto rodado y pórfidos. También es importante la producción de mármoles y granitos. El sector externo minero arroja una balanza comercial favorable para Argentina, a partir de 1998 . Lideran las exportaciones los minerales de cobre y oro, seguidos por boratos naturales, minerales de plomo, bentonita, sal y caolín. La minería y la protección del ambiente son dos enunciados difíciles de conciliar. No sólo se requiere la adopción de marcos legales que establezcan indicadores para la protección del ambiente en los negocios mineros, sino que además se requiere la decisión de aplicar las regulaciones que se establezcan. Las autoridades de aplicación no tienen la infraestructura necesaria, institucional, legal y técnica, para desarrollar esa tarea. El Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) fue el resultado de la fusión del Instituto Nacional de Tecnología Minera, el Instituto Nacional de Prevención Sísmica y la Dirección Nacional del Servicio Geológico109. La entidad funciona como organismo descentralizado en la órbita de la Secretaría de Minería, dependiente del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, que tiene a su cargo la supervisión de sus actividades110. Se estableció, asimismo, el Consejo Asesor de la Producción Minera (CASEPROM), en el que participan las uniones de empresas mineras de carácter nacional y provincial, para integrar el sector productivo con el sector público111. El SEGEMAR ha sido creado para ser el instrumento técnico, de carácter científico-tecnológico, de soporte de la política minera nacional. Entre las funciones que tiene asignadas se identifican las que se encuentran relacionadas con la presencia de acuíferos en zonas de actividad minera, a saber: - Monitoreos de parámetros hídricos y ajuste del modelo matemático de flujo de agua subterránea en cuencas donde se localizan grandes proyectos minero-metalíferos. Por ejemplo: Campo del Arenal (provincia de Catamarca), Proyecto minero "Bajo la Alumbrera", en el distrito aurífero "Farallón Negro", reserva nacional administrada por la compañía estatal Yacimientos Minerales Agua de Dionisio (YMAD). - Muestreos, análisis químicos y aforos de las fuentes de agua situadas en áreas de yacimientos o prospectos mineros importantes. Esta actividad se encuadra dentro de las políticas específicas de la Subsecretaría de Minería en orden a la determinación de las condiciones químicas e hidrológicas de base de los recursos hídricos en su estado original en áreas de proyectos mineros, con el objeto de evaluar posibles impactos que sobre ellos podrían derivar de la extracción y, de esta manera, prevenir su degradación e inutilización para otros usos. - Obtención y sistematización de información hidrogeológica en cuencas de agua subterránea de la región centro-oeste del país, con el fin de registrar los cambios en la calidad y cantidad del agua y de mantener actualizado el inventario permanente del recurso hídrico. Como parte del nuevo impulso de la industria minera se suscribió el Tratado de Integración y Complementación Minera con Chile112, que tiene en cuenta la utilización de los recursos hídricos compartidos para las explotaciones mineras. Establece que ella "deberá llevarse a cabo de conformidad con las normas de derecho internacional sobre la materia y, en especial, de conformidad con el ‘Acta de Santiago sobre Cuencas Hidrológicas' del 26 de junio de 1971, del ‘Tratado sobre Medio Ambiente' entre la República Argentina y la República de Chile firmado el 2 de agosto de 1991 y del ‘Protocolo Específico Adicional sobre Recursos Hídricos Compartidos entre la República Argentina y la República de Chile' de la misma fecha" (Art. 14). 1.5. Uso para generación hidroeléctrica. 1.5.1. Características. La pendiente por la que discurren los cursos de agua y su caudal son un recurso valioso para producir energía eléctrica113. Una obra hidroeléctrica tiene por objeto transformar la energía potencial que se produce por la diferencia de altura entre el embalse de agua -que se forma artificialmente al interrumpir el curso de un río- y la central hidroeléctrica, en energía mecánica de rotación, primero, y luego en energía eléctrica a través de los generadores. Los dos elementos que determinan la potencia de la obra son el caudal (m3/s)114, que además debe ser permanente, y la diferencia de altura (m)115. Existen diversos modelos de centrales hidroeléctricas. Las centrales de pasada son las que utilizan el agua que fluye normalmente por el cauce de un río, y la energía hidráulica que producen se utiliza a medida que se obtiene. La potencia que poseen es variable de acuerdo a los caudales del curso de agua. Las centrales de agua embalsada utilizan el agua acumulada en un lago artificial o embalse que se forma como consecuencia de la construcción de una represa que interrumpe el curso de agua. El agua almacenada en el embalse se dirige mediante conductos hacia las turbinas. Las centrales de embalse tienen a su vez distintas características. Las centrales de regulación están dimensionadas para acumular los caudales medios anuales del curso de agua y pueden aumentar su capacidad cuando los caudales disminuyen y cuando aumenta la demanda en las horas de mayor consumo. Las centrales de acumulación o bombeo acumulan los reservorios mediante este procedimiento para producir distintas presiones según la altura a la que el agua se almacena. Las centrales hidroeléctricas están formadas por la presa, el embalse y las obras complementarias para conducir el agua a la central eléctrica que obtiene la energía eléctrica mediante la transformación de la energía. Los embalses tienen una capacidad total y una capacidad útil, que se expresan en metros cúbicos (m3) o en hectómetros cúbicos (hm3). La capacidad total es el volumen de agua que se puede almacenar, mientras que la capacidad útil es el agua embalsada que supera el volumen de agua que se deriva a la central, que no es la capacidad no utilizable. En Argentina las redes de energía eléctrica se integran en el sistema interconectado nacional, los sistemas regionales y las estaciones de transformación, y ponen igualmente en contacto las centrales eléctricas con las grandes áreas de consumo a través del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM). Están compuestas por líneas de transmisión, equipamientos de generación y subestaciones de transformación. En nuestro país, que no es una excepción en este aspecto, la mayoría de los tramos de ríos con potencial para producir energía están alejados de los centros de producción, lo que encarece el costo de la energía por la necesidad de construir dilatadas líneas de transmisión. Sin embargo, a pesar de esta mayor inversión inicial, el costo del kW generado por las obras electrohidráulicas es apreciablemente menor que el de las centrales térmicas. 1.5.2. Desarrollo en el país. La necesidad de contar con energía eléctrica, como así también los beneficios derivados de asegurar la disponibilidad de agua mediante la regulación de caudales que disminuyen las variaciones estacionales, impulsaron desde principios de siglo la construcción de embalses y aprovechamientos de propósitos múltiples. Inicialmente, se realizaron emprendimientos en zonas áridas y semiáridas para desarrollar áreas de riego y generar energía eléctrica. Zonas de las provincias de Mendoza, Córdoba y Río Negro transformaron su economía mediante un aprovechamiento eficiente del agua. Obras de gran envergadura se construyeron en todo el territorio y se llevaron a cabo proyectos binacionales en los ríos Paraná y Uruguay. A la fecha, se encuentran en operación 105 represas con diferentes propósitos, como la generación de energía eléctrica, el suministro de agua para consumo humano e industrial, el riego, la atenuación de crecidas, usos recreativos y turismo, para citar los más significativos. El potencial hidroeléctrico de la República Argentina, estimado en 170.000 GWh/año, sólo se utiliza parcialmente debido a que las obras existentes emplean una quinta parte de esa capacidad. Brasil, por su parte, ribereño como la Argentina de la cuenca del Río de la Plata, ha realizado numerosos emprendimientos hidroeléctricos que le permiten obtener la mayor parte de la energía eléctrica que consume116. El mayor potencial de energía hidroeléctrica en nuestro país está asociado a la cuenca del Río de la Plata, integrada por las subcuencas de los ríos Paraná, Uruguay, Iguazú, Pilcomayo y Bermejo, y a otras cuencas de la Vertiente Atlántica, como las de los ríos Colorado, Negro, Chubut y Santa Cruz117. Los proyectos más importantes, iniciados en las décadas de 1970 y 1980, están situados en el norte de la Patagonia, sobre los ríos Limay (El Chocón, Alicurá, Piedra del Águila y Pichi-Picún- Leufú) y Neuquén (Cerros Colorados); sobre el río Paraná, en el noreste de nuestro país (Yacyretá, emprendimiento binacional con la República del Paraguay); y sobre el río Uruguay (Salto Grande, emprendimiento binacional con Uruguay). También merecen atención los proyectos de Los Blancos (Mendoza) y Río Santa Cruz-La Leona (Santa Cruz). [NO INCLUYE TABLA] En la década de 1970 se incrementó el volumen de embalse y de potencia, debido a la entrada en operación del Complejo Chocón-Cerros Colorados y de la obra binacional argentinouruguaya de Salto Grande. En la década de 1990 se produjo un nuevo incremento a causa de la entrada en funcionamiento de las centrales Piedra del Águila y de la obra binacional argentinoparaguaya de Yacyretá. En 1994, Argentina producía un total de 62.700 millones de kWh, de los cuales el 44% se generaba en instalaciones hidroeléctricas, el 13% mediante energía nuclear y el 43% en centrales termoeléctricas convencionales. Las centrales nucleares Atucha I y II, esta última en construcción, se encuentran localizadas en la provincia de Buenos Aires y la central de Embalse Río Tercero en la provincia de Córdoba118. La potencia nominal instalada en 2003 era de 25.678 MW (25.678 .616 kW)119, que generaron 86.448 GWh. En 2004, la generación anual fue ligeramente menor y alcanzó los 97.200 GWh. Ese total fue generado por diversas fuentes, a saber: 27 centrales térmicas, que operan principalmente con gas natural, con una capacidad instalada de 15.322 MW; 2 centrales nucleares con una capacidad total instalada de 1.018 MW; y 14 centrales hidroeléctricas con una capacidad instalada de 9.602 MW. El aporte de las centrales hidroeléctricas se divide de la siguiente manera: Yacyretá: 2.700 MW; Salto Grande: 1.890 MW; Piedra del Águila: 1.424 MW; El Chocón: 1.227 MW; Alicurá: 1028 MW; Río Grande (por bombeo): 750 MW; Cerros Colorados: 450 MW; Futaleufú: 448 MW; Los Reyunos: 224 MW; Agua del Toro: 150 MW; Piedras Moras: 145 MW; Uruguay: 120 MW; Arroyito: 120 MW y Cabra Corral: 102 MW. No se debe tampoco desatender la capacidad de generación de las pequeñas centrales, generalmente eficientes120. El Plan Energético Nacional 2004-2008, enunciado el 11 de mayo de 2004, dispone la elevación de la represa de Yacyretá de 76 a 78 msnm en dos etapas de elevación de un metro, cada una de las cuales aumenta la potencia instalada en 180 MW. La altura final de la represa, a alcanzarse en cuatro años, es de 83 msnm. El Plan Energético dispone, además, que se seleccionarán los tres o cuatro proyectos hidroeléctricos más rentables que tengan módulos superiores a los 400 MW, entre los que se considerarán los binacionales de Garabí sobre el río Uruguay (con Brasil) y de Corpus Christi sobre el río Paraná (con Paraguay). La realización de nuevos emprendimientos deberá encararse mediante un actualizado Manual de Costos de Obras Hidroeléctricas. En efecto, en la actualidad el requerimiento del uso inte-grado de los recursos hídricos privilegia los aprovechamientos de carácter múltiple que optimicen los aspectos económicos, sociales y ambientales. Además, se deberá considerar que el costo de construcción sólo incluye las obras de generación eléctrica y no las obras destinadas a otros usos, que también deberán incorporarse en un proyecto integral. En cuanto al componente ambiental de las obras hidroeléctricas, se ha aprobado el Manual de Gestión Ambiental para Obras Hidráulicas con Aprovechamiento Energético, que establece las condiciones para reducir el impacto ambiental negativo en todas las etapas del proyecto, desde la evaluación del recurso hasta el inventario, prefactibilidad, factibilidad, proyecto ejecutivo, construcción y operación. El mayor costo derivado de la incorporación de los elementos ambientales deberá ser incorporado al costo total del proyecto121. Existen amplias posibilidades de desarrollo del uso del agua para la producción de energía hidráulica y se han identificado considerables proyectos hidroeléctricos que se encuentran en distintos niveles de elaboración122. Las obras hidroeléctricas son un catalizador de desarrollo desde la etapa de proyecto, incrementan la actividad económica en la etapa de construcción de la obra civil y de la instalación de los componentes y equipos, y constituyen elementos de crecimiento en la etapa de operación. Existe renovado interés en la ejecución de pequeños aprovechamientos hidroeléctricos dentro del esquema de estudio de nuevas energías renovables. La Secretaría de Energía ha encarado el estudio de estos emprendimientos, de los cuales existen 182 con el proyecto realizado y 113 de ellos ya han sido evaluados123. 1.5.3. Participación de los sectores público y privado. Dentro de la gestión integrada de los recursos hídricos, se incluye la participación del sector público y del sector privado en los diferentes usos, a fin de lograr la mayor cooperación de ambos estamentos de la sociedad. Las centrales hidráulicas eran administradas por dos empresas del Estado: Agua y Energía Eléctrica S.E. e Hidronor S.A. A partir de 1993 , la gestión de las centrales hidroeléctricas fue concesionada a través de licitaciones públicas, con excepción de las represas binacionales de Salto Grande y de Yacyretá. En su nuevo esquema forman parte del Sistema Eléctrico Argentino (SEA) las empresas hidroeléctricas Río Juramento S.A., Tucumán S.A., Río Hondo S.A., San Juan S.A., Diamante S.A., Los Nihuiles S.A., Florentino Ameghino S.A., Futaleufú S.A., Cerros Colorados S.A., El Chocón S.A., Piedra del Águila S.A., Alicurá S.A. y Pichi- Picún-Leufú S.A.124 1.5.4. Impacto ambiental. Directa o indirectamente, todos los aspectos del medio ambiente están involucrados en la construcción de una represa hidroeléctrica. Los impactos ambientales actúan sobre el aire, los suelos, el agua y, en consecuencia, sobre el ecosistema de la flora y la fauna, tanto terrestre como acuática, y también en el ecosistema humano. En muchos casos, el impacto ocurrido es de mayor amplitud de lo que sería realmente adecuado a la capacidad de la región. La superficie de tierras inundadas como consecuencia de la formación de un embalse, cuyo paisaje ha sido modificado en razón del impacto sufrido, puede no ser proporcional a la potencia instalada. La ubicación de la represa depende del relieve de los suelos, de la permeabilidad de las capas subyacentes y de otros factores tanto técnicos como económicos. El uso del agua para la generación hidroeléctrica, si bien no
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