Mi última carta a la Presidenta

 
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Estimada señora, querida jefa, admirada líder, su majestad, su alteza... En definitiva, mi reina:

Tenía que llegar, inexorable, el día de la despedida. Usted se despide, yo me estoy despidiendo y el pueblo, desagradecido e insensato, acaba de mandarnos en las urnas el telegrama de despido.

Entiendo las dificultades que atraviesa para asimilar el rigor del momento. No se trata de dejar el poder: podrá compensar eso con la ilusión del regreso, en cuatro añitos o, si hacemos bien las cosas, quizás antes. La cuestión es otra. Cómo vivir, después de tanto tiempo, sin un ejército de incondicionales -súbditos, obsecuentes, adoradores, aduladores, aplaudidores...-, tan necesarios todos en el día a día de la administración del reino. Cómo vivir sin el servilismo todoterreno de Aníbal y de Zannini. Cómo será un mundo sin la sonrisa de Boudou, sin los disparates ilustrados de Kicillof, sin las jugosas grabaciones telefónicas de la SIDE, sin la guerra de guerrillas global de Timerman. Un mundo sin inauguraciones de lo ya inaugurado, sin actos, sin claque, sin patios, sin discursos, ¡sin cadenas nacionales! Sin los pibes para la liberación, sin la Corpo de medios oficiales, sin Hebe y Estela de Carlotto llorando de emoción a sus pies. Me pregunto, y se lo preguntará usted, cómo sobrellevar la vida sin la Secretaría del Pensamiento Nacional de Forster.

El problema, insisto, no es la abstinencia de poder. Atentar contra el de Macri será una forma de matizar la espera. El problema, no menor, es que ahora va a tener que pagarse la ropa, las joyas, las carteras, y ese seleccionado de maquilladoras, peinadoras, nutricionistas... Un dineral. Lleva al menos ocho años estrenando vestuario cada día. Ni se le ocurra empezar a repetir modelitos, porque no hay psiquis, por más ordenada que esté, que resista eso. Mi consejo: pague ahora y use después.

Otro problema es que ya no estarán el Tango 01 ni los otros tanguitos, tan eficaces cuando había que llevarle los diarios recién salidos, o un mueble para alguno de los hoteles, o un nécessaire que se olvidó en Olivos. Qué injusticia tener que volver a pagar un pasaje de avión. Mi consejo: úsele el de la gobernación a su cuñada Alicia, que si no fuera por usted ni siquiera sería concejal. Lo mismo el helicóptero: que Cristóbal López se ponga con uno. Que sean agradecidos, che. No pueden ser tan crueles de someterla al escarnio de tener que desplazarse a la misma altura que cualquier argentino. De paso, qué bien hizo en...

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