Ucrania queda a la vuelta de la esquina. Venezuela también

UCRANIA Después de que 26 personas hayan muerto en las protestas

Yanukovich anuncia una tregua para evitar un 'baño de sangre'

Varios manifestantes montan guardia entre barricadas ardiendo, esta...

XAVIER COLÁS Enviado especial Kiev

Los opositores han tomado las armas en Ucrania mientras las fuerzas de seguridad se preparan para conquistar la plaza ocupada de Kiev. El papel del ejército será clave en la ofensiva final: el presidente Viktor Yanukovich ha anunciado una tregua a la vez que despedía al máximo jefe militar para sustituirlo por un partidario de involucrar a los soldados en la crisis. El robo masivo de armas de depósitos estatales justifica lo que calificó de "ofensiva antiterrorista".

Como si fuese un cadáver, la plaza ocupada ha empezado a supurar podredumbre al descongelarse estos días por la subida de las temperaturas en Kiev. El atasco en las letrinas se ha derretido y también las buenas intenciones: grupos de ciudadanos han robado armas de depósitos estatales de varias ciudades.

Hasta 1.500 rifles y metralletas pueden andar de mano en mano por la capital o de camino a ella, calcula Alexander Yakimenko, jefe de los servicios de seguridad ucranianos. Así se ha justificado la "operación antiterrorista" para despejar una plaza que ayer amaneció partida en dos.

Es lo más sencillo para el Gobierno: la ley marcial requiere una votación parlamentaria, pero las 'medidas de excepción' sólo han de ser anunciadas. El presidente Victor Yanukovich acordó anoche con la oposición una tregua para volver a negociar y frenar "el baño de sangre". Pero el temor a una intervención del Ejército ha crecido tras la sustitución del un general por otro que no se opone a una ofensiva militar contra los civiles.

Unos mil paracaidistas han sido desplegados en puntos estratégicos ante la "amenaza extremista", mientras algunos manifestantes seguían esta madrugada arrojando objetos a la policía a pesar del alto el fuego.

'Yanukovich va a acabar como Gadafi'

"Traigan todo lo que arda para las barricadas y todo lo que las refuerce", decían durante el día varios oradores desde una tribuna. "Yanukovich va a acabar como Gadafi", clamaban varios descontentos subidos a un montículo para ver mejor. En la plaza, ocupada desde hace casi tres meses, siguen concentradas miles de personas.

"Mira, estamos dispuestos a morir pero no les vamos a dejar pasar", clama un joven con escudo, casco y un bate de béisbol mientras enseña un saco lleno de botellas vacías, listas para explotar en unas horas. Se ve a gente armada sólo cuando la noche avanza, esperando el momento de ir más allá. En más de una ocasión durante la última jornada se ha pedido directamente al pueblo que traiga armas de fuego de sus casas.

"¡Pertenecen a la gente!", se disculpa Nika, que ha visto pasar fusiles por delante del puesto donde sirve una especie de gachas con remolacha a todo el que pasa. El estado de sitio virtual en el que se encuentra la ciudad ha cerrado la mayor parte de los restaurantes y hamburgueserías y es casi imposible reponer fuerzas sin recurrir a estos puestos de abastecimiento.

La atmósfera de la plaza es cada vez menos lúdica. Hay fuegos en varios extremos del campamento. Se siente el ruido de balas de goma y granadas y fuegos artificiales estrellándose contra los cascos negros de los antidisturbios. De lejos parece que se estuviese festejando un incendio, pero de cerca se ven volar adoquines del tamaño de un diccionario mientras la gente canta el himno nacional.

De espaldas a la dantesca escena, Yuri frota una pala contra la esquina de un edificio de la calle Jrechatik. Tiene 26 años y no ha encontrado nada más digno para combatir que ese pequeño utensilio de huerto, que, sin embargo, hace un ruido como el de una espada al rasgar el muro.

"Claro que estuve anoche [por el martes] ahí en la plaza, es duro ver a gente muerta y también es triste ver cómo estamos destruyendo poco a poco un espacio tan bonito, pero es lo que nos toca si no queremos que nos barran", explica mientras muestra al reportero el filo de su...

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