Trump ataca al régimen sirio y tensa más la relación con Rusia

 
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WASHINGTON.- Tras más de seis años de guerra civil, Estados Unidos atacó por primera vez al régimen de Bashar al-Assad en Siria con un bombardeo de 59 misiles Tomahawk a la base militar donde se originó el último ataque con armas químicas del gobierno, un giro en la política exterior de Donald Trump que tensó el vínculo con Moscú.

El ataque desde buques de guerra en el Mediterráneo, la primera intervención militar extranjera contra Al-Assad, provocó una fuerte condena de Rusia y de Irán, aliados de Siria, que calificó el bombardeo de "irresponsable e idiota". Israel, Turquía y las potencias europeas respaldaron la decisión de Trump.

Al anunciar el bombardeo desde su residencia de Mar-a-Lago, en Palm Beach, donde recibió al presidente chino, Xi Jinping, Trump llamó "dictador" a Al-Assad, y lo acusó de haber utilizado un agente nervioso mortal -gas sarín, según el gobierno estadounidense- en el ataque de Idlib que "sofocó las vidas de hombres, mujeres y niños indefensos".

"Años de intentos previos por cambiar el comportamiento de Al-Assad han fracasado... Fue una muerte brutal y lenta para tantos. Incluso bebes hermosos fueron cruelmente asesinados en este ataque barbárico. Ningún hijo de Dios debería sufrir jamás este horror", dijo el presidente.

Tras el ataque, el gobierno de Vladimir Putin suspendió el memorándum de cooperación militar con Estados Unidos en Siria para compartir información en la lucha contra Estado Islámico (EI), y envió una fragata con misiles hacia su base militar de Tartús, en la costa siria.

El Kremlin calificó el bombardeo como una "flagrante y obvia violación del derecho internacional", un "acto de agresión contra una Siria soberana", y una "amenaza a la seguridad internacional". Además, acusó a la Casa Blanca de "distorsionar" los hechos del ataque químico en Idlib para justificar su bombardeo.

Trump, sus asesores y sus jefes militares gestaron en 72 horas la operación militar que marcó un giro de 180 grados en la política exterior de la Casa Blanca y alteró la ecuación geopolítica en Medio Oriente, una decisión arriesgada que puede torcer el rumbo de su joven presidencia y de la región.

Con su orden, Trump sacudió además el pilar que había guiado cada una de las decisiones de su gobierno, "Estados Unidos, primero", y dañó su relación con Putin, aliado y escudo de Al-Assad, en medio de las sospechas que pesan sobre la Casa Blanca por el Rusiagate, la cercanía de allegados de Trump con Rusia durante la campaña.

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