Travesuras animales de ayer y de hoy

 
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Muchas veces la sobrevalorada relación entre el hombre y la naturaleza, tan proclamada por la poesía universal desde la antigüedad, se vuelve tensa y pierde su halo de romanticismo cuando, por ejemplo, los noticieros informan, como lo hicieron hace unas semanas, que andaba rondando un puma por Vicente López y que una pitón, de varios metros, fue vista por algunos testigos de una zona cercana a Escobar. Se sabe también que en otras partes del país, jaurías de perros se pasean como un vecino más en zona urbanas y suburbanas, y adueñados de parajes anónimos. Esta intrusión que los animales salvajes cometen en el hábitat humano -tal vez por desorientación, curiosidad o hambre- provoca la mayoría de las veces situaciones contradictorias e improbables y no solamente en nuestro suelo, también ocurren en otras tierras.Por citar un ejemplo, en la primavera de 1965, en Berkeley, Estados Unidos, unos caimanes de gran tamaño se paseaban por las cloacas de Nueva York y meses después la policía encontró un jabalí desorientado en el corazón de Central Park. Lo confirma Richard M. Dorson en su libro Historia legendaria de los Estados Unidos : "Parece que alguna gente que había pasado las vacaciones en Miami, al regresar de nuevo a Nueva York trajeron crías de caimán como presente para sus niños. Cuanto más crecían los caimanes, menos apropiados parecían como compañeros de sus juegos, y sus propietarios los tiraron inmediatamente por el water closet". Se dijo también que una pitón se hallaba en las tuberías de un gran edificio neoyorquino casi del mismo tamaño que la que encontraron en Escobar. Lo que hoy son cucarachas mañana podrán ser tigres, sería la conclusión pesimista. Pero con otro espíritu, anécdotas con perros, caballos, leonas, ñandús, papagayos y otros animalitos pueden ser ideales para la sobremesa.Detrás de un cachorro, por pequeño, travieso y ladrador que sea, existe siempre una historia.María Magdalena Cortés, de 72 años, iba por las calles porteñas, agobiada por el ruido y la tensión ciudadana, casi convencida de mudarse a un lugar más tranquilo y menos agresivo que la Capital. "Caminaba por la calle Junín y, al llegar a Paraguay, vi a una señora que paseaba un perro bastante viejo que caminaba con gran dificultad y que se detenía cada dos o tres metros para descansar y recuperar aliento. Vi también que la gente que caminaba por la misma calle miraba al pobre perro, medio ciego y con el pelo color caramelo descolorido, y se paraba para hacerle alguna...

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