Tratamiento a las desigualdades de género en la legislación cubana

Autor:Enrique del Prado Rodríguez.
Cargo:Licenciado en Derecho por la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba. Profesor de Derecho de Sucesiones y Derecho Económico en la Sede Universitaria de Bayamo. Universidad de Granma. Republica de Cuba.
RESUMEN

El presente trabajo aborda el tratamiento de género que recibe en la legislación laboral cubana actual el acceso, elección y permanencia de la mujer en el empleo. Sin ánimo de ser absoluto, considero que en un tema tan polémico como lo es el tratamiento a las desigualdades de género en un mundo tan desigual, Cuba puede exhibir con orgullo sólidos avances en los ámbitos económico, político, social y también en el entorno laboral, tan indisolublemente ligado como factor potenciador a esos... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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Introduccion:

El presente trabajo: “Tratamiento a las desigualdades de género por la legislación laboral cubana”, tiene por finalidad hacer un breve periplo por las sendas a través de las cuales discurre el tratamiento legal en el ámbito laboral, a las cuestiones relacionadas con las desigualdades de género en la actualidad cubana.

Factores de los más diversos tipos han incidido en este “status quo” que convenientemente se erigieron los hombres en el devenir histórico. Religiones, cultura y sociedad han sido durante épocas milenarias instrumentos de dominación y aberrante discriminación para la mujer, excluida del derecho a participar activamente en el desarrollo social, económico, en el quehacer político, en su propia construcción y crecimiento espiritual; predestinada a asumir una función reproductora, un rol doméstico; subyugada al poder económico detentado de modo casi exclusivo por el hombre en una sociedad que se ha distinguido por su carácter patriarcal, en la que el derecho al trabajo tenía un marcado contenido no solo clasista sino también sexista, que lo convertía en privilegio casi privativo del hombre e instrumento de sometimiento económico y exclusión para la mujer; enmarcado en un ordenamiento jurídico desprovisto de los más rudimentarios mecanismos de protección al derecho de la mujer a un trabajo remunerado y digno, a su participación en todos los procesos de la vida social; no solamente como expresión de respeto a ese derecho, sino también como espacio para el cumplimiento del deber social que entraña.

En Cuba, sin que podamos sostener de manera absoluta que se ha alcanzado una situación de total igualdad en cuanto al tratamiento legal de los problemas de género en el ámbito laboral, ha existido desde los primeros momentos del triunfo de la Revolución una voluntad política dirigida a eliminar toda forma de desigualdad, violencia o tratamiento discriminatorio hacia el absurdamente denominado “sexo débil”; ello ha determinado que a lo largo de todos estos años se haya llevado a cabo una labor consciente para desarraigar, primero en el ámbito social, y, después en el familiar, conceptos estereotipados del rol que corresponde asumir al hombre y a la mujer, profundamente fijados en la conciencia nacional por siglos de dominación masculina marcados por la dicotomía de la desigualdad inferiorizadora de lo femenino.

Al discurrir sobre el tema, perseguimos el objetivo de demostrar el distanciamiento que existe entre la situación de facto que en nuestro país motiva la adopción de medidas especiales encaminadas a establecer un estado de igualdad plena entre el hombre y la mujer en el tema del derecho al trabajo, y lo que al respecto está regulado en la legislación laboral vigente.

Las investigaciones que abordan una problemática desde un punto de vista general corren el peligro de convertirse en una simple exposición de problemas; por ello, pretendo lograr que mi labor se centre en una reflexión crítica sobre el tema que propongo, en la que además de ofrecer esa visión global del problema, estén presentes las necesarias soluciones a las dificultades que me parecen más importantes.

Las motivaciones que me condujeron a incursionar sobre el tema que propongo son, principalmente, la necesidad de lograr una armónica coherencia entre la letra de la ley y la praxis en materia de tratamiento a la igualdad de derecho al empleo del hombre y la mujer, a fin de superar el evidente distanciamiento que hoy acusa la norma con relación al disfrute efectivo de ese derecho en nuestra realidad cotidiana.

Los métodos utilizados son el teórico-jurídico; el análisis histórico jurídico- comparado y la revisión bibliográfica que resultó la técnica de obtención de información mayormente utilizada.

Desarrollo:
2. 1 Breves apuntes sobre el tema de género en Cuba

Enunciar un concepto de género en el momento actual no es tarea fácil, pues muchos son los estudiosos del tema que formulan construcciones teóricas desde los más diversos puntos de vista, pero lo que si no deja lugar a dudas, es que de una u otra manera todos coinciden en identificar su esencia con la red de creencias, rasgos, actitudes, sentimientos, valores, conductas y actividades que diferencian a las mujeres y a los hombres, como producto de un proceso histórico de construcción social.

Resulta apropiado resaltar, que cuando hablamos de género nos referimos a una construcción social e histórica producto de la cultura, pues esta determina en cada sociedad y en cada época histórica, la asignación de roles que corresponden a cada uno de los sexos, estableciendo como norma los atributos adecuados al hombre y a la mujer. De esta manera se conforma un sistema de exigencias sociales que el ser humano aprende, incorpora y cumple a raíz de la influencia del proceso de socialización, referido este a los símbolos de una cultura dada, a los conceptos normativos que esta posee, a factores institucionales y representaciones sociales que moldean la subjetividad de los hombres y mujeres, y que se basan en las relaciones de poder.

La asignación genérica se ha diseñado en la moral de los cubanos, y se ha ido construyendo con el paso de los años. Los finales del siglo XVIII y principios del XIX, constituyen un periodo fundamental en la conformación de la sexualidad cubana. Según Abel Sierra Madero, en estos años aparecen ciertos discursos que desde una sociopolítica sexual, están encaminados a ofrecer algunas propuestas teóricas relacionadas con el diseño de la nación. Alega el historiador, que en aquella época, se comienzan a elaborar modelos encaminados a la fabricación de sujetos con determinados valores y paradigmas de comportamiento socio-sexual, generados primeramente a nivel individual, que a través de los procesos de socialización y sociabilidad circulan y se reproducen a nivel macro y están acordes con las bases y presupuestos de la sociedad que se intentaba crear. Se piensa, refiere además, en los esquemas que conforman y constituyen la sexualidad. Se comienza a conformar la nación sexuada del siglo XIX; una nación que garantizara a través de un conjunto de relaciones y representaciones simbólicas, su estabilidad y reproducción social.

La intervención norteamericana en Cuba en el año 1898, preparó los nuevos esquemas de poder, la flamante nación continental con su vocación de protagonizar las luchas por las riquezas, el poder, el prestigio, marcó y detentó una identidad imperial a la cual Dios le había dado la misión de civilizar, de expandirse y modernizar a los pueblos pobres e inferiores. Debían convertirse en los líderes intelectuales y morales al propagar entonces la creencia de que los Estados Unidos de Norteamérica, en virtud de su virilidad, dinamismo y novedad, era el heredero legítimo del poder y la sabiduría de Occidente. Delimitó las jerarquías desde la posición de superioridad, al imponerlo en su proyecto imperial de intervenciones militares bajo la retórica de la democracia y desarrollo, estrenándolo en Cuba.

Estados Unidos se convierte en un pueblo dirigido por la raza anglosajona, supuestamente la expresión más elevada de la civilización occidental, atribuyéndose una definición hegemónica de masculinidad, blanco, urbano, heterosexual, protestante, con educación universitaria, pero lo más valorado en este prospecto de masculinidad, era el poder, el prestigio, la libertad personal que da la riqueza y la posición económica. Con el desarrollo industrialista a partir de 1900, al convertirse en uno de los países del núcleo dominante se impone de nuevo la idea manifiesta que el lugar por excelencia de la mujer es el hogar. Proyectó una imagen hegemónica, si la entendemos como lo opuesto a la manera en que un grupo, el que impone la imagen, concibe la estructuración social.

Al imponerse con la intervención, Estado Unidos reprodujo el dominio del criollo blanco urbano sobre el resto de la población, subestimó las jerarquías etno-raciales y de género que se estructuraron con la guerra por ser el Ejército Libertador multirracial.

Las ideas de masculinidad sobre como es y como debe comportarse el hombre, los discursos acerca del tipo de relaciones que el hombre debe tener con la mujer, los hijos y la relación con otros hombres. En ellos, se sintetizó la matriz de este poder que converge en la dominación sobre las múltiples dimensiones de la vida social, tanto la económica, sexual o de género, las cuales se multiplican a su vez en las organizaciones políticas, estructuras de pensamiento, instituciones estatales y en la vida familiar. Asumieron la hegemonía en las relaciones políticas, económicas y culturales con los negros y las mujeres al situarlos en la posición de subalternos, así se mantuvieron la continuidad histórica del poder, las jerarquías de género y de razas heredados del colonialismo europeo.

La ocupación norteamericana trazó muy bien su política de neocolonización, aparte de fomentar la inversión en el capital cubano decidió reorganizar el sistema escolar. Impulsa la escolaridad sobre todo bajo la mentalidad de que el trabajo de oficina, la enfermería y la enseñanza eran ocupaciones netamente femeninas. Bajo este prospecto en la República se incrementa el trabajo de las mujeres como maestras.

En cuanto al criterio sobre las escuelas femeninas, que se suponían debían estar a la altura de sus ideales de expansión y dominio, se sugiere que por “el nuevo espíritu demandado por la reforma progresiva de la enseñanza pública”, convenía que se admitieran exclusivamente “señoritas” para la dirección de las escuelas de niñas y que se excluyeran las señoras casadas y viudas, y aunque no se explica, también debían estar excluidas las madres solteras, quizás bajo el criterio de que para ejercer no debía tener responsabilidades...

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