Transnacionalización empresaria y nuevas formas de trabajo

Autor:Alberto Chartzman Birenbaum.
RESUMEN

El presente trabajo involucra el estudio de cómo la nueva realidad económica global ha impactado en las relaciones laborales. En este sentido, podemos convenir que la tan mentada globalización económica y la revolución tecnológica, provocaron transformaciones en los modos de organizarse de las empresas, que apuntan a una mayor especialización y descentralización en sus procesos productivos, lo... (ver resumen completo)

 
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No cabe dudas, que el fenómeno global ha generado consecuencias en el derecho del trabajo. Aquel orden protectorio, perfeccionado luego de la segunda guerra mundial en virtud del movimiento conocido como constitucionalismo social, destinado a atenuar la hiposuficiencia de las personas que colocan su fuerza de trabajo de modo habitual bajo la órbita de un empleador, a cambio de una remuneración, se vio deteriorado y atenuado por medidas innovativas.

Hemos referenciado el impacto de innovación tecnológica, y debemos agregar que esta corriente vino acompañada de un apreciable cambio en el funcionamiento de las empresas, ya que se responde al modelo de inventiva permanente, rotación sin puestos fijos y polifuncionalidad, retribución de acuerdo a la productividad personal, dejando de lado el peso de la experiencia y la antigüedad como armas fundamentales de conservación del empleo.

Algunos autores como Marienhoffi, explican la asistencia de un proceso de toyotización del mercado de trabajo, por oposición al modelo del fordismo vigente durante la mayor parte del siglo XX. “Por un lado, el modelo fordista consistía en la existencia de un número importante de trabajadores en la planta principal de la empresa- “núcleo duro”, y rara vez se recurría a obreros externos a ese núcleo ; mientras que el nuevo modelo, contrariamente, utiliza una dotación reducida, estable, con vinculación directa con la empresa, recurriendo a la llamada tercerización o subcontratación de diferentes servicios, creándose así un segundo grupo de trabajadores, con una relación de trabajo precaria, rotativa e inestable, con movilidad funcional. En este último grupo, señala Marienhoff, ya no se produce un lazo entre los trabajadores de un establecimiento, sino que existe un vínculo de naturaleza interempresarial, enmarcado en las denominadas “ nuevas formas de contratación”, como el franchising, el contrato de licencia, de distribución, entre otros.

En dicho contexto, Ermida Uriarteii nos habla de un modelo de relaciones laborales, al que califica como “pos moderno”, señalando como características fundamentrales: el descentramiento del trabajo (aumento del desempleo y exclusión social); segmentación de servicios, tendencia a la privatización del derecho laboral- corrimiento en la esfera contractual hacia figuras del derecho civil o comercial . . Nuevas tendencias como el teletrabajo, posibilitado por la expansión de las telecomunicaciones y la informática, desdibujando la concepción clásica de la dependencia laboral.

Interesa observar el Informe presentado por la Dra. Beatríz del Carmen Pacín- Vicepresidente de la Comisión de Estudio de la problemática de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el marco del Plan Estratégico para la Ciudad, cuando señala: El "Nuevo Orden Mundial", caracterizado por el fenómeno de globalización de los procesos económicos y la integración de países en bloques, han producido transformaciones económicas, tecnológicas, culturales, políticas y sociales en todo el mundo. Por ello este trabajo que proponemos en este panel, trata de estudiar cómo este fenómeno de la globalización de los mercados desvanece las fronteras nacionales y refuerza la imagen de las Ciudades. Debido al incremento de las interrelaciones y los flujos de información, las ciudades se convierten en nodos de redes mundiales. La creciente competitividad internacional y la posición geográfica de un territorio pueden ofrecer importantes ventajas competitivas.

Hoy, las naciones compiten más por la obtención de los medios necesarios para la creación de riqueza que por el control político de los estados. Este cambio trajo aparejado la transnacionalización de las empresas, el aumento de la interdependencia global, el desarrollo de bloques regionales, etc.

La globalización implica un salto cuántico, que conlleva el rechazo de actitudes dogmáticas, y llama a la reflexión; esta reflexión no debe ser meramente intelectual sino que debe corregir males concretos en lugar de obtener beneficios abstractos. El nuevo modelo introduce redefiniciones a partir de identificar las múltiples causas que afectan los espacios de producción, trabajo, consumo. También implica la necesidad de contar con nuevos conceptos teóricos en materia geopolítica espacial y económica, así como la articulación entre la sociedad y economía, tecnología y cultura a partir del reforzamiento de la sociedad local y sus instituciones políticas.

En el marco planetario del fenómeno bajo análisis, asistimos al desconcierto en que se encuentran hoy gran parte de los países del mundo, y ello deviene de la falta de objetivos, de la carencia de un plan integrador que defina el perfil del país y que determine las acciones necesarias para alcanzar el desarrollo, el empleo, la inversión.

Los procesos se aceleran cuando se carece de estrategias de aprovechamiento integral de los recursos naturales e innovación tecnológica, de creación de valor agregado , de creación de puestos de trabajo.

Nos ocuparemos de señalar que la nueva fase del capitalismo mundial significó un cambio de paradigma caracterizado a partir de entonces por la mundialización y financiarización de la economía y, con ello, la fragmentación de los procesos productivos y la centralización de un número creciente de actividades económicas. En este contexto las empresas y gobiernos de los países centrales así como también los organismos financieros internacionales exigieron, casi siempre con éxito, la eliminación de las regulaciones nacionales que limitaban los movimientos del capital transnacional. En América Latina los resultados de este proceso se manifestaron a partir de los años ochenta cuando la mayoría de los gobiernos de la región abrieron sus cuentas de capitales e impulsaron sucesivos planes de ajuste fiscal en respuesta a la llamada crisis de la deuda. Estas medidas de estabilización económica se fundaron en un radical cuestionamiento del papel regulador que el estado había desempeñado en el período precedente, caracterizado por la industrialización sustitutiva de importaciones y la expansión del sector público. Estas transformaciones se profundizaron en los años noventa con la aplicación de políticas inspiradas en el consenso de Washington y dirigidas a la apertura de los mercados, la desregulación de las actividades económicas, la liberalización financiera y la privatización de las empresas públicas. La adopción de estas iniciativas supuso -en mayor o menor medida y a diferencia de otras regiones de la periferia- el abandono de una estrategia coherente de industrialización.

No obstante las reiteradas promesas de crecimiento y desarrollo, los impactos sociales y económicos de las políticas neoliberales de reestructuración económica fueron profundamente regresivos. El fin del siglo estuvo signado por el estancamiento o bien el crecimiento económico débil, el incremento del déficit fiscal y de la concentración económica, la oligopolización y transnacionalización de las economías, la desindustrialización o bien el debilitamiento de las industrias manufactureras, la consolidación de patrones de especialización exportadora que fluctúan entre la reprimarización o el armado de partes, el crecimiento de los sectores terciarios y de servicios y, muy especialmente, la reorganización de los mercados de trabajo, la masiva destrucción del empleo tanto en las industrias como en el sector primario y la precarización de las relaciones laborales.

Entre las consecuencias más evidentes que este proceso ha tenido sobre la situación del mundo del trabajo en América Latina y el Caribe se encuentran las elevadas y persistentes tasas de desempleo y subempleo -en particular, el inédito crecimiento de la tasa desocupación urbana abierta-, la disminución de la participación relativa de la clase obrera industrial tradicional en el sector formal de la economía, la precarización del trabajo asalariado por la vía de la tercerización, la subcontratación o la contratación temporaria o parcial sin garantías de estabilidad y por fuera de las protecciones sociales reguladas por la legislación laboral y el incremento de la informalidad y del trabajo no registrado.

Debemos comprender que estamos asistiendo a una fase de creciente integración de las economías mundiales, resultante del desarrollo simultáneo de dos procesos: la internalización de las economías nacionales y la transnacionalización de las empresas. Las sociedades contemporáneas nos enfrentamos al dilema de encontrar el punto de equilibrio entre la homogeneización que produce esta noción de “aldea global” (Mc Luhan) y la necesidad de preservar la identidad. Esta incertidumbre de como conciliar lo nacional y lo universal es la que reclama una mayor capacidad de reflexión de toda la sociedad y, en particular, de los educadores. La educación hoy, como hecho fundamentalmente comunicativo, exige el rescate de los valores humanos, la integración social, el intercambio de las visiones que los distintos actores tienen sobre el mundo. Demanda la necesidad de: replantearnos quiénes son los otros, los semejantes, los próximos; desentrañar la imagen que de nosotros tenemos y la forma en que queremos ser vistos.

También enfocaremos el tema de la naturaleza y significado del trabajo humano, abordándolo como una actividad específicamente humana, enriqueciendo su significado a partir de la corriente teórica de psicodinámica del trabajo e indagando acerca de su papel en la construcción de la identidad de los trabajadores, en un intento de...

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