La transición y los últimos manotazos de Cristina Kirchner

 
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Una histórica foto que data de mediados del convulsionado año 1989 mostraba al entonces presidente Raúl Alfonsín y al mandatario electo Carlos Menem, de espaldas, caminando juntos por los jardines de la residencia de Olivos. Aquel testimonio, símbolo de convivencia democrática y cooperación política en momentos de una difícil transición, fue extrañado en la noche del martes pasado, cuando por primera vez después del ballottage que le dio el triunfo a Mauricio Macri, éste fue recibido en la quinta presidencial por Cristina Fernández de Kirchner.

Alfonsín había convocado a su sucesor para proponerle el adelanto de la transmisión del mando. Dado que la entrega del poder se anticipó del 10 de diciembre al 8 de julio de 1989 y que el justicialismo no iba a contar por cinco meses con las mayorías parlamentarias resultantes de las elecciones celebradas en mayo, los presidentes del PJ y la UCR y las autoridades legislativas de ambas fuerzas políticas se comprometieron a la sanción sin demora de todo proyecto de ley sobre temas económicos y sociales que Menem remitiera al Congreso y contara con el respaldo de los bloques oficialistas hasta que se produjera, en diciembre, la renovación parcial de las cámaras parlamentarias. Tales compromisos fueron cumplidos estrictamente y constituyeron una manifestación ejemplar de respeto por la palabra empeñada, así como una señal de madurez política y cívica digna de ser tenida en cuenta en estos días.

La mezquindad exhibida por la actual jefa del Estado en su fugaz encuentro con Macri, del que ni siquiera quedó un registro fotográfico, y su actitud reticente a colaborar en la transición fueron cediendo a medida que quedaron en evidencia ante la opinión pública y comenzó a advertirse cierto aislamiento de la Presidenta hasta dentro de su propio gabinete.

No pocos fantasmas comenzaron a sobrevolar la memoria de los argentinos. Desde una recordada frase de Máximo Kirchner -"entregaremos el gobierno, pero no el poder"- hasta la extendida creencia de que el que gana gobierna y el que pierde ayuda, a excepción del peronismo, que cuando pierde no ayuda sino que conspira.

Los temores sobre la actitud obstruccionista del kirchnerismo frente al nuevo gobierno se agigantan por tres desafíos que se encarga de plantear la historia política argentina.

La nueva fuerza política gobernante contará con apenas 15 senadores sobre un total de 72 y con 91 diputados sobre 357. ¿Podrá un presidente como Macri gobernar sin mayoría en...

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