La trampa de la abstención

Así se verán las mesas electorales porteñas el 13 de agosto, con dos urnas para la elección concurrente, la máquina de votación y el cuarto oscuro móvil

En estas horas, se le ha puesto mucha atención a las elecciones en la provincia de Chubut, que están llenas de significado porque entrañan varios mensajes también para la escena nacional. Ganó allí Ignacio Torres, un militante del Pro con muchas relaciones en la cúpula, como se vio en las escenas del festejo, tantas que muchos se atribuyen su paternidad. Aunque Torres es de origen peronista. Hay un dato interesante: si uno mira el personal de la política, sobre todo en determinada generación, como la de Torres, que es alguien joven, el Pro le ha servido de canal de avenida para hacer una carrera a mucha gente del peronismo que encontró en el PJ una especie de bloqueo. Esto abre una incógnita o un debate respecto de cuál fue el papel del kirchnerismo, y sobre todo de La Cámpora, en estos años, y si no representó una suerte de cepo que obligó a muchos jóvenes peronistas, que no se sienten identificados enteramente con las ideas del kirchnerismo, a buscar otro canal para hacer política.

Torres pertenece a un grupo político bastante variado en el que se encontraban hace algunos años a Eugenio Begue, que hoy es un peronista clásico, clave al lado de Juan Grabois; Martín Yeza, intendente de Pinamar; Juan Manazzoni, también peronista, candidato a Intendente de Tandil y ligado a Horacio Rodríguez Larreta; Marianela Blangini, santafesina candidata a diputada provincial con Omar Perotti. Este grupo viene de la misma historia, se iniciaron en la política estudiando en Buenos Aires y terminaron ubicándose en distintos lugares para hacer una carrera fuera del kirchnerismo. Este es un claro signo de la vida partidaria en el PJ.

Un segundo dato que aporta Chubut a lo que parece ser una tendencia es que en el próximo período presidencial -esto es importante cualquiera sea el presidente o el signo político del nuevo gobierno nacional- el panorama federal va a ser muy distintos del que le tocó, por ejemplo, enfrentar a Mauricio Macri. No podríamos decir que Cuyo no es más peronista porque algunos de los que ganaron vienen, como Torres, del peronismo, pero no es más del PJ y menos del kirchnerismo. En Cuyo además hay una ratificación del liderado por Alfredo Cornejo en Mendoza. Pero en San Luis y en San Juan ha habido un cambio político. Y cuidado, porque ahí se eligen senadores nacionales. En Cuyo puede estar la llave de una gran novedad que sería que por primera vez desde 1983, el PJ pierda la mayoría del Senado. Hablamos de dos cambios entonces, ligados entre sí. El frente federal se vuelve más variado ya que Juntos por el Cambio (JxC) retuvo Jujuy, porque Córdoba sigue siendo de un peronismo no alineado, porque en Santa Fe parece que el PJ pierde y está amenazado tanto en Chaco como en Entre Ríos. Empieza a haber un descongelamiento de lo que parecía un bloque monolítico y federal para cualquier gobierno sobre todo no peronista. Esto está cambiando.

Horacio Rodríguez Larreta durante la conferencia de Juntos por el Cambio

Otro cambio, que plantea una gran cantidad de dilemas y un estado delicado de la democracia en términos generales, reside en la abstención. Torres ganó por 35,71% de los votos. Su rival principal, que es el representante del oficialismo chubutense, de un mal gobierno del gobernador Mariano Arcioni, Juan Pablo Luque, saca 34,11%. Prácticamente, un empate. Si miramos la abstención y le sumamos los votos impugnados, y sobre todo el voto en blanco, ahí tenemos un conjunto de 41,21% de electores. Es más de 35,71%. Quiere decir que el primer grupo en la elección de Chubut es de los que le quitan de un modo u otro el cuerpo al sistema, de los que rechazan por completo el menú. Esto es un desafío para la clase política y sobre todo para la oposición. Quiere decir que aquel que está descontento con el oficialismo, en vez de votar a la oposición, deja de votar o vota en blanco. Seguramente es un desafío para Torres.

Elecciones en Chubut. Ignacio Torres es el nuevo gobernador electo y anuncia su victoria junto a Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich.

Parece que estuviéramos en un país que, por fuera de la ley, pasa del voto obligatorio al voto voluntario, lo cual plantea una cantidad de problemas para los pronósticos electorales y las estrategias de los candidatos. La Argentina se está volviendo un país con otro sistema electoral de hecho, más que nada en las primarias. Esto es sumamente relevante porque deja entrever un enorme nivel de desencanto. Recuerdo una conversación que tuvo lugar por el mes de agosto del 2020, en la que un analista de opinión pública me dijo: "Estoy viendo un número raro, que me llama la atención. Hay un 78% de pesimismo. Hay un 78% de encuestados que dicen que este año la están pasando mal y que el año que viene va a ser peor". Esa masa de pesimismo después se expresó en el desencanto electoral, con niveles de abstención que siguen acumulándose. Es un fenómeno no solamente intenso sino que también es duradero. Es muy probable que haya una relación directa, como hay en tantas otras democracias, entre nivel de representación, y las prestaciones económicas del sistema. Es decir, hay un nivel de desencanto y desapego que está motivado principalmente por un largo y continuo malestar económico. Por ende, para salir de este momento de desencanto, rehabilitar la democracia y reponer el vínculo saludable entre la sociedad y la política, haría falta un saneamiento económico, salir del colapso de la economía, empezar a crecer, derrotar la inflación, cumplir con esa agenda pendiente.

¿Cuál es el núcleo del problema? Para salir de la encerrona económica y, por lo tanto, devolverle vitalidad a la democracia y que la gente sienta que está incluida en el sistema, porque vive mejor y la realidad no se le vuelve amenazante, se necesitan reformas económicas. Y para eso se necesita legitimidad, consenso y un liderazgo habilitado políticamente, alguien a quien la gente apueste y crea. Con estos niveles de abstención, daría la impresión de que ese liderazgo está lejos, es brumoso, no estamos seguros de que lo vamos a tener. Por lo tanto, no estamos seguros de que haya la potencia política que se necesita para...

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