La tragedia de la venganza

 
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Elektra / Música: Richard Strauss / Libreto: de Hugo von Hofmannsthal / Elenco: Linda Watson (Elektra), Iris Vermillion (Clitemnestra), Manuela Uhl (Crisótemis), Hernán Iturralde (Orestes), Enrique Folger (Egisto) y otros / Régie: Pedro Pablo García Caffi / Dirección: Roberto Paternostro / Coro y orquesta: Estables del Teatro Colón / Función: gran abono / Próximas funciones: mañana, a las 17, y el martes a las 20.30.

Nuestra Opinión: Muy Buena

Un muy conocido régisseur manifestó, en cierta oportunidad, que no había tenido la ocasión de concretar una puesta de Elektra, pero que tampoco lo afligía demasiado esa situación porque, más allá de los aciertos escénicos que pudiera poner en práctica, esta ópera funciona bien sólo y únicamente si se tienen tres cantantes femeninas de excelencia. El hecho es que el elenco de esta Elektra que comenzó el martes del diluvio en el Colón tenía, según sus antecedentes, dos sopranos excepcionales y una mezzosoprano de igual calidad, pero, en realidad, sólo una de ellas alcanzó esos niveles de gran magnificencia tan requeridos y no fueron, como era de esperarse, las dos más experimentadas, Watson y Vermillion, sino la sorprendente Manuela Uhl. Y por alrededor de ellas, la puesta de Pedro Pablo García Caffi sólo se redujo a ser apenas una especie de marco continente, muy estático y sin sorpresas.

Apenas superado el célebre comienzo de la ópera, con el leitmotiv de Agamenón, el rey asesinado, a cargo de la orquesta, se abre el telón y sobre el escenario aparecen, imponentes, unas gigantescas y largas columnas cónicas truncadas, algunas verticales, otras inclinadas como si estuvieran en un proceso de derrumbe. Por delante, ubicados a algunos metros del proscenio, como si fueran un cúmulo de rocas, se establecen tres amplios pedestales desde donde, mayormente, cantan sus parlamentos cada uno de los personajes centrales de la trama. De principio a fin, salvo algunos cambios de luces, todo permanecerá igual. Por lo tanto, la acción teatral se reduce casi exclusivamente a los desplazamientos de los cantantes y a sus capacidades actorales. En ambos casos, nada salió de lo rutinario, con accesos y salidas reiterados, y con esas gestualidades tan habituales a las cuales recurren los cantantes cuando no ha habido una correcta dirección actoral.

La leyenda reitera que, antes del estreno de Elektra, en 1909, Strauss, mordaz y riguroso, pedía a la orquesta que tocara más fuerte porque todavía...

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