Todo por retener algo de poder

 
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El país político tiene dos escenarios, no sólo el que protagoniza con pertinacia, para su bien o para su mal, Cristina Kirchner. Ella no está en el otro espacio, que es el proceso electoral y que empieza a registrar novedades importantes. No obstante, cabe la certeza de que la política oscilará en los próximos meses entre ambos escenarios, al menos hasta el 8 de agosto, cuando se haga, mediante las PASO, el "primer turno" de las elecciones presidenciales. Una de las estrategias de Cristina es, justamente, para eclipsar el futuro sin poder que la aguarda.

También, para retener los márgenes más amplios posibles de control político hasta que se cumplan los plazos electorales.

Anda, por eso, entre Facebook, donde canaliza sus consideraciones más ocurrentes, y la inexplicable insistencia en la cadena nacional para decir siempre lo mismo. Esa desesperación por ser parte de las noticias diarias la lleva a veces a patear la pelota contra su propio arco. Sucedió ayer cuando denunció a Antonio Stiuso, el ex mandamás de los servicios de inteligencia kirchneristas, por contrabando agravado. Es decir, por usar su enorme poder dentro del Estado para hacer negocios personales. Nada nuevo en los últimos veinte años.

A pesar de todo, esa denuncia contra Stiuso podría ser también una advertencia al viejo espía. Ayer se supo que Stiuso le aseguró a , que investiga la , que el Gobierno estaba al tanto de las escuchas telefónicas que respaldaron la denuncia del fiscal contra el Gobierno por encubrimiento de terroristas. ¿Cómo no lo iba a saber si las grabaciones telefónicas las hacía, y las hace, la SIDE, que manejaba el propio Stiuso? El mensaje del cristinismo parece claro: lo perseguirán los jueces al antiguo jerarca de los servicios de inteligencia si siguiera dando rienda suelta a su lengua llena de secretos.

Es probable que Stiuso haya cometido el delito de contrabando y muchas cosas peores, pero Cristina Kirchner se olvidó de los cómplices necesarios de Stiuso, el ex jefe de la ex SIDE Héctor Icazuriaga y su ex número dos, Francisco "Paco" Larcher. Si Stiuso pudo usar el poder del Estado para contrabandear, fue porque Icazuriaga y Larcher, sus entonces jefes, se lo permitieron. Éstos eran los jefes políticos y administrativos del servicio de inteligencia. El problema de la Presidenta es que Icazuriaga y Larcher pertenecen a la pingüinera de Santa Cruz desde los albores del kirchnerismo. ¿Cómo culparlos a ellos sin culparse a sí misma?

Sin embargo, la...

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