Todo pasa, las estrellas siguen

Las estrellas de la televisión no funcionan con la misma lógica que las estrellas de cine. En principio no existe en la pantalla chica, como decía Edgar Morin hace más de medio siglo, la misma dimensión que en el caso del cine llegaba a provocar la desaparición misma de una película para permitir el encumbramiento de su figura principal. Desde esa visión no importa el argumento o la trama de un relato, sino la presencia fulgurante de su protagonista para que todo adquiera sentido. En vez de un anclaje preciso en la realidad lo que aparece en primer plano es la dimensión mítica, magnética, de esa figura central, capaz de atraer todas las miradas y desatar a su alrededor una ola de idealizaciones inmediatas.

La aplicación de estas categorías al terreno televisivo local es posible, pero también puede resultar engañosa. Muchísima gente se identifica de inmediato con todo lo que dicen nuestras grandes figuras televisivas y hasta llegan a reconocer en ellas cualidades casi heroicas. No hay dimensión mítica posible sin esta característica esencial. Hemos escuchado infinidad de veces la admiración popular hacia Susana Giménez ("porque dice lo que pensamos acerca de la inseguridad") o hacia Mirtha Legrand ("porque se anima a decirles la verdad en la cara a los políticos y a preguntarles sin complejos por qué han hecho esta cosa y no la otra").

Susana, Mirtha y Marcelo Tinelli son nuestras grandes estrellas televisivas. Lucen ese atributo desde hace varias décadas. Más que su presencia constante en los primeros planos deberíamos estudiar todavía más las razones de una vigencia extraordinaria, mucho más extendida de lo que suele ocurrir en casos similares en otras geografías y realidades.

Es cierto que en todas partes podríamos encontrar fenómenos comprobables de longevidad televisivas (la bandera la lleva el chileno Mario Kreutzberger, más conocido como Don Francisco), pero los tres casos locales llaman la atención por la persistencia de una serie de fórmulas televisivas que en todo momento se entrecruzan con la actualidad. Lejos de soslayarla, se alimentan constantemente de ella. Y si cada una de ellas logra trascender gracias al peso propio de su nombre, lo cierto es que solamente con ese recurso no podrían mantenerse en lo más alto durante demasiado tiempo. Necesitan mirar constantemente a los costados, observar lo que pasa y nutrirse a cada momento con el alimento que les provee la realidad.

Será por eso que la atracción de las estrellas de...

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