Todo lo que nadie ve: cuando lo invisible acecha

 
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Todo lo que nadie ve / Dramaturgia y dirección: Javier Rodríguez Cano / Intérpretes: Julián Fuentes y Lourdes Invierno / Dirección de arte: Gustavo Maggi / Realización de escenografía: Federico Falasco / Diseño de luces: Christian Gadea / Realización de objetos: Lorena Pavesi / Sala: Vera Vera (Vera 108) / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy bueno

"Fuera de vos no tengo nada", se oye decir a uno de los dos personajes que construyen esta pieza ni bien los espectadores se acomodan en sus butacas. Esa frase quedará suspendida en el aire y servirá, sin dudas, para generar el clima de opresión y necesidad que viven estos seres.

Las actuaciones rígidas de un comienzo se contraponen con las que vendrán después; es que se trata de un hijo y una madre encerrados que, cada tanto, para pasar el rato, recitan y actúan algunos pasajes teatrales. Por eso esa frase inicial que corresponde ni más ni menos que a La gaviota, de Chéjov, funcionará como una base ideal en donde se apoyará luego la trama. O más bien la relación de madre e hijo porque esta obra va a hacer foco en este crudo vínculo que se ha forjado más bien por debilidad.

Un hijo, una madre y una ausencia. El padre ha muerto y ellos, ahogados en un penar profundo, temen que algo le ocurra al otro y su mundo, entonces, se desvanezca. Así se aman, no desinteresadamente, sino por falta. Es que no se tienen más que a ellos mismos y esa carencia los inhabilita. Por eso, él la mantiene encerrada, una posible solución para que esté a salvo y entonces mantenerse a salvo a él mismo. El hijo sale, trabaja y vuelve a esa casa que los asfixia, pero los contiene.

La puesta muy cuidada...

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